Francia y la primavera árabe: una política oportunista - Barah Mikail

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Francia y la primavera árabe: una política oportunista - Barah Mikail
Nº110
OCTUBRE 2011   documento de trabajo

                Francia y
                la primavera
                árabe:
                una política
                oportunista
                                      Barah Mikail
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Documentos de trabajo
Los documentos de trabajo de FRIDE tratan de fomentar un debate más amplio sobre estas cuestiones y ofrecer con-
sideraciones pertinentes para las políticas públicas.
Francia y
la primavera
árabe:
una política
oportunista
          Barah Mikail
          es investigador senior en FRIDE
© Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE) 2011.
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ISSN: 2172-5845 (Impreso)
ISSN: 2172-5853 (Internet)
Depósito Legal: M-45716-2010
Contenido
Antes de las revueltas en Oriente Medio y el norte de África   3

La debacle de la Unión para el Mediterráneo                    5

Francia y la primavera árabe                                   6

¿Un cambio hacia el idealismo?                                 10

Por qué Francia no puede liderar unilateralmente               12

Conclusión                                                     14
FRANCIA Y LA PRIMAVERA ÁRABE:
UNA POLÍTICA OPORTUNISTA                      BARAH MIKAIL
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        Desde el comienzo de las revueltas populares en Oriente Medio y el norte de
        África, el presidente de francés, Nicolas Sarkozy, ha intentado posicionar a
su país como líder regional. En particular, el encabezar la intervención militar de la
OTAN en Libia ha representado un punto de inflexión en las políticas francesas en la
zona. Sin embargo, muchos ven con escepticismo ese intento de Francia de proyectarse
como defensor de una política exterior ética en Oriente Medio y el norte de África.
Se ha prestado mucha atención a su liderazgo aparentemente proactivo en respuesta a
la primavera árabe, pero de hecho, la naturaleza de la política francesa no ha cambia-
do mucho. Mientras que está claro que ha ayudado a impulsar algunas muy buenas
iniciativas en apoyo a la reforma árabe, la tendencia del presidente Sarkozy hacia el
oportunismo unilateral no es una buena señal para los que esperan un apoyo europeo
consistente y coherente hacia la primavera árabe.

La nueva política de Sarkozy, supuestamente basada en los valores, difiere mucho de
la anterior postura de su país hacia la región. En el norte de África, Francia ha apo-
yado a los regímenes autócratas con el fin de satisfacer sus intereses a corto plazo, sin
prestar atención a la democracia y los derechos humanos. París tardó en darse cuenta
del alcance de la primavera árabe, y cuando las manifestaciones se tornaron masivas
en Túnez en diciembre de 2010, se situó al lado del entonces presidente Ben Ali. A
continuación, apoyó a Hosni Mubarak cuando las protestas llegaron a las calles egip-            >>>
2       DOCUMENTO DE TRABAJO 110

    cias. Fue sólo tras la caída de este último que Francia cambió de rumbo y empezó a
    promover las operaciones militares en Libia, proclamando su objetivo de “proteger a
    los civiles libios”.1

    El Elíseo dice haber dado un giro cualitativo a su política exterior. Al presentarse como
    una “fuerza del bien” en el Mediterráneo, el país intenta recobrar el liderazgo regional
    que perdió hace mucho. Pero hasta el momento los cambios han sido muy superficiales
    y se han centrado más en el discurso que en objetivos concretos.

    Las acciones de Sarkozy reflejan una actitud oportunista y no una verdadera preocupa-
    ción por las cuestiones humanitarias. Tradicionalmente, ha mostrado estar dispuesto
    a colaborar con regímenes autócratas cuando éstos coincidían con los intereses de su
    país, pero no ha tardado en abandonarles cuando los acontecimientos y las demandas
    populares conllevaron cambios regionales a gran escala. Más recientemente, Sarkozy
    ha criticado al ex líder libio, Muamar el Gadafi, y a Bashar al-Assad de Siria, pero no
    ha hablado de Hamad bin Isa al-Khalifa de Bahréin o de los líderes semi autocráticos
    actualmente en el poder en Argelia y Marruecos.

    Asimismo, los esfuerzos unilaterales de Francia en Oriente Medio y el norte de África
    han puesto de relieve sus limitaciones, no sólo como actor bilateral en la región sino
    también como actor multilateral en la Unión Europea (UE). A pesar del éxito militar
    de la OTAN en Libia, es poco probable que la intención de Francia de aprovechar la
    oportunidad presentada por los acontecimientos en la zona para reafirmar su propia
    posición de liderazgo, tanto en Oriente Medio y el norte de África como en la UE,
    sirva los intereses de los países de la región o los de los Veintisiete.

    Mientras continúan las revueltas en el mundo árabe, Francia todavía tiene la oportuni-
    dad de desempeñar un papel de liderazgo más constructivo, que serviría para consoli-
    dar sus propios intereses y, a la vez, aumentar las capacidades de la Unión Europea. No
    obstante, es poco probable que Sarkozy encabece el muy necesario cambio de actitud
    hacia el multilateralismo constructivo; sus políticas en el Mediterráneo se caracterizan
    por una falta de coherencia ética, la primacía de los intereses comerciales y el deseo de
    restaurar el liderazgo francés en el Mediterráneo.

    1. Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (2011).
FRANCIA Y LA PRIMAVERA ÁRABE:
UNA POLÍTICA OPORTUNISTA                                                         BARAH MIKAIL
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Antes de las revueltas en
Oriente Medio y el norte de África

        A lo largo de la historia, la diplomacia francesa ha estado estrechamente ligada
        a los eventos en el mundo árabe. Más recientemente, el país ha mantenido su
posición de actor influyente en la región, mediante su participación en la guerra civil
libanesa que terminó en 1990 y en la guerra del Golfo de 1991, y dadas sus privilegia-
das relaciones económicas y políticas con muchos Estados árabes.

No obstante, Francia ya no lleva las riendas en el Mediterráneo. Mientras la lucha por
el poder se intensifica en la región, París intenta maximizar su influencia sobre cuestio-
nes estratégicas clave como el conflicto palestino-israelí, el conflicto en el Sáhara occi-
dental o la seguridad energética, a través de la explotación de sus conexiones políticas
con los países del Golfo, Argelia y Libia. La realpolitik es lo que dirige sus acciones en
el Mediterráneo.

Muchos en el mundo árabe vinculan la política francesa en la región a la personalidad
y la idiosincrasia del presidente. Cuando Sarkozy asumió el poder en 2007, muchos
creían que sus orígenes judíos, su actitud decididamente pro estadounidense y su ape-
go declarado a la promoción de la democracia y a los “valores occidentales” influirían
en su actitud hacia Oriente Medio. Sin embargo, muchas de estas expectativas no se
han cumplido. Desde el principio, Sarkozy se mostró muy proclive al pragmatismo
político. Sus discursos y declaraciones se han centrado, sobre todo, en los derechos hu-
manos, la democracia y la necesidad de consolidar la paz en Oriente Medio y el norte
de África, pero no se han trasladado a la práctica. En cambio, el presidente francés ha
resultado estar dispuesto a ceder en materia de ideales normativos en su trato con casi
todos los líderes o gobiernos de la región.

Son muchos los ejemplos de esa duplicidad. Los discursos y declaraciones de Sarko-
zy, cuando todavía era ministro del Interior, demuestran su profunda aversión al is-
lam político,2 pero eso no ha impedido que estableciera profundas relaciones con los
wahhabistas en Arabia Saudí. Por otro lado, en lo que concierne a Irán, en vistas de los
debates sobre su programa nuclear, la actitud de Sarkozy ha sido mucho más dura y no
ha buscado mejorar los vínculos entre París y Teherán.

Debido a sus grandes intereses comerciales, tecnológicos (incluidos los de uso mili-
tar) y en las infraestructuras, tradicionalmente las políticas francesas hacía la región
han adoptado un enfoque más bien económico. Sarkozy ha intentado aumentar la
presencia de compañías francesas en Irak; fomentar la contribución de su país a la
infraestructura destinada a promover la cultura y la educación en los Emiratos Árabes                                    >>>

2.   Ver, por ejemplo, el debate televisivo entre Nicolas Sarkozy y Tariq Ramadan en France 2, 4 de abril de 2007.
4         DOCUMENTO DE TRABAJO 110

    Unidos; formar parte del sector de la estrategia de defensa de Arabia Saudí; y tratar
    directamente con la diplomacia emergente de Qatar. Si bien los anteriores presidentes
    galos también intentaron consolidar sus intereses comerciales en la región, bajo Sarko-
    zy los negocios en particular han sido una parte integral de la política de Francia.

    No obstante, Sarkozy ha mostrado ser poco consistente en su trato con los distintos
    países de la región. Ha criticado firmemente la situación política interna de Irán –
    denunció las elecciones fraudulentas celebradas en 2009,3 hizo un llamamiento a la
    acción contra Teherán durante la cumbre del G-20 celebrada el mismo año4 y, en uno
    de sus discursos anuales a los embajadores de Francia,5 habló de la necesidad de actuar
    drásticamente si fracasaban las conversaciones nucleares– pero, a su vez, decidió abrir
    una base militar en los Emiratos Árabes Unidos en mayo de 2009.

    La actitud de Sarkozy hacia el coronel Gadafi ha sido especialmente pragmática. Hacía
    tiempo que el líder libio no gozaba de popularidad y, aunque su anuncio de aban-
    donar el desarrollo de armas de destrucción masiva acabó con su aislamiento a par-
    tir de 2003, fueron pocos los líderes occidentales que normalizaron por completo
    sus relaciones con Libia. Sarkozy, en cambio, ofreció cooperar con el país política,
    económica y tecnológicamente, y llegó a visitar a Gadafi en Trípoli en julio de 2007
    y le invitó a París en diciembre del mismo año.6 Esa actitud fue muy criticada a nivel
    nacional: para la oposición, las declaraciones oficiales de arrepentimiento de Gadafi,
    la liberación de las enfermeras búlgaras detenidas e incluso su disposición a compen-
    sar económicamente a los familiares de las víctimas del vuelo de la compañía francesa
    UTA 772 no merecían un reconocimiento tan temprano y generoso. Además de los
    intereses económicos, quedó claro que Sarkozy buscaba algo más: crear las condiciones
    óptimas para su proyecto personal, la Unión para el Mediterráneo (UpM).

    Asimismo, Sarkozy cambió la política de su predecesor, quien se había distanciado de
    Siria. Desde 2004, las relaciones franco-sirias se habían deteriorado, debido a la ani-
    mosidad existente entre Bashar al-Assad y Jacques Chirac. En 2005, tras el asesinato
    del entonces ex primer ministro libanés, Rafiq Hariri, Francia y Siria suspendieron sus
    relaciones políticas y económicas. A los pocos meses de haber asumido la presidencia
    francesa, Sarkozy decidió ofrecer una mano reconciliadora a Siria. A partir de ahí, las
    relaciones evolucionaron rápidamente, y Assad llegó incluso a participar en la ceremo-
    nia oficial de lanzamiento de la UpM en julio de 2008.

    3.   AFP, 16 de junio de 2009.
    4.   Wall Street Journal, 29 de septiembre de 2009.
    5.   Reuters, 25 de agosto de 2010.
    6.   Los intereses de Sarkozy en Libia no implicaban que al presidente le cayera bien Gadafi. Tras una visita oficial del autócrata libio a París en 2007, Sarkozy
         se refirió al coronel como un “loco”. Por su parte, el entonces líder libio usó la visita para criticar a Francia sobre su déficit en términos del respeto por los
         derechos de la mujer e incitó a los jóvenes que vivían en los suburbios de la capital parisina a rebelarse. Ver Le Canard Enchaîné, 24 de agosto de 2011.
FRANCIA Y LA PRIMAVERA ÁRABE:
UNA POLÍTICA OPORTUNISTA                                                         BARAH MIKAIL
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La debacle de la Unión para
el Mediterráneo

         Antes de asumir la presidencia, Sarkozy había dejado claro que quería que Fran-
         cia asumiera un mayor papel de liderazgo tanto a nivel regional como interna-
cional. Para conseguirlo, a menudo se decantó por el liderazgo individual en lugar del
“poder blando” de la diplomacia multilateral. Mientras que el ex presidente François
Mitterrand había promovido las buenas relaciones y la cooperación con Alemania, y
Jacques Chirac había expuesto los beneficios de un mundo multilateral, Sarkozy ha
decidido actuar por su cuenta. Con todo, a medida que ha ido avanzando su mandato,
la falta de coordinación ha frustrado a sus socios europeos, especialmente a Alemania.

La Unión para el Mediterráneo ha sido el peor fracaso de Sarkozy en sus esfuerzos para
reavivar el liderazgo francés en el Mediterráneo. A pesar de sus discursos sobre una política
exterior basada en los valores, la UpM fracasó rotundamente en su cometido de abordar
la cuestión de los derechos humanos en los países de Oriente Medio y el norte de África.

Renovar el estancado Proceso de Barcelona –el marco multilateral para las políticas
europeas en el Mediterráneo– se convirtió en un proyecto personal de Sarkozy. Tras
una presentación de alto nivel en París, que en general fue considerada como un éxito
diplomático de Francia, la UpM no fue capaz de cumplir con sus objetivos. La inicia-
tiva resultó ser demasiado ambiciosa. El presidente francés no consiguió convencer a
algunos de sus homólogos tanto al norte como al sur del Mediterráneo –la canciller
alemana Angela Merkel, el presidente Mohammad Bouteflika de Argelia, el entonces
líder libio Muamar Gadafi y el presidente sirio Bashar al-Assad– a apoyar su idea de
una unión política.7

Algunos de los Estados en contra de la UpM, como Alemania, consideraban que Sarkozy
no tenía derecho a redefinir la configuración y el destino de las relaciones euromedite-
rráneas por sí solo, y mucho menos usando tácticas represivas para obligar a los Estados
más reacios a participar en los foros de diálogo. Asimismo, consideraban al Proceso de
Barcelona un proyecto común europeo que se vería afectado por el liderazgo nacional
unilateral. Muchos hicieron hincapié en el hecho de que la UpM no sería capaz ni de
superar las debilidades del Proceso de Barcelona ni de ofrecerles suficientes garantías
políticas para el futuro. Dada su complicada relación con Francia, Argelia era reacia a
aceptar la iniciativa cuando Sarkozy todavía tenía que pedir disculpas por el papel de su
país durante el período colonial. Por otra parte, las objeciones de Siria se debían a las ten-
siones políticas que existían antes de que Sarkozy llegara al Elíseo, además de los temores
de Damasco de verse obligado a normalizar sus relaciones con Israel.                                                                                              >>>

7. Libia y Turquía se opusieron a la visión de Sarkozy de una Unión para el Mediterráneo. Sobre todo Ankara consideraba a la iniciativa como otra complica-
   ción más en su camino hacia la adhesión a la Unión Europea.
6         DOCUMENTO DE TRABAJO 110

    Pero aún más importante era el hecho de que la UpM no era vista por sus críticos como
    un proyecto europeo o euromediterráneo, sino francés; un proyecto “sarkoziano” y,
    como tal, un intento de institucionalizar la dominación francesa de la agenda euro-
    mediterránea. Dado que Sarkozy decidió ignorar las distintas preferencias tanto de sus
    socios europeos como de los árabes, al final ni los países de la UE ni los del sur del
    Mediterráneo estaban dispuestos a creer, invertir o avanzar con su proyecto. A pesar de
    estar dirigida a fortalecer las relaciones euromediterráneas, la UpM acabó poniendo de
    relieve las debilidades de Francia y de la Unión Europea.

    Francia y la primavera árabe

           El oportunismo de Sarkozy y sus aspiraciones de liderazgo regional han vuelto
           a aparecer tras las revueltas en Oriente Medio y el norte de África. El presi-
    dente francés ha intentado convertirse en el líder implícito de la diplomacia europea,
    subrayando las capacidades francesas en la región en comparación con sus homólogos
    europeos.

    La realpolitik de Sarkozy en el sur del Mediterráneo dejó de ser viable cuando Ben
    Ali y Hosni Mubarak fueron derrocados en Túnez y en Egipto, respectivamente, a
    principios de la primavera de 2011. Ambos casos eran particularmente delicados para
    Francia, puesto que Ben Ali y Mubarak eran dos de los principales aliados del país. Eso
    explica, en parte, el apoyo hacia el ex presidente tunecino cuando las protestas empeza-
    ron demandando su salida, así como la falta de solidaridad para con los manifestantes
    durante las protestas egipcias contra Hosni Mubarak. La postura adoptada respecto
    de las protestas tunecinas fue un desastre en materia de relaciones públicas y resultó
    en la dimisión de la entonces ministra de Asuntos Exteriores, Michelle Alliot-Marie.8
    Posteriormente, Sarkozy admitió que Francia había subestimado la importancia de las
    protestas.

    El Eliseo carecía de una visión más amplia sobre las dinámicas en el Mediterráneo y
    fue sólo cuando el entonces presidente egipcio –copresidente junto con Sarkozy de la
    UpM– fue derrocado que París finalmente entendió la seriedad del cambio que estaba
    teniendo lugar en la región y empezó a adaptar sus políticas.

    8.   La posición de Alliot-Marie se vio debilitada después de que su apoyo a Ben Ali saliera a la luz, por el hecho de que pasara sus vacaciones en Túnez cuando
         el presidente tunecino estaba siendo duramente criticado a finales de diciembre de 2010, y la participación de algunos miembros de su familia en negocios
         vinculados al autócrata tunecino.
FRANCIA Y LA PRIMAVERA ÁRABE:
UNA POLÍTICA OPORTUNISTA                                                  BARAH MIKAIL
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Cuando las protestas en contra del régimen aumentaron en Libia, una vez más Sarkozy
mostró su falta de coherencia política. Rápidamente cambió su apoyo incondicional
a Gadafi hacia los rebeldes, convirtiéndose en el primer jefe de Estado extranjero en
reconocer el Consejo Nacional de Transición (CNT) como la autoridad gobernante
en Libia.

Sin embargo, el presidente francés apenas ha reaccionado ante las manifestaciones en
Argelia y en Marruecos. Francia se ha mantenido al margen de los eventos y ha adop-
tado una postura recatada: a mediados de febrero de 2011, el portavoz del Ministerio
francés de Asuntos Exteriores, Bernard Valero, declaró que “desde nuestro punto de
vista, lo importante es el respeto por la libertad de expresión y la posibilidad de con-
vocar manifestaciones libremente y sin violencia”.9 Cuando, por consiguiente, Argelia
anunció su propia agenda de reformas, Alain Juppé felicitó al presidente Bouteflika
por este proceso: “todo va en la dirección correcta”.10 Asimismo, Francia mantuvo su
tono impreciso y acrítico en la visita oficial de Juppé a Argelia en junio de 2011, du-
rante la cual no hizo ninguna mención directa a las protestas.

En Marruecos, cuando las protestas se extendieron por las calles de Rabat a finales
de febrero, el Gobierno francés también se mostró reacio a criticar abiertamente al
régimen marroquí. La ausencia de críticas hacia Marruecos se debe, en parte, a las tra-
dicionalmente mejores relaciones con este país que con Argelia. La reputación del Rey
Mohammed VI como un dirigente “moderado” y sus buenas relaciones diplomáticas
con Occidente también han ayudado. El hecho de que la represión hacia los manifes-
tantes en Marruecos no fuera tan violenta como en Argelia y que el monarca marroquí
prometiera públicamente llevar a cabo reformas en el futuro próximo, parece servir de
consuelo para París. El Ministerio de Asuntos Exteriores francés consideró “responsa-
ble y valiente” el discurso que el Rey alauí pronunciara el 9 de marzo, y añadió que
Francia estaba lista para acompañar al reino en vistas de “la determinación de la po-
blación y las autoridades marroquíes para lograr las reformas anunciadas y desarrollar
su propio modelo democrático”.11 El tono positivo no coincide con la situación en
el terreno. A día de hoy, Mohammed VI todavía no ha implementado muchas de las
reformas que ha prometido.

La postura de Francia hacia Bahréin también sirve para ilustrar la falta de coherencia en
el apoyo hacia los derechos humanos. La reacción inicial del país hacia la violencia per-
petrada por el régimen contra las protestas fue suspender las exportaciones a Bahréin,
incluida la venta de equipamiento antidisturbios. Sin embargo, desde entonces Francia
se ha limitado a hacer declaraciones oficiales que exponen su “preocupación” respecto
de los acontecimientos, la necesidad de poner fin a la violencia y su deseo de que se dé
un cambio controlado. El tono moderado hacia Bahréin parece indicar que Sarkozy no
está muy por la labor de condenar a un país con mayoría chiíta bajo la atenta mirada
de Arabia Saudí.                                                                                                                      >>>

9. Le Monde, 14 de febrero de 2011.
10. http://www.algerie-plus.com/actualite/la-prompte-reaction-de-paris-au-discours-presidentiel/
11. http://www.diplomatie.gouv.fr/fr/pays-zones-geo_833/maroc_410/france-maroc_1185/presentation_3361/maroc-10.03.11_90471.html
8         DOCUMENTO DE TRABAJO 110

    La influencia implícita de los saudíes también se aprecia en las declaraciones de Fran-
    cia ante los acontecimientos en Yemen. El Ministerio de Asuntos Exteriores francés
    fue uno de los primeros en reaccionar, inicialmente condenando el “uso excesivo de la
    fuerza” contra los manifestantes y tachándolo de inaceptable, afirmando que “los auto-
    res de dicha violencia deberían ser perseguidos” y que el presidente Ali Abdullah Saleh
    debería implementar sus propuestas de reforma.12 París también intentó hacer con que
    la Unión Europea impusiera sanciones, pero dos meses más tarde, cuando Saleh se
    negó a firmar un documento que podría dar comienzo a un período de transición en el
    país, simplemente tachó su comportamiento de “irresponsable e inaceptable”.13 La po-
    sición al principio crítica de Francia en contra de la brutal represión de las protestas ha
    ido conteniéndose. Existen tres posibles razones para ese distanciamiento: Yemen no
    forma parte de su tradicional esfera de influencia, la complicada dinámica del Estado
    tribal dificulta la formulación de una respuesta útil, y el deseo de no alienar a Arabia
    Saudí, que quiere mantener a los actores extranjeros lejos de la escena yemení.

    Mientras que Francia ha sido uno de los principales promotores de la intervención
    militar en Libia, no ha abogado por lo mismo en Siria. Cuando la situación interna
    libia empezó a deteriorar con rapidez, Francia presionó a los miembros del Consejo
    de Seguridad para que adoptasen las resoluciones 1970 y 1973, que precedieron la
    intervención militar. Pero a pesar de que la situación en Siria es similar, Francia se ha
    limitado a hacer declaraciones blandas sobre “la pérdida de legitimidad” de Bashar al-
    Assad. Después de todos sus esfuerzos por traerle a la escena internacional, París teme
    que un vacío de poder pueda tener profundos efectos desestabilizadores si el régimen
    sirio cayera de forma precipitada.

    A nivel europeo, Sarkozy ha abogado oficialmente por un mayor papel de la UE en
    Oriente Medio y el norte de África y ha hecho eco de las declaraciones de Bruselas so-
    bre los sucesos en la región. No obstante, lo ha hecho de forma que sirviera para apoyar
    sus iniciativas nacionales y, al mismo tiempo, en varias ocasiones ha decidido actuar
    de manera unilateral. Francia apoyó la financiación europea pero canalizó la mayoría
    de sus fondos a través de sus programas nacionales. En marzo de 2011 la Comisión
    Europea anunció que destinaría 258 millones de euros a Túnez,14 y dos meses después,
    Francia declaró durante la cumbre del G8 que contribuiría bilateralmente con mil
    millones de euros a las transiciones democráticas en Túnez y en Egipto.15 El compor-
    tamiento de Sarkozy hacia sus socios durante la primavera árabe indica que el líder
    francés no ve ninguna contradicción en considerar las iniciativas estratégicas de la UE
    en Oriente Medio y el norte de África como una gran prioridad y, a su vez, avanzar con
    las prioridades y los intereses específicos de Francia a través de medidas unilaterales.

    12.   AFP, 4 de marzo de 2011.
    13.   AFP, 24 de mayo de 2011.
    14.   http://www.enpi-info.eu/files/interview/Tunisia%20press%20pack%20March%202011_ENG.pdf
    15.   http://tempsreel.nouvelobs.com/actualite/monde/20110527.OBS4073/g8-la-france-debloque-un-milliard-d-euros-pour-la-tunisie-et-l-egypte.html
FRANCIA Y LA PRIMAVERA ÁRABE:
UNA POLÍTICA OPORTUNISTA                                                         BARAH MIKAIL
                                                                                                                                                               9

Esta brecha entre el pensamiento unilateralista francés y el multilateralismo europeo
también ha afectado a las cuestiones relativas a la inmigración, que se han hecho más
urgentes tras la primavera árabe. Los números cada vez mayores de inmigrantes proce-
dentes de países del norte de África no han sido bien aceptados por el público francés y
su tradicional prejuicio para con las comunidades árabes y musulmanas, y el Gobierno
francés ha utilizado ese sentimiento para servir a sus propósitos políticos.

A medida que Francia se prepara para entrar en el período preelectoral, Sarkozy se
centra cada vez más en las cuestiones internas, entre ellas la seguridad, la economía, el
lugar de la religión en la sociedad y la inmigración. Los eventos de la primavera árabe
han coincidido con una reconfiguración del Gobierno francés y el nombramiento del
ex jefe de Gabinete de Sarkozy, Claude Guéant –conocido por su posición particu-
larmente agresiva hacia la inmigración– como ministro del Interior. Desde entonces,
Guéant ha expresado su deseo de reducir el número de inmigrantes en suelo francés
y limitar los permisos de residencia para los extranjeros, alegando que [en Francia] la
integración ha fracasado” y la tasa de desempleo es más alta entre los extranjeros no
europeos.

Con un público cada vez más contrario a la inmigración, las cuestiones electorales in-
ternas han influenciado la política mediterránea de Sarkozy. Gadafi usó el control de la
inmigración para presionar a la UE, permitiendo que los refugiados embarcaran libre-
mente desde la costa libia siempre que quería obligar a los países europeos a cumplir
con sus demandas. Tras la salida de Gadafi, se suspendió el control de las costas libias
y Francia empezó a temer que su apoyo a la “Operación Odisea del Amanecer” resul-
tara en números aún mayores de libios alcanzando sus territorios. Así es que Sarkozy
decidió emplear su postura más dura hasta la fecha, arriesgándose incluso a romper
con el protocolo de la UE, por no decir la ley.16 Mientras que Italia decidió emitir unos
22.000 permisos de residencia temporales con validez de seis meses a los inmigrantes
tunecinos, la policía fronteriza francesa bloqueó el tráfico ferroviario entre Francia e
Italia. La decisión francesa de proteger su territorio mostró su falta de solidaridad para
con sus vecinos del sur e indiferencia para con las normas europeas.

La política gala sigue siendo reactiva y aún carece de una visión a largo plazo, y está
demasiado dispuesta a aprovechar el escenario de la UE para avanzar con sus intereses
nacionales. Las repetidas incursiones unilateralistas de Sarkozy en el contexto de la
primavera árabe no ayudan ni a París ni a Bruselas. Si el liderazgo europeo ha de con-
solidarse de manera eficaz, especialmente ahora que han pasado diez años de inercia en
las relaciones euromediterráneas, es necesario superar la falta de cohesión interna y de
coordinación dentro de la UE. Por primera vez, está al alcance la oportunidad para es-
tablecer una asociación de beneficio mutuo con el nuevo Oriente Medio democrático
y progresista que está emergiendo.                                                                                                                                 >>>

16. Para ver algunas de las reacciones a las decisiones de Sarkozy, ver “Des élus de tous bords lancent un audit de la politique d’immigration”, Le Monde, 6
    de abril de 2010.
10       DOCUMENTO DE TRABAJO 110

     ¿Un cambio hacia el idealismo?

             Los sucesivos cambios de actitud de Sarkozy, desde una posición pro democrá-
             tica (2007) a una pro realista (2008) y de vuelta a la pro democracia (2011)
     son reflejo de su fuerte pragmatismo, realismo y oportunismo. Antes de ser elegido en
     2007, Sarkozy había repetido una y otra vez su deseo de ser conocido como el “presi-
     dente de los derechos humanos”.17 Asimismo, había dejado claro que no creía en “la
     realpolitik que hace que la gente abandone los valores sin ganar contratos”.18 Era el
     deber de Francia el defender sus principios.

     Pero durante sus primeros meses como presidente, Sarkozy hizo todo lo contrario. Su
     diplomacia se caracterizó por su disposición a renunciar ciertos valores con el fin de
     ganar grandes contratos comerciales, el deseo de convertirse en el arquitecto de una
     nueva era entre árabes y europeos, y la ambición por distinguirse en el escenario de los
     líderes europeos. La anteriormente mencionada Unión para el Mediterráneo y sus tra-
     tos con todos los líderes árabes (excepto Omar al-Bashir en Sudán) son prueba de ello.

     A pesar de las críticas ante sus relaciones cercanas con Gadafi en Libia y Assad en Siria,
     el presidente francés mantuvo su postura. Por ejemplo, cuando se le preguntó sobre
     sus relaciones con Libia y su decisión de vender armas y artillería a Gadafi, su res-
     puesta fue: “¿Me vais a culpar por encontrar trabajo y mercados para los trabajadores
     franceses?”.19 Según Sarkozy, boicotear a ciertos Estados de Oriente Medio y el norte
     de África era contraproducente tanto para los intereses de Occidente como para su po-
     tencial para ejercer influencia. En cambio, Sarkozy ha preferido promover una especie
     de éxito seguro, donde Francia y sus socios occidentales que tratasen directamente con
     los líderes en la región se beneficiarían de alianzas estratégicas más fuertes, mejores
     vínculos diplomáticos y contratos económicos ventajosos.20Pero, paradójicamente, el
     enfoque y las acciones de Sarkozy han perjudicado la posición de Francia en la zona.
     En 2007, cuando el ex presidente Jacques Chirac llegó al final de su segundo mandato,
     París gozaba de una imagen positiva en Oriente Medio y el norte de África, gracias a
     las convicciones pro palestinas de Chirac y su oposición a la invasión de Irak en 2003.
     Si bien Sarkozy asumió el poder insistiendo sobre la necesidad de distanciarse de las
     posturas estadounidenses y mejorar las relaciones entre la UE y la región, no ha ido
     más allá del discurso y, como consecuencia, la tradicional diplomacia francesa en la
     zona se ha visto perjudicada.

     17. “Je veux être le Président de la France des Droits de l’Homme”, discurso de Sarkozy, 14 de enero de 2007, disponible en http://sites.univ-provence.fr/
         veronis/Discours2007/transcript.php?n=Sarkozy&p=2007-01-14
     18. Ibid.
     19. Libération, 5 de agosto de 2007.
     20. Sarkozy usó el papel de Francia en la liberación de las enfermeras búlgaras detenidas en Libia en 2007 para ilustrar los beneficios de no haber adoptado
         una actitud anti Gadafi.
FRANCIA Y LA PRIMAVERA ÁRABE:
UNA POLÍTICA OPORTUNISTA                        BARAH MIKAIL
                                                                                                11

Si bien algunas de sus grandes empresas nacionales –Total, Suez, Veolia y Alsthom,
así como algunas compañías de defensa– están prosperando en la zona, Francia no
siempre ha sabido aprovechar las oportunidades. La limitada presencia de Total en Si-
ria y Libia, y las dificultades de EADS para presionar a Arabia Saudí para que el reino
comprase más equipamiento de defensa, demuestran que la calidad no lo es todo a la
hora de garantizar contratos. Incluso la decisión de Sarkozy de abrir una base militar
francesa en las costas de los Emiratos Árabes Unidos, si bien ha sido bienvenida por
los Estados árabes preocupados por el dominio iraní, poco ha podido hacer para re-
forzar la cooperación entre Francia y los Emiratos más allá de las relaciones culturales
existentes.

La primavera árabe ha puesto de relieve algunas de las incoherencias de Francia. El apoyo
inicial a Ben Ali y Mubarak ha perjudicado su imagen como “la tierra natal de los derechos
humanos”. De igual modo, sus elogios a Marruecos y su silencio hacia Argelia contradije-
ron su postura oficial en pro de la apertura política y la reforma en la región. Por último,
la posición de Sarkozy hacia la inmigración, incluyendo el cierre de sus fronteras con Italia
para prevenir la entrada de refugiados, ha mostrado que el presidente estaba dispuesto a
desasociarse de sus homólogos más cercanos, incluso a expensas de la Unión Europea.

Los eventos de 2011 en Oriente Medio y el norte de África sólo han confirmado el
balance de poder que ya existía entre los actores internacionales influyentes. Tradi-
cionalmente, los dirigentes árabes han preferido asegurar el apoyo de Estados Unidos,
en vez de depender simplemente de los arsenales militares de Rusia y China. Estos
últimos no han conseguido atraer a muchos Estados árabes y alejarlos del monopolio
estadounidense. Si bien Francia dio comienzo a la reciente operación militar en Libia,
al final, fue Estados Unidos quien lideró la estrategia antes de pasarla al mando de la
OTAN.21 París se vio obligado a seguir la línea estadounidense. Sarkozy evitó expresar
abiertamente su criticismo dado que creía en las ventajas de la intervención en Libia y
esperaba que el éxito de la operación reflejara la asertividad de Francia en medio de la
vacilación de la Unión Europea. La primavera árabe ha puesto de relieve lo difícil que
es para el Elíseo ofrecer capacidades que en realidad no posee.

En suma, Francia se ha esforzado para responder a los cambios en la región, pero aún
así, sus políticas han sido incoherentes y tendenciosas, lo que indica que el cambio de
enfoque ha sido meramente superficial y no reflejo de una política exterior normativa.

De momento, no parece probable que Francia vaya a ofrecer un apoyo más sistemáti-
co a la reforma tras las elecciones presidenciales de mayo de 2012. Si Sarkozy resulta
reelegido, nada indica que cambiará su postura hacia Oriente Medio y el norte de
África. Pero si el partido socialista se hace con las elecciones, podrían verse cambios en
la agenda diplomática francesa. Esto no implicaría necesariamente un giro radical en
la política del país, sino un discurso y métodos diferentes.                                    >>>

21. Le Monde, 25 de marzo de 2011.
12       DOCUMENTO DE TRABAJO 110

     En la actualidad, tres candidatos aspiran a liderar los socialistas: François Hollande,
     Martine Aubry y Ségolène Royal. Si bien ninguno de los tres ha clarificado su postura
     sobre la situación en Oriente Medio y el norte de África, de momento no hay indicios de
     que vayan a cambiar drásticamente la actual política francesa hacia la zona. El partido so-
     cialista ha afirmado en repetidas ocasiones su apego a la democracia, el respeto por los dere-
     chos humanos y por la voluntad de la población. Tras la caída de Ben Ali en Túnez en enero
     de 2011, las declaraciones oficiales de todos los dirigentes del partido socialista insistían en
     la necesidad de satisfacer las demandas de la población. Es probable que los socialistas pre-
     serven el mismo equilibrio que Sarkozy empleó al denunciar los abusos más flagrantes de
     los derechos humanos en Siria y en Yemen y, a su vez, adoptar un perfil más bajo en otros
     casos como en Argelia, Marruecos y Bahréin. En cualquier caso, probablemente sean más
     cautos a la hora de emprender una intervención militar como la encabezada por Sarkozy
     en Libia, especialmente si ésta estuviera dirigida por Estados Unidos.

     Por qué Francia no puede liderar
     unilateralmente

             Hasta ahora, los grandes proyectos de Sarkozy no han servido para lograr los
             objetivos del país en su vecindad del sur. En los últimos cinco años, las iniciati-
     vas unilaterales de Francia han sido rechazadas constantemente. Su intento de reavivar
     las relaciones euromediterráneas bajo el liderazgo francés a través de la Unión para el
     Mediterráneo ha fracasado. La “Operación Plomo Fundido” de Israel contra la Franja
     de Gaza a principios de 2008 supuso otro golpe duro. Con el fin de salir del punto
     muerto diplomático al que se enfrentaba la UE, Sarkozy se embarcó en una gira por
     varios países de Oriente Medio, incluida Siria, con el fin de convencer a los dirigentes
     árabes para que ejercieran presión sobre Hamás para que cesase los ataques con cohetes
     contra Israel. Rechazaron sus demandas e Israel, a su vez, se negó a aceptar su solicitud
     de frenar o siquiera disminuir sus acciones contra la Franja de Gaza.

     La estrategia de “manos abiertas” de Sarkozy no siempre ha sido bien vista por Gadafi
     en Libia. Durante su visita a Trípoli en el verano de 2007, el presidente francés propu-
     so oficialmente al coronel el desarrollo de un programa nuclear civil en su territorio,
     arguyendo que Libia necesitaba energía para desalinizar el agua. Gadafi jamás contestó
     a la propuesta y, al final, se mostró reacio a mejorar los vínculos comerciales entre am-
     bos países como esperaba Francia. De hecho, los esfuerzos galos como líder regional
     en Oriente Medio y el norte de África no están teniendo los resultados esperados, a
     pesar de las relaciones privilegiadas del país con algunos Estados y los largos años de
     relaciones diplomáticas y comerciales.22

     22. Ver, por ejemplo, http://www.dubaifrance.com/spip.php?article5812
FRANCIA Y LA PRIMAVERA ÁRABE:
UNA POLÍTICA OPORTUNISTA                                                   BARAH MIKAIL
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El éxito del comercio y las inversiones francesas en la zona no tienen nada que ver con
el bajo rendimiento diplomático del país. Las relaciones políticas no han avanzado a la
misma velocidad que los vínculos comerciales entre Francia y la región. En el norte de
África, Francia sigue siendo el principal socio comercial de Marruecos.23 Túnez también se
encuentra entre los socios privilegiados del país, con un promedio de 90 millones de euros
al año en inversión extranjera directa (IED). En Argelia la IED francesa se ha duplicado en
los últimos diez años a 220 millones de euros en 2009.24 La reciente decisión de Sarkozy de
nombrar al primer ministro Jean-Pierre Raffarin como enviado especial para la promoción
de la cooperación económica entre Francia y Argelia es otro paso positivo. Sin embargo, en
todos esos casos, Francia ha tenido dificultades para aumentar su influencia a nivel político.

De igual modo, los vínculos políticos también van por detrás de las relaciones econó-
micas con los países del Golfo. Arabia Saudí es uno de los principales socios comercia-
les de Francia, sobre todo debido a la venta de aviones Airbus al reino. Sin embargo,
los saudíes no lo consideran un socio político tan importante como Estados Unidos
o China. Francia es sólo el décimo proveedor más importante de los Emiratos Árabes
Unidos, muy por detrás de China (primero), Alemania (cuarto), el Reino Unido (sex-
to) e Italia (octavo).25 De hecho, las relaciones de París con los Emiratos se centran en
los campos cultural y de la educación, no en el económico. Lo mismo sucede con las
relaciones con Qatar, Bahréin y Kuwait.

En el Levante, Egipto, Líbano e Israel son los tres mayores socios comerciales de Fran-
cia. Aún así, el país goza de poca influencia en las negociaciones en el conflicto pales-
tino-israelí y los intentos de Sarkozy de frenar las hostilidades de Israel hacia Palestina
no han producido importantes resultados. La diplomacia francesa en Líbano tampoco
ha surtido efecto y ha sido incapaz de limitar las capacidades de Hezbolá. Por último,
la propuesta de Sarkozy de nombrar al entonces presidente egipcio, Hosni Mubarak,
copresidente de la UpM no ha servido para mejorar la imagen de Francia en la región,
sino todo lo contrario. La idea ha tenido el efecto inverso y de hecho ha empeorado su
legitimidad a nivel europeo.

Todo eso demuestra que Francia sólo conseguirá lograr un resultado político signifi-
cativo en su política hacia el Mediterráneo si actúa en coordinación con sus socios eu-
ropeos. La búsqueda de agendas diferentes y, a veces, contradictorias entre los Estados
miembros, junto con la tendencia de la UE a planificar políticas sin tener en cuenta los
recursos militares disponibles, ha dificultado la adopción de una agenda común clara
hacia la primavera árabe, sobre todo con relación a Libia.

Al aceptar formar parte de la UpM, los Estados de Oriente Medio y el norte de África
se dieron cuenta de las intenciones francesas y actuaron con la cortesía diplomática ne-
cesaria para mantener abiertos aquellos canales que podían generar beneficios econó-
micos y estratégicos a largo plazo. Pero no reconocieron el liderazgo regional de París.                                           >>>

23. http://www.francemondexpress.fr/france-maroc-un-ticket-gagnant,984.html
24. http://www.ubifrance.fr/algerie/001B1103237A+fiche-pays-algerie-2011.html
25. http://www.diplomatie.gouv.fr/fr/pays-zones-geo_833/emirats-arabes-unis_428/presentation-emirats-arabes-unis_959/index.html
14     DOCUMENTO DE TRABAJO 110

     Sarkozy se equivocó al pensar que su pragmatismo y las estrechas relaciones de Fran-
     cia con la región favorecerían a su país como líder económico y político. Su enfoque
     ha servido más para perjudicar que fortalecer la imagen francesa. En la actualidad, ni
     Francia por sí sola, ni la UE en su conjunto, están listas para dirigir la nueva dinámica
     geopolítica en Oriente Medio y el norte de África.

     Conclusión

             El aparente giro en las políticas francesas hacia sus vecinos al sur del Medite-
             rráneo tras la primavera árabe ha sido más bien superficial. Las aspiraciones
     del presidente francés, Nicolas Sarkozy, de restaurar el peso geopolítico de Francia
     en la zona, junto con su deseo de maximizar sus perspectivas de reelección en 2012,
     han servido, en el mejor de los casos, para fortalecer el unilateralismo sin escrúpulos
     del Gobierno francés, en detrimento de cualquier perspectiva de un multilateralismo
     eficaz bajo el liderazgo de Bruselas. Ahora, la intervención libia se presenta como una
     historia de éxito, pero aún queda por ver si Francia podrá ejercer una influencia signi-
     ficativa en la fase de construcción institucional a largo plazo.

     París debería continuar construyendo su propia red de contactos en la región, pero a su
     vez evitar actuar por su cuenta. Cuantas más iniciativas, consejos y recursos contribuya
     a la UE en su conjunto, mejores serán sus perspectivas de fortalecer su posición como
     uno de los arquitectos clave de la política exterior de Bruselas.

     Francia debería intentar fortalecer la posición política de la Unión Europea a través de
     la cohesión entre los Estados miembros. La tradicional influencia francesa en Oriente
     Medio y el norte de África debería convertirse en un activo positivo para la UE en su
     conjunto y Francia debería concebir su inversión política y económica en la zona como
     parte de una estrategia integral de la Unión.

     París debe desarrollar sus relaciones con todos los socios posibles en la región, oficial
     o extra oficialmente, en particular en el contexto de la primavera árabe. Uno de los
     principales defectos del Gobierno francés hasta la fecha ha sido su desconexión con
     ciertos segmentos esenciales de la sociedad civil en Oriente Medio y el norte de África,
     entre ellos Hamás y, hasta cierto punto, Hezbolá. Esto ha limitado su potencial para
     participar en los acontecimientos en la región, como se ha visto en el fracaso francés
     en abrir una vía de debate con Hamás tras el ataque israelí a Gaza en 2008. Si actuara
     de manera abierta y pragmática con todos los actores, aumentaría sus probabilidades
     de ser un mediador honesto y activo entre algunos de los tradicionales enemigos de la
     región de Oriente Medio y el norte de África.

     Sobre todo, Francia debe reconocer la complicada relación existente entre las políticas
     internas y las percepciones exteriores del país. Para muchos, la actitud de Sarkozy hacia
     temas como la inmigración y el papel del islam en la vida pública no es muy distinta a
FRANCIA Y LA PRIMAVERA ÁRABE:
UNA POLÍTICA OPORTUNISTA                       BARAH MIKAIL
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las posiciones de la extrema derecha del Frente Nacional de Le Pen. A medida que se
avanza hacia las elecciones presidenciales de 2012, en las que Sarkozy probablemente
intentará conseguir un segundo mandato, el presidente francés podría intentar apelar
a la mayoría de los posibles votantes del Frente Nacional (el 15-20 por ciento, según
la mayoría de las encuestas). Pero dichas tácticas no sólo desvincularían a Sarkozy de
gran parte de la población, sino que también fomentarían una percepción negativa de
Francia en el exterior, en particular entre los Estados árabes del norte de África, lo que,
a su vez, afectaría el papel que quiere desempeñar en la región.

Las declaraciones sobre la ola de cambio en Oriente Medio y el norte de África debe-
rían ser más coherentes y consistentes. París corre el riesgo de ser tachada de hipócrita
si critica a ciertos Estados por su falta de reformas mientras halaga a otros por sus
cambios simbólicos y cosméticos. Francia no quiere repetir los errores que cometió en
Túnez y Egipto al apoyar a dictadores que pronto serían derrocados. Si aplica el mismo
criterio a todos los líderes de la región y desarrolla argumentos basados en principio
comunes, será más respetada a nivel europeo y en Oriente Medio y el norte de África.
Asimismo, de esta forma incluso es más probable que consiga recabar el apoyo de la
sociedad civil que ya está diseñando el futuro de la región.
16      DOCUMENTO DE TRABAJO 110

     DOCUMENTOS DE TRABAJO RECIENTES

     109 ¿Profundizar el multilateralismo a través de las Asociaciones Estratégicas de la UE?,
         Susanne Gratius, Septiembre 2011
     108 El déficit de seguridad en el sur del Cáucaso, Jos Boonstra, Neil Melvin, Mayo 2011
     107 La construcción de un estado inclusivo: el género en las situaciones de post-conflicto,
         Clare Castillejo, Marzo 2011
     106 Los malentendidos de la promoción de la democracia, Richard Youngs, Enero 2011
     105 Asociaciones estratégicas más eficaces para la UE, Giovanni Grevi, Diciembre 201o
     104 Sucesiones orquestadas y estabilidad en el mundo árabe, Kristina Kausch, Noviembre 2010
     103 Alcanzar la seguridad mediante la democracia: Entre la aspiración y la pretensión,
         Richard Youngs, Octubre 2010
     102 El fin de la condicionalidad democrática, Richard Youngs, Septiembre 2010
     101 El Golfo en el nuevo orden internacional: ¿una potencia emergente olvidada?, FRIDE, Septiembre
        2010
     100 Cómo revitalizar la ayuda a la democracia: la perspectiva de los receptores, Richard Youngs,
        Junio 2010
     99 La Asociación Oriental de la Unión Europea: Un año de retrocesos, Jos Boonstra y
        Natalia Shapovalova, Mayo 2010
     98 La UE y el círculo vicioso entre pobreza y seguridad en América Latina, Susanne Gratius,
        Mayo 2010
     97 The Gulf takes charge in the MENA region, Edward Burke and Sara Bazoobandi, Abril 2010
     96 Is there a new autocracy promotion?, Peter Burnell, Marzo 2010
     95 ¿Cambio o Continuidad? La política estadounidense hacia Oriente Medio y sus implicaciones para
        la Unión Europea, Ana Echagüe, Marzo 2010
     94 Las políticas europeas de resolución de conflictos: una construcción de la paz truncada,
        Fernanda Faria y Richard Youngs, Marzo 2010
     93 Por qué la Unión Europea necesita una política más amplia hacia Oriente Medio, Edward Burke,
        Ana Echagüe y Richard Youngs, Febrero 2010
     92 A New Agenda for US-EU. Security Cooperation, Daniel Korski, Daniel Serwer y
        Megan Chabalowski, Noviembre 2009
     91 El dilema de la construcción del Estado en Kosovo: La fragilidad en un Estado cuestionado,
        Lucia Montanaro, Octubre 2009
     90 El “soldado-diplomático” en Afganistán e Irak, Edward Burke, Septiembre 2009
     89 La empresa como actor de la reconstrucción post bélica, Carlos Fernández y Aitor Pérez,
        Agosto 2009
     88 A criminal bargain: the state and security in Guatemala, Ivan Briscoe, Septiembre 2009
     87 Informe de Estudio de Caso: La respuesta humanitaria española a la temporada de huracanes de
        2008 en Haití, Velina Stoianova y Soledad Posada, Julio 2009
FRANCIA Y LA PRIMAVERA ÁRABE:
UNA POLÍTICA OPORTUNISTA                             BARAH MIKAIL
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86 Evaluaciones de gobernanza y rendición de cuentas interna: Contribuir al debate nacional y
   cambiar las prácticas de ayuda, Stefan Meyer, Junio 2009
85 Tunisia: The Life of Others. Freedom of Association and Civil Society in the Middle East and North
   Africa, Kristina Kausch, Junio 2009
84 ‘Strong Foundations?’: The Imperative for Reform in Saudi Arabia, Ana Echagüe y
   Edward Burke, Junio 2009
83 Women’s political participation and influence in Sierra Leone, Clare Castillejo, Junio 2009
82 Defenders in Retreat. Freedom of Association and Civil Society in Egypt, Kristina Kausch,
   Abril 2009
81 Angola: ‘Failed’ yet ‘Successful’, David Sogge, Abril 2009
80 Impasse in Euro-Gulf Relations, Richard Youngs, Abril 2009
79 La división del trabajo internacional: Desafiando al paradigma de la asociación. Marco analítico y
   metodología para los estudios de país, Nils-Sjard Schulz, Febrero 2009
78 Violencia urbana: Un desafío al fortalecimiento institucional. El caso de América Latina,
   Laura Tedesco, Febrero 2009
77 Desafíos económicos y Fuerzas Armadas en América del Sur, Augusto Varas, Febrero 2009
76 Building Accountable Justice in Sierra Leone, Clare Castillejo, Enero 2009
75 Plus ça change: Europe’s engagement with moderate Islamists, Kristina Kausch, Enero 2009
74 The Case for a New European Engagement in Iraq, Edward Burke, Enero 2009
73 Proyecto de investigación sobre ciudadanía inclusiva: Metodología, Clare Castillejo,
   Enero 2009
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