RESCATE Y SUS CONSECUENCIAS. CULTURA Y RELIGIÓN: SÓLO EN SINGULAR

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RESCATE Y SUS CONSECUENCIAS.
                CULTURA Y RELIGIÓN:
                 SÓLO EN SINGULAR
                                          Pablo Semán
                                   CONICET/UNSAM - Argentina
                                        Guadalupe Gallo
                                    SECYT-UNSAM - Argentina

Resumen. El caso del rock evangélico permite discernir un ejemplo de la forma en
que los grupos religiosos inciden en el plano cultural. Pero la condición para realizar
ese discernimiento es incorporar al análisis las premisas que refieren a la particularidad,
fragmentación y apertura que asiste a las culturas (en este caso la evangélica y la juvenil).
En ese contexto mostraremos la síntesis que ejerce un conjunto de Rock evangélico
(Rescate) entre dos momentos específicos: la situación del campo evangélico en Argen-
tina (y en especial la joven generación contemporánea) y una cultura juvenil trabajada
por el rock local. Podremos concluir que, aún cuando no se lo proponga, y aún cuando
un razonamiento nominalista supone a los evangélicos como protestantes clásicos, la
eficacia de la intervención de rescate implica un ejercicio de inculturación.

Palabras-clave: Evangélicos, Argentina, cultura juvenil, inculturación.

Abstract. The case of evangelical rock provides an example allowing to discern
how religious groups affect the cultural sphere. However this discernment is not
possible if the particularity, fragmentation and openness characterizing cultures
(in this case evangelical and youth cultures) are not taken into account. Within
this frame this article shows how an Evangelical Rock Band (Rescate) performs a
synthesis between two specific moments: the situation of the evangelical field in
Argentina (and especially the contemporary younger generation) and a youth cul-
ture entangled with local versions of rock music and culture. The article concludes
that, although unintentionally, and even when a nominalistic reasoning assumes
that evangelism can be equated to classical Protestantism, the effectiveness of
Rescates’s intervention involves an exercise of inculturation.

Keywords: Evangelism, Argentina, youth culture, inculturation.

Introducción
       El caso del rock evangélico permite discernir un ejemplo de la forma en
que los grupos religiosos inciden en el plano cultural. Pero la condición para

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realizar ese discernimiento es incorporar al análisis las premisas que refieren a
la particularidad, fragmentación y apertura que asiste a las culturas (en este caso
la evangélica y la juvenil). En ese contexto mostraremos la síntesis que ejerce
un conjunto de Rock evangélico (Rescate) entre dos momentos específicos: la
situación del campo evangélico en Argentina (y en especial la joven generación
contemporánea) y una cultura juvenil trabajada por el rock local. Podremos
concluir que, aún cuando no se lo proponga, y aún cuando un razonamiento
nominalista supone a los evangélicos como protestantes clásicos, la eficacia
de la intervención de rescate implica un ejercicio de inculturación.

                                                     ***
       En un tono áspero, usando palabras que suenan raras para el español
de la Argentina- aunque correctas para el español modulado para el mercado
latino-, haciendo lugar a una interpelación directa y urgente, y al estilo de
los rappers, Ulises, líder de Rescate, canta1:

         “El zamarreo me produce una sana afección.
         ¡Hey forasteros! ¿Tienen algo para dar?
         No tenés idea man, a quien acabás de chocar.”

       Así es que se interpreta, expresándola en una de sus posibilidades, la
llamada de Jesús: como un pequeño incidente callejero en el que una adver-
tencia y una autoridad llaman a ver un algo más que lo mismo de siempre
en lo inmediato de siempre entendido como infierno. En esa inmediatez,
en esas escenas también está Jesús (“no tenés idea ´man´ quien acabás de
chocar”). La repetición intensificada del mensaje profético, adquiere una
nueva voz en la voz de unos rockeros cuya estética hubiera parecido espi-
ritualmente incorrecta a los ojos del mundo evangélico que hoy los tiene
presentes como atracción en escenas privilegiadas de su devenir.
       La canción prosigue y sucede un cambio de tono. La admonición
advertencia y la admonición del narrador urbano que es el rapper dan lugar
a un cambio de clave musical y el milagro por anunciar se desplaza a ritmos
que llevan al baile y, especialmente, al “pogo” como vehículo de algo que es
éxtasis e intensidad cristiana (en la transición de un momento a otro apare-
cerá algo del tono heroico del viejo rock sinfónico). La letra acompaña y se
insinúa la epifanía: “No para la locura, alguien lo va entender, el velo cae”.
Luego la buena nueva es invocada en forma directa e imperativa:

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         Vean, vean lo que pocos pueden ver.
         Vean, vean, ese muro puede caer.
         Vean, vean, este loco puede hablar.
         Vean, vean, ese paralítico saltar.

        ¿Cuál es el valor de estas expresiones que muy genéricamente podemos
incluir dentro de la categoría de música cristiana? ¿Con qué causas y consecuen-
cias se dan estos fenómenos en “el mundo” o en las iglesias? ¿Transformación
de la “cultura evangélica” y/o transformación de la “cultura juvenil”? Y, más
específicamente, de acuerdo al diálogo que pretende establecer este artículo:
¿se trata del cultivo cosmético de un rostro juvenil para atraer y mantener
dentro del redil evangélico a jóvenes que, por definición no pueden participar
de la juventud y sus características transgresoras? ¿Como se integran en estas
expresiones los públicos “seculares”? Estas pueden ser las preguntas a partir de
las cuales enfrentar el fenómeno, que un grupo musical como Rescate encarna
de forma paradigmática en el mundo evangélico: el sentido que adquiere la
multiplicación de los rostros, actividades y posibilidades de interpelación de las
iglesias evangélicas, especialmente la activación de una serie de agrupaciones
musicales que, desde diversos géneros, se dirigen al público juvenil.
        Estos interrogantes, de forma inevitable, son parte de una cuestión
más general: la que remite a la relación entre cultura y religión que es la que
este artículo pone en el horizonte de la consideración de un caso específico de
desarrollo de la música cristiana. Tomando en cuenta esta cuestión más general
Prandi (2007) se ha referido tanto a los límites infranqueables de la “cultura
evangélica”, por un lado y la cultura juvenil, por el otro, como a la nulidad del
aporte evangélico a la cultura contemporánea en sus expresiones legítimas2.
        Prandi señala tres efectos de heterogeneización cultural y religiosa que
permiten pensar el crecimiento evangélico y su relación con la cultura: 1- con-
forme a las premisas del paradigma de la secularización, subraya la secuencia
pluralización, relativización de la religión, mercantilización e individuación
de la relación fieles- religiones; 2- siguiendo a los autores que han abordado
los efectos de la globalización, señala la heterogeneización de las culturas
nacionales y la articulación de culturas transnacionales a partir de ejes de
afinidad cultural (eventualmente las religiones,). 3-La tendencia evangélica a
dispensar cualquier esfuerzo de inculturación o transformación de la cultura
y, en sustitución, la tendencia a utilizar elementos mínimos de continuidad
entre la religión evangélica y la cultura de la sociedad en que reinserta el grupo
religioso para promover conversiones individuales, y agregarlas a posteriori en

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una cultura específica. En este contexto y, según su lectura, la “cultura juvenil”
evangélica, que forma parte de una cultura religiosa transnacionalizada, son
demasiado evangélicos como para realizar algo que no sea una incorporación
pasteurizada de lo propio de una “cultura juvenil”, y muy poco valiosos o
legítimos como para agregar algo a la cultura legítima contemporánea3.
        Sin embargo, y tomando en cuenta premisas relativas a la idea de cultura
que también son parte del acervo de referencias del mencionado autor, es posible
efectuar otras lecturas4. Tomando en cuenta la relación de recíproca influencia
entre cambio religioso y cultural, la heterogeneidad de “las religiones”, y “las
culturas” (y por lo tanto, de las experiencias e identidades que se desarrollan al
calor de esa dialéctica), mostraremos que el caso de Rescate ofrece realidades
irreductibles a la polaridad interpretativa con que Prandi refiere fenómenos
como el la “cultura juvenil” evangélica: avance global, autoperpetuador y
autocentrado de la producción cultural evangélica o disolución identitaria (o
la polaridad simétrica inversa que afirma alternativamente la permeabilidad/
cerramiento de la las culturas juveniles y masivas a la producción evangélica).
Mucho más que “vino viejo en odres nuevos”, mucho menos que la sustitución
de la cultura “juvenil” por la “evangélica juvenil”, el rock evangélico revela la
productividad de los movimientos de síntesis cultural en que las culturas evan-
gélicas y as culturas juveniles dialogan y se transforman alterando una fase de
la pluralidad constitutiva en que coexisten5. En este contexto esperamos poner
en evidencia que el tejido que produce la intervención de Rescate no siendo el
resultado de una interpelación a la juventud en general, tampoco es un llamado
individualizado sino un esfuerzo de evangelización que apunta a un segmento o
nicho específico6 En este sentido todo nuestro argumento plantea la necesidad
de reflexionar sobre el tipo de preguntas que efectuamos los cientistas de la
religión a los fenómenos que abordamos y las expectativas en que se sostienen
esas preguntas: preguntar por una posible “protestantilización” de América
Latina (o por la transformación radical de la cultura religiosa de manera tal
que el “espíritu anglo sajón” desplace al “latinoamericano”), no es exigirle a la
realidad tanto que luego no se podrían reconocer otros formatos de cambio? La
novedad que registramos empíricamente es uno de esos formatos invisibilizados
por preguntas que asumen sólo las grandes escalas.

I- Orígenes
         Rescate no es un término cualquiera entre los jóvenes evangélicos,

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especialmente los argentinos. Es al mismo tiempo una expresión clave en
el lenguaje evangélico juvenil y una sigla.
        Como expresión idiosincrática “rescate” es la acción que emprende
Dios para salvar a los jóvenes creyentes o, más bien, la voz que reconoce y
tipifica la intervención divina en crisis que se presentan como típicas de la
juventud (de alguna forma el término rescate actualiza en la “cultura juve-
nil” lo que está implicado en las ideas de “Bautismo en el Espíritu Santo”
o “Victoria Espiritual”7).
        La sigla R.E.S.C.A.T.E (Reyes al Servicio de Cristo Ante Tiempos Extre-
mos, de de aquí en más Rescate) pertenece a un grupo musical que utiliza esa voz
que es el resultado de un hecho: la forma en que las culturas juveniles se hicieron
cargo de la interpelación evangélica cuando ésta les fue dirigida en referencia
específica a problemas “juveniles” como el “uso de drogas” o la “rebeldía”8. El
camino entre las culturas juveniles y evangélicas es de doble vía y de múltiples
temporalidades. Entre las tantas localizaciones y apropiaciones de un estilo de
evangelización posterior al de las misiones de origen estadounidense o cana-
diense en la Argentina se halla la que resultó del encuentro entre jóvenes de los
sectores populares, el pentecostalismo y las campañas de evangelización de base
más amplia y tuvo en pastores como Giménez y su ministerio “Ondas de Amor
y Paz una encarnación ejemplar (ver Wynarczyk-Semán, 1994). La lógica de ese
ministerio es anterior y diferente a la del grupo musical Rescate: la de Giménez,
representó otrora el ingreso al mundo evangélico de jóvenes que instauraron
experiencias desconocidas por ese mundo evangélico y el ascenso de un estilo
de misión y pastorado que, aunque tuvo alguna centralidad, fue resistido hasta
volver al margen del que nació. Sin embargo fue este tipo de experiencias el que
dio origen, connotación y circulación amplia al concepto “rescate” que, antes que
el grupo musical recogiese su eco en la sociedad mediática, era ya una figura del
lenguaje popular. Rescate -como grupo musical que es objeto de nuestro análisis-,
es un emprendimiento posterior al tipo de ministerio citado, nace del mainstream
evangélico y se proyecta al mundo secular a través de un conjunto de redes que
incluye, entre las principales, a los jóvenes que -nacidos en familias creyentes- han
tomado contacto con las culturas juveniles seculares. Si la voz “rescate” implica
la apropiación popular y juvenil de la intención evangelizadora, la operación de la
banda Rescate, implica la proyección de los evangélicos al mundo juvenil.
        En tanto sigla significa, e identifica a un grupo musical que nace a
fines de los años ’80 /principios de los ’90 como banda juvenil de música
cristiana en San Nicolás, una localidad de la provincia argentina de Santa Fe.
En Rescate conviven las dos formas de recorrer la intersección entre “cultura

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evangélica” y “cultura juvenil” que referimos más arriba aunque predomine
la segunda: de un lado la captación juvenil de la propuesta evangélica y, de
otro la tentativa de unos jóvenes evangélicos de dialogar con una “cultura
juvenil” impregnada por el rock y que a ellos mismos los constituye. Toman-
do como ejemplo lo que sucedía en EEUU con grupos como Petra, White
Heart, Newboys, Michael Smith- Rescate inicia un proceso artístico-creativo
y religioso caracterizado por un acercamiento a la música cristiana contem-
poránea en general y la experimentación con el denominado rock gospel. En
ese contexto, pondremos de manifiesto que la síntesis entre “cultura juvenil”
y “cultura evangélica” que efectúa Rescate halla una resolución específica que
se distancia de las referencias norteamericanas citadas ya que dicha síntesis
absorbe sobre todo la influencia del rock argentino de los años 80 y 90.
        La banda fue fundada por iniciativa de Ulises Miguel Eyherabide junto a
su amigo estadounidense Jonathan Thompson y es el producto de su inspiración
en el gospel norteamericano. Ulises Miguel Eyherabide es líder de la banda,
guitarrista y compositor de la mayoría de las letras de las canciones. En la me-
dida en que puede ser concebido como uno de los principales intelectuales del
proyecto y, ciertamente, la imagen más representativa del mismo frente al público
debemos referirnos a él un poco más ampliamente9. Es arquitecto, diseñador
gráfico y proviene de una familia evangélica. Ha sido estudiante universitario
y en consecuencia, ha experimentado el hecho de salir “al mundo”, cosa que
ha hecho intensamente, sin renegar de su fe, pero no sin conflictos. Si en ese
contexto de intemperie ha sentido la necesidad de iglesia, también debe decirse
que “el mundo” ha representado para Ulises la oportunidad de tomar ejemplos
éticos y estéticos (su performance personal, su declarada admiración a músicos
de rock secular son ejemplos rotundos de su aproximación positiva al mundo):
de ese cruce de deseos y rechazos surge la solución con la que construye su
persona y lleva adelante el proyecto Rescate.
        La proyección de una vivencia personal de demanda de iglesia a “los
jóvenes del mundo” que pueden vivir esa misma demanda (pero no encuentran
la respuesta que necesitan o no sospechan en qué consiste la misma), está
en la base del motivo que guía a Rescate. A través de la música, se propone
“bajar a Jesús de la cruz y llevarlo a la calle de donde nunca tendría que ha-
ber salido” (ya que, en su interpretación de la Biblia, Jesús se manifestó en
la calle mezclándose con la sociedad). Pero no se problematiza tanto la falta
de iglesias en el mundo como la autosustracción de las mismas a través del
formalismo que Rescate denuncia cuando crítica la idea de un “Jesús que le
dice a los jóvenes que deben sacarse el aro, cortarse el pelo u ocultar su tatuaje

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para ser Cristianos”. Además esta actualización de Cristo tiene otra dimensión
palpable en el funcionamiento del circuito que une a Rescate con su público:
ella también actualiza una versión de Cristo para los jóvenes creyentes que
muchas veces se encuentran entre la insatisfacción con su iglesia y las oportu-
nidades que abre el mundo. Cristo sale a la calle, porque los jóvenes creyentes
ya están en la calle o están a punto de salirse del rebaño.
        El rescate de los no creyentes que necesariamente están en la calle y la
recuperación de creyentes que se podrían salir de la iglesia están objetivamente
presentes en la intención de “bajar a Cristo”: es ir hacia donde está la necesidad
de un “Jesús vivo y amigo”, de un mensaje de esperanza y dirección durante
las tormentas de la adolescencia. Rescate es entonces presentado como vía de
acceso a un Cristo real, con un lenguaje que, como se define en una página de
Internet sobre la banda, los jóvenes pueden escuchar, entender y digerir. En
la dirección de superar esa brecha Rescate, ensaya una síntesis entre mensaje
espiritual-religioso, juventud y rock, intentando ofrecer una opción para salvar
la distancia entre Jesús y los adolescentes que no son creyentes.

II-Proyecciones
        Rescate es un proyecto que implica asumir riesgos cruzados en
relación con el mundo: ir al mundo y ser tergiversados por el mundo en el
que, no por ese riesgo, se deja de buscar reconocimiento, ser influidos por
éste a cuya atracción es imposible sustraerse en forma absoluta. Rescate
no solo asume que “los cristianos viven en el mundo” como lo hacen de
forma actualmente pragmática algunos evangélicos, sino que se plantea “ir
al mundo” y aunque conciba esa ida como un peligro no deja de actuar,
como se verá, como si ese mundo fuese algo más que la fuente exclusiva de
los malos ejemplos. En esa avenida de doble mano que vincula el mundo y
la iglesia pueden señalarse novedades en un sentido específico: en relación
con cuatro cuestiones particulares Rescate promueve una dinámica no
desprovista de consecuencias. Estas cuestiones son: 1- la redefinición del
recital en clave de culto y viceversa; 2- la definición del grupo religioso, las
premisas que definen la práctica religiosa legítima y la propia composición
del grupo de seguidores; 3- la relación con diversos momentos de la industria
cultural y con lo que surge de ella como masivo, dominante y en ciertos
círculos legítimo; 4-las condiciones en que se constituyen y se relacionan
con la sociedad mayor las identidades emergentes.

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Culto y recital en Rescate:
        Las tradiciones más o menos consolidadas como legítimas en el mundo
evangélico han ido marcando un grado creciente de aceptación de innovacio-
nes en la música de adoración y alabanza que o estaban bajo la dirección del
pastor o tenían en los músicos figuras subalternas y anónimas. Las iglesias
pentecostales (y las evangélicas en general) han pasado de la demonización a la
aceptación y aún la promoción del rock, los instrumentos eléctricos o la música
latina. Incluso, debe decirse que el mundo evangélico acepta crecientemente
la figura del artista bajo la forma del músico que ya no está subsumido en el
pastor y despliega, más allá de todas a las fórmulas de sumisión a Dios -“no
hacemos esto sino para gloria de Dios”-, algunas características del divo10.
Aunque no quieren ser la voz de la Iglesia en “el mundo” proclaman que todas
sus acciones están realizadas a partir de la sujeción a una iglesia y al espíritu a
través de pastores que tienen amplia legitimidad en el mundo evangélico. Así
el complejo de interacciones y sentidos que suponen la presencia de Rescate y
su público en un espacio que está entre el mundo evangélico y el secular trae
elementos nuevos que redefinen y actualizan la tensión entre innovación y
conservadurismo en el campo evangélico. Y es en la elaboración de ese tema
que apreciamos de qué manera se inscribe la presencia de Rescate entre los
jóvenes que se acercan a o son parte de iglesias pentecostales.
        Aunque pueda sonar un tanto inesperado debemos decir que las actua-
ciones de Rescate, desde el punto de vista de la liturgia resultan de un grado de
ortodoxia ejemplar. Rescate es un grupo musical y su performance consiste bá-
sicamente en ejecutar un repertorio de canciones en el que hay varios elementos
de esa performance que resultan singulares y contrastan tanto con la actuación
de un grupo secular como con la de grupos evangélicos que se asumen como
simples mediadores musicales de un culto que tiene en el vértice al pastor que
los convoca (o que, fuera del culto, pueden hacer un show desconectado de una
estructura litúrgica). Esto es claro, por ejemplo, en el papel que cabe a la palabra
del líder del conjunto encuadrando cada show en un momento de la vida del
grupo en relación con su público, con el lugar en que el evento se desarrolla.
Hay un discurso sistemático sobre esa situación, que repone una historia, que
es una historia de evangelización, de propagación de una buena nueva en un
lugar significativo: ninguna presentación es simplemente un recital, un show,
una muestra sino una instancia de localización, de conquista de un espacio se-
cular (Rescate toca en teatros o locales de rock y su actuación siempre subraya
la novedad de la presencia cristiana en ese local). La presentación santifica un

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lugar, porque en el teatro secular del que se trate están tocando jóvenes que son
de Dios. Cada recital es, además, transmisión de una actitud de aceptación de un
don, un señor y un camino. Asimismo el recital santifica porque transmite una
actitud: los músicos de Rescate, especialmente su líder, no se proponen como
estrellas sino como productos de una bendición específica a la que atribuyen
tanto sus habilidades como sus éxitos.
        La transmisión de esa actitud de aceptación de Cristo y la actuación
que testimonia una forma de llevar esa aceptación se desarrolla en el marco
de una “fiesta” en la que se construyen una emotividad y una alegría es-
pecíficas. La posibilidad de adjetivar o sustantivar estos eventos (“fiesta” y
“alegría”) se basan en algo que también promueven: la intersección posible
de lo cristiano y lo secular (una intersección que Rescate produce cosiendo
tradiciones y repertorios -a veces simplemente reforzando las costuras que
ya han sido hilvanadas por aproximaciones previas y pioneras efectuadas
por otros agentes religiosos y/o musicales). Es la “fiesta del rock” - signi-
ficación no tan evidente para el rock argentino en el que otros contenidos
vivenciales han sido tan subrayados como éste11 - conjugada con la fiesta
que puede ser el culto evangélico -significación posible entre otras, pero
pocas veces articulada a la fiesta musical y corporal expansiva que propone
el rock y que Rescate acepta en el propio límite del “pogo”.
        Una presentación tampoco es simplemente un recital porque las cancio-
nes tienen un orden que se adapta al del culto en el desarrollo de una secuencia
de intensidades y motivos: en ambos el crescendo acompaña la presentación de
la bendición y la apoteosis final la celebra. Y tampoco lo es porque la voz del
líder, nuevamente, interviene antes y luego de cada canción para connotar su
sentido aunque más no sea con una frase o una exclamación que desambiguan la
canción para que se sepa que la aventura o el amor en juego son metáforas de las
figuras básicas de la relación del hombre con Cristo. En lenguajes actualizados,
en formas que seguramente redefinen los contenidos tradicionales pero tienen
una estructura sistemática de traducción, la sucesión de canciones, y las letras de
Rescate lleva el mensaje evangélico a una dimensión intimista e individualizada12.
La propuesta de un pentecostés dirigido al corazón de cada joven anuncia que
la vida es posible a pesar de sus asperezas y los conflictos familiares.

Rescate y la redefinición de lo legítimamente evangélico.
         Rescate organiza su actividad en una línea de frontera entre el

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mundo y lo santo. En esa frontera se proyecta tanto a los escépticos a los
que pretende llegar estética y espiritualmente, como a jóvenes de diversas
congregaciones. La mayor parte de su público proviene de estas últimas y
entre estos son muy frecuentes los jóvenes creyentes de segunda o tercera
generación que diversifican su vida religiosa entre la comunidad religiosa y
la comunidad de fans. Entre estos jóvenes que conforman una segunda o
tercera generación de creyentes no faltan los que han abandonado la vida
de congregación y desarrollan toda su actividad espiritual en la comunidad
“rescatera”. En este contexto se da el caso de los creyentes que encuentran
en las canciones de Rescate la palabra de conciliación con la identidad re-
ligiosa transmitida en la familia pero imposible de actualizar a partir de la
palabra del pastor o en la vida de la congregación.
        Además, en la experiencia de la comunidad rescatera no solo se prolon-
ga y diversifica el espacio de la práctica religiosa sino que, también, se avanza
contra corriente y se modifican criterios acerca de lo espiritualmente correcto.
La aceptación del rock en las iglesias evangélicas, controvertida, pero a esta
altura irreversible alcanza un nuevo grado con una ola que, llegada de la mano
de Rescate, no es menos discutida y también ha a llegado para quedarse: el
“pogo”, despliegue enérgico de cuerpos y choques permanentes es parte de las
presentaciones de Rescate y, por tanto, de una espiritualidad que se ensancha
para incluir lo que muchas veces había sido excluido de plano. No faltan los
torsos desnudos y sudorosos, las chicas subidas a los hombros de los varones,
las parejas que se besan. La propuesta es motivo de presentaciones y activaciones
corporales que el mundo evangélico hasta ahora desconocía.
        Una transformación análoga, pero más significativa aún, es la que surge
con la legitimidad de las formas de danza que se ven algunas presentaciones. La
música de rock y las diversas formas en que su interpelación se ha hecho cuerpo
(las formas de baile reconocidas, las asociaciones de imágenes y sonidos propues-
tas por medios audiovisuales) llevan a identificar el rock con un movimiento de
caderas que las iglesias no pueden aceptar aunque acepten la figura de “danzar
de alegría”. La fuerza de este límite no ha sido quebrada, pero va cediendo. En
las congregaciones evangélicas, en los actos masivos en estadios las expresiones
de euforia se asimilaban a las expresiones comunes en los estadios de fútbol:
saltos verticales acompañados por movimientos adelante de los brazos en alto
(expansividad sin sensualidad o sin movimiento pélvico). En las presentaciones
de Rescate se incorpora una nueva figura de danza: el impulso dinámico que
viene de abajo hacia arriba y atraviesa las caderas es rápidamente desplazado a
los brazos (que se mueven, flexionados, de forma alternada hacia delante) y a

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una ondulación del tronco. Las mujeres, y especialmente, la/s que en escena,
desempeñen una función coral realizan esa performance que recuerda a las de
las coreutas femeninas que intervienen en los coros gospel tradicionales. Sólo
que a diferencia de éstas, muchas veces matronas y generalmente vestidas de
largo, puede vérselas en minifaldas. Pocas imágenes pueden transmitir como
ésta lo que queremos subrayar como concepto: un fenómeno como Rescate
funciona produciendo síntesis y por lo tanto novedades. Al menos desde el lado
evangélico de la frontera en que se instala Rescate esto es tangible: mundaniza
la iglesia y de esa forma acompaña la diversificación y acumulación interna de
camadas de fieles de diversos orígenes y modos de adhesión dentro del mundo
evangélico. Esto no ocurre en los términos que dramáticamente proponen
sus críticos evangélicos pues comparado con un recital de “rock secular” se
evidencian la moderación y la contención relativas al funcionamiento de ciertas
censuras impuestas por “la religión”. Pero todo esto sí habla de una forma de
articulación de la comunidad de seguidores de Rescate que enriquece el propio
mundo evangélico en tanto recluta fieles evangélicos en diversos grados de
adhesión, pero también, muchas veces esos mismos fieles, jóvenes rockeros.
         Así la comunidad de seguidores de Rescate se comporta no solo
como una comunidad religiosa, también como muchas comunidades de
fans: apoyan al grupo promoviendo la asistencia a sus representaciones
y sobre todo organizando algo valorado por una parte importante de los
públicos y músicos de rock de la Argentina: el espectáculo que desde abajo
del escenario subraya la labor de los músicos enmarcándola en un juego de
banderas y fuegos de artificio. Que los seguidores de Rescate, incluso en
polémicas concientes entre ellos, decidan llevar adelante este repertorio es
mas que notable. Dicho repertorio, luego del incendio de Cromañón13, ha
quedado deslegitimado y su reivindicación explícita evidencia una especie
de ortodoxia de un viejo estilo rockero que acentúa lo que decimos: que la
comunidad de seguidores de Rescate se enraiza parcialmente en el rock como
estética y como movimiento y no sólo en el mundo evangélico, y no en el
rock en general sino en expresiones específicas del mismo en Argentina. En
el mismo sentido deben entenderse las frecuentes muestras de admiración
pública de los músicos de Rescate hacia los músicos del rock secular que se
produce en Argentina. Rescate se produce en sujeción a una iglesia, pero
no sin devociones hacia ciertos aspectos del mundo que son parte de su
composición como circuito de funcionamiento entre un público religioso
y musical y un grupo musical/evangelizador.

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Lo que se toma del mundo
        Ahora bien: el culto y la congregación se continúan y rehacen en
el recital y en las comunidades de jóvenes rockeros, el mundo evangélico
incorpora al secular. Pero mientras eso sucede la performance de Rescate
articula una zona de contacto entre el mundo evangélico juvenil, las culturas
juveniles no evangélicas y la industria cultural secular que hace que el mundo
secular incorpore y posicione a Rescate.
        Si rescate es una síntesis entre cultura secular y evangélica es necesario
entender más específicamente “qué” de lo secular se absorbe y procesa en esta
síntesis. Para una mirada centrada en las iglesias evangélicas y en sus miembros
adultos pareciera suficiente señalar que lo que se sintetiza es el rock en general.
Pero si se mira desde las jóvenes generaciones evangélicas, sean los miembros
de Rescate o su público, se perciben especificidades significativas. Rescate casi
no integra en su urdimbre el rock pesado o su versión exorcizada, sino los
ritmos del rock latino y sobretodo los del rock que escucharon en los años
90 los jóvenes de las clases medias de la Argentina. Otro tanto ocurre con
su público que reivindica la afinidad de Rescate con varios de esos grupos y
definen a partir de dicha proximidad, mucho más que de cualquier proximidad
religiosa, su predilección “rescatera”. Para los jóvenes que escuchan a Rescate
la música de Los Piojos, Divididos, o a la de Catupecu Machu, puede formar
parte de una continuidad de experiencias musicales positivas.
        Ulises, líder del grupo, por su parte, encarna una versión de liderazgo mu-
sical que insiste en esa proximidad: tanto sus declaraciones como su performance
física hablan de lazos entre su forma de ser y cierto tipo de rockeros argentinos
como Andres Ciro, líder de Los Piojos. Por otra parte no puede dejar de señalarse
que esa penetración de lo secular en la banda se expresa claramente en el hecho
de que Ulises ejerce un liderazgo que implica poner en juego el sex appeal de la
masculinidad, más específicamente, de la masculinidad que ostentan los rockeros
de unas generaciones y unas estéticas en particular: al vigor del rocker tradicional
añade la androginia cultivada por otras vetas también tradicionales y los reflejos
del cancionista enamorado que suele encarnar en la Argentina Andrés Calamaro.
Así se importa al ámbito evangélico mucho más que aquello que satisface a los
conservadores (y a los propios renovadores) bajo el lema de “examinarlo todo
para retener lo bueno”: si con recurso a este leitmotiv, las claves de la expresión
de la sensualidad femenina en el mundo secular están relativamente contenidas es
evidente que, sustrayéndose a ese consejo, las de la masculinidad tienen un lugar
inédito a través de este tipo de importación.

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Lo que el mundo toma de Rescate
        Al mismo tiempo es necesario reparar en un orden de hechos di-
ferente, que contiene a las dos cuestiones ya desarrolladas (la apropiación
evangélica del rock y la rockización del mundo evangélico): es que Rescate, en
tanto síntesis singular, obtiene reconocimiento específico fuera del mundo
evangélico. Las evidencias se presentan en varios niveles. En primer lugar
Rescate es parte del catálogo de compañías grabadoras multinacionales que
han ido a buscar su “tinte especial” y su consecuente capacidad de venta
en un nicho. Puede decirse que este reconocimiento es un simple registro
mercadotécnico, una respuesta que refleja el crecimiento del “nicho evan-
gélico” y se combina con la necesidad de una gran compañía de demostrar
capacidad de abastecer toda demanda que pueda presentarse. Pero en todo
caso quedará pendiente el hecho de que sea esta la banda elegida para tal
fin por las grabadoras y no otra. Además cabe una conjetura que refrenda
un elemento anterior: si se apuesta Rescate por estas razones es porque
se confía en que será bien recibido en el mundo evangélico y por lo tanto
se agregan un elemento más a la legitimidad evangélica de Rescate y la
diversidad del campo evangélico en cuanto a su capacidad de asimilar esta
síntesis. Por otro lado el género “música evangélica” es reconocido en los
premios Gardel que consagran la producción de música local y en 2008
Rescate ha sido la banda ganadora con lo que aquello que venimos diciendo
acerca de la existencia de una dimensión evangélica del mercado de música
se comprueba una vez más. Por otro lado músicos “seculares” reconocidos
por su calidad en el establishment del rock, participan de grabaciones de
Rescate con nombre y apellido, legitimando con el reconocimiento que
poseen el proyecto del rock evangélico. Además: radios especializadas en
rock y suplementos juveniles de los diarios los descubren como curiosidad,
los reportean y los integran de forma relativamente sistemática a su agenda
permanente valorando implícitamente su éxito de público. También, estos
medios, hacen más o menos explícita su sorpresa: los músicos de Rescate
suenan perfectamente tratables, ajenos al proselitismo de formatos e in-
sistencias que la sensibilidad de los jóvenes secularizados de clases medias
que escuchan esas radios, o leen esos suplementos de diario, rechazarían
como anticuados y autoritarios. Finalmente debe decirse que Rescate ha sido
invitado, ha tocado sin contratiempos en festivales establecidos del rock,
como el Pepsi Music y en sus presentaciones-el hecho de que hayan actuado
sin contratiempos, en una escena de rock que, como la de Argentina, le da

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espacio a los vetos del público que es capaz de silbar hasta enmudecer una
propuesta que lo irrite, es significativo sino del reconocimiento al menos
de una tolerancia ganda por un respeto no necesariamente previsible.

Más allá de la tolerancia:
        Hablando de tolerancia: la evaluación que tienen los músicos de rescate,
el posicionamiento que proponen para ser entendidos por el mundo secular, al
que se dirigen polémicamente no esta despojado de matices significativos.
        Los miembros de rescate reivindican para si dos características de que
podríamos creer ajenos al mundo evangélico y, tal vez, monopolizados por
aquellos que pertenecerían a una sensibilidad liberal y secularizada. Ulises,
siguiendo la traza de otros evangélicos que han accedido a la fe evangélica
desde el rock, afirma algo que se aproxima a lo que Jungblut (2007) encuentra
en algunos roqueros evangélicos (“los contraculturales somos nosotros”).
En la misma línea que un informante alguna vez me dijo “Jesus es re loco
el mundo es careta”, Ulises valoriza la resistencia de los evangélicos a las
“presiones” secularistas: desde las que niegan a dios hasta las que pro-
mueven los vicios. Tampoco es ajeno al espíritu de Rescate un reclamo de
lógica multiculturalista que se invoca para hacer entender lo normal de lo
aparentemente paradójico del rock cristiano. Para Ulises la discriminación
en términos del prejuicio religioso es causa del atraso argentino en cuanto
a la música gospel y de la resistencia secular al ingreso de Rescate como
banda de música y como banda de música cristiana: “Si Prince dijera gracias
a dios nadie diría que se volvió loco. Lenny Kravitz es más evangelista que
Palau…”, “Nadie se escandaliza porque Lenny Kravitz reparta bendicio-
nes, Stevie Wonder diga Dios te bendiga y Prince gane premios, ellos son
todos cristianos, si un grupo acá hace eso se alarman.”, “Si artistas como
Eminem o Bono le agradecen a Dios cuando reciben un premio nadie tiene
problema. Pero si yo menciono a Dios la mayoría me mira como si fuera
un fanático religioso. Y la verdad es que a veces es bastante cansador tener
que estar justificándome todo el tiempo por mis creencias.”.
        En las entrevistas, Ulises Eyherabide afirma que no siente contradic-
ción o conflicto alguno entre su religión y la música que ama. Parte de esta
consideración puede explicarse por lo ya sugerido; el líder vuelve a aclarar
que “…la separación entre rock y Cristo se da en el ámbito latino y sobre
todo en el argento, en Europa no existe división, todo es música.”. En

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definitiva, música y mensaje convergen en una misma expresión o quizás,
son indisociables a partir de una misma expresión.
        Si se analiza el sociocentrismo desde el que se percibe tradicio-
nalmente al mundo evangélico, si se toma en cuenta la facilidad con que,
aún en medios analíticos surge el mensaje valorativo, puede entenderse
que esta posición que renueva, en un diálogo más claro con la sociedad la
reivindicación de reconocimiento que efectúan los evangélicos desde hace
décadas tiene una clara función política. Cambia el repertorio discursivo
para exigir igualdad, y cambia para beneficio del grupo reclamante porque
lo hace usando un lenguaje caro a sus contendores: no es lo mismo exigir
“tolerancia”, “permiso para nuestra fe”, o, peor, para “hacer conocer a
Cristo”, que afirmar tanto derecho como el que se reconoce a otros.
        También es conciente una dimensión mercantil de este planteo:
los miembros de rescate hacen valer la densidad de la franja cristiana del
mercado de rock en la que ellos influyen y reivindican lo que le aportan al
rock en términos de pluralización.
        Espíritu autonomista que también se manifiesta en el diálogo que
tiene rescate con las transformaciones políticas contemporáneas: como casi
nunca en Edmundo evangélico rescate, en tanto parte del rock, en tanto
generación, se aviene a la boga latinoamericana que ha puesto en cuestión las
primacías y los criterios políticos de los años 90. En lenguaje necesariamente
metafórico y en tonos moderados Rescate refiere la necesidad de enfrentar
a los poderosos desde la perspectiva de los débiles en eco probable con la
tradición de Sanson -relativamente activa para los evangélicos. “Buscando
Lío”, el título del último álbum de Rescate, resulta toda una innovación toda
una innovación para un segmento cultural que ha invocado siempre el orden
como valor, mucho mas cuando esa actitud esta vinculada a la necesidad de
encarar “combates desiguales” que incluyen por ejemplo, a los migrantes
latinos en EEUU o la situación de los más pobres.

Conclusión: la inculturación realmente existente
        Tomando en cuenta lo que sucede a ambos lados de la frontera
en que se mueve Rescate no parece arriesgado pensar que, aunque los
intercambios se dan de forma bidireccional, la escena secular influye en la
cristiana más que la cristiana en la secular. Sobre esta base es que puede
hacerse un razonamiento como el que formula Prandi (2007) acerca de la

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nulidad del aporte cultural evangélico: la red de instituciones vinculadas a
la religión evangélica absorbe limitadamente la producción cultural masiva
y legítima y, al mismo tiempo no secreta ninguna manifestación que sea
capaz de dialogar con dicha producción (al menos una que sea capaz de ser
reconocida como digno producto masivo, como valor cultural para algún
tipo de autoridad -aunque más no sea para la autoridad objetiva que hace
surgir el numero de compradores que convalida un producto habilitando
un determinado nicho de mercado-) .
        Pero los problemas que asisten a esta forma de comprender las rela-
ciones entre la “cultura evangélica” y “la cultura secular” no son pocos ni
despojados de consecuencias. Al mismo tiempo que esta perspectiva obtura
la posibilidad de justipreciar esas relaciones e intercambios, consagra una
forma parcial de abordar las relaciones entre cultura y religión en general
(una forma que, como demostraremos, va en contra de las premisas que
surgen de la reconsideración contemporánea del concepto de cultura en
las que esa perspectiva intenta apoyarse).
        Si admitimos que ni la cultura ni la religión son entidades homogéneas,
podemos admitir que tanto la “cultura juvenil” como la religión evangélica poseen
segmentos diversos que pueden contrastar o alearse de diversas formas entre sí.
Rescate obra en la frontera entre estos mundos originando transformaciones cuali-
tativamente significativas: el espacio evangélico es seguramente el más afectado por
esas transformaciones. De la mano de Rescate se tornan espiritualmente correctos
una serie de comportamientos que estaban excluidos o demonizados en el mundo
evangélico, de ciertos ritmos musicales, de ciertos espacios, de unas formas de
bailar a unas formas de construir la figura del músico. Pero aunque sea menor, la
transformación que Rescate trae al mundo secular, tampoco está desprovista de
importancia fáctica y analítica: hacer presente y audible en el mundo del rock, algo
que antagoniza con, o toma distancia de, la definición históricamente dominante
del rock, crea una más de las realidades por la cual el rock se torna complejo y
contradictorio. En otros momentos, con la incorporación de los sectores populares
al rock, ocurrió algo al mismo tiempo novedoso y polémico: otros oídos y otras
voces llegaron al rock, surgieron nuevas formas y también discusiones sobre el
valor de la contribución que se insinuaba. En aquel momento también ocurrió
que la identificación del análisis con una de las fracciones en pugna descalificase
en nombre de la ciencia social aquello que al analista no le gustaba (Semán, 2005).
Es preciso preguntarse si con la desconsideración del incipiente aporte evangélico
a la “cultura juvenil” no ocurre algo análogo. Y esto sucede especialmente del tema
referido al uso de drogas. Rescate habla contra las drogas en el seno del rock que

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no sintoniza con esa idea y es recibido y escuchado por el establishment del rock
(la postura crítica contra el uso de drogas no es patrimonio de los creyentes en el
rock argentino, por otra parte). Más que comprender esto como la autosustracción
de los jóvenes evangélicos de una supuesta naturaleza juvenil orientada automá-
ticamente a diversos usos de drogas -debido a una interpretación “sixticéntrica”
de la situación de la juventud- debemos entenderlo como parte de la conflictiva
específica que caracteriza a la situación de los jóvenes contemporáneos: tienen
presentes las drogas y sus usos y, a favor o en contra de los mismos, se desarrollan
argumentos, prácticas, perspectivas y conflictos específicos. Rescate y otros son
parte de ese conflicto.
         Al analizar los supuestos de diversos modelos de conversión Banag-
gia, (en prensa) muestra que en las teorías mas utilizadas prevalecen supues-
tos sustancializan la cultura y la religión (a esta ultima siguiendo el modelo
de la primera). En ese contexto propone una formula que encuadra mejor
las relaciones entre Rescate y su público (evangélico y no evangélico):

        “Abandonando o requisito missionário de ‘substancialização’ de unidades,
        deixa de fazer sentido falar em continuidade (ou, o que seria pior, em ‘sobre-
        vivência’) em oposição a mudança. Se o antropólogo parte, em vez disso, da
        idéia de que sua matéria de trabalho consiste em multiplicidades complexas,
        parcialmente conectáveis, outro quadro se apresenta – um quadro que não
        impede que se pense em conversão, desde que conversão possa dizer outra
        coisa. Precisa dizer, talvez, uma espécie de transformação ou translação, uma
        relação entre versões elas mesmas em efervescência contínua”.

        Así aún cuando la fragmentación sea tan sólo un momento de la
sociedad contemporánea, y aún cuando sea necesario conectar dicha frag-
mentación con lógicas más profundas del capitalismo es verdad que esa
fragmentación es causa y efecto, momento de lo social y en tanto tal es un
efecto de la productividad de los “evangélicos” en “la cultura”.
        Grignon y Passeron advirtieron largamente contra los riesgos de
los análisis en los que la perspectiva analítica asume la perspectiva del actor
dominante en el conflicto que se intenta describir ocluyendo la potencia y la
positividad de los dominados (el caso clásico es el uso de las la transformación
de las categorías de los detentores del buen gusto en categorías de análisis del
gusto de todos los grupos). El dominocentrismo es un riesgo permanente
por definición: los analistas no dejan de ser solicitados por las partes y mucho
más por la que tiene poder de definición de las situaciones. Y esto también
es válido en sociedades tensadas por conflictos múltiples, cruzados y cam-

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biantes y lo es más aún en casos en los que lo emergente es recientemente
emergente, en que su contribución es ontológicamente positiva pero débil y
embrionaria. En este sentido la supuesta insignificancia del aporte cultural
evangélico a los ojos de la cultura masiva o legítima és más un problema que
una conclusión tranquila. La afirmación de la irrelevancia debería solicitar,
antes que la aceptación automática, la sospecha de la medida en que hay una
especie de sociocentrismo que mimimiza y refiere el aporte cultural evangé-
lico, en un tiempo en que, previsiblemente, luego de autoexluídos del mundo
por doctrina y por origen misionero, comienzan, por el hecho mismo de su
adaptación y su crecimiento demográfico, a pesar sobre la sociedad.
         Por otro lado debe decirse que en estas mixturas que se producen a partir
del diálogo y síntesis entre momentos de la “cultura evangélica” y la “cultura ju-
venil” se revela una paradoja: los evangélicos se muestran, a pesar de su distancia
teológica respecto del concepto, ser los campeones de la inculturación. La deriva
de rescate, primero voz popular que capta la presencia evangélica en el mundo,
luego voz evangélica que instituye con Rescate una operación hacia el mundo
metaforiza esta idea. Esa deriva describe un círculo en el que la fe evangélica se
ha diseminado, ha vuelto a la iglesia y ha sido relanzada construyendo nuevas
modalidades de iglesia y es, nítidamente, parte de lo que Arrupe (1978) describiría
como inculturación, proceso, encuentro, inseminación y redireccionamiento de
una cultura a partir de la semilla del evangelio y el humus de la cultura receptora.
Esto demuestra, además, la necesidad de correrse del nominalismo para percibir
la relación entre los evangélicos y las culturas en que se implantan: los evangéli-
cos no necesariamente hacen lo que dicen (o lo que nosotros creemos por una
ecuación discutible: protestantismo=pentecostalismo realmente existente) en
cuanto a su interpelación y constitución de la individualidad y el libre albedrío.
Los evangélicos y su dispositivo cultural no pueden ser concebidos como fue
percibido el protestantismo en tanto fuerza de la modernización14. Acá, como
en otros casos, la lógica de la afirmación “quisieron catequizarnos, salió carnaval”
tiene validez. Es obvio que una interpelación individualista sólo puede prosperar
en una cultura individualista (o en una que pueda serlo), pero cuando esa cultura
no lo es (o lo es de forma específica) no quiere decir que su interpelación no
pueda reformularse o dar frutos por caminos impensados: la interpelación de
Rescate, dialoga con una “cultura juvenil” en términos de sus significaciones y
sus sujetos y los conmueve en sus figuras que son al mismo tiempo individuales y
colectivas. Si los convierte de a uno es porque antes los ha identificado, interpelado
y convertido como categoría, como colectivo claro y distinto y porque ha logrado
ir hacia ellos a través de sus medios y sus símbolos15. A los jóvenes “rebeldes” y

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