LOS SIETE TIPOS HUMANOS Y LA PSICOSINTESIS - Roberto Assagioli - ESCUELA ESPAÑOLA HUBER DE ASTROLOGIA

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Roberto Assagioli

LOS SIETE TIPOS HUMANOS
   Y LA PSICOSINTESIS

    ESCUELA ESPAÑOLA HUBER   DE
           ASTROLOGIA
« I Tipi Umani », de Roberto Assagioli. Instituto di Psicosintesi, Florencia.
« Los siete tipos humanos y la Psicosíntesis ». Versión castellana 1994

Este libro ha sido traducido por Lluïsa Sallés y editado por la Escuela
Española Huber de Astrología como complemento a los cursos a distancia.

Barcelona, 1994
Indice

Introducción, 8

El Tipo Voluntarioso, 15

El Tipo Amoroso, 25

El Tipo Activo-Práctico, 41

El Tipo Creativo-Artístico, 55

El Tipo Científico, 65

El Tipo Devoto-Idealista, 75

El Tipo Organizativo, 87
5-

                                   Prefacio

      A lo largo de los años, diversos movimientos psicológi-
cos han intentado “tipificar” o clasificar al género humano.

       “Una clasificación resulta muy útil si ayuda a recono-
cer y a comprender diferencias de tipo que ya existen dentro
del    esquema de la naturaleza. Una clasificación que se
base en divisiones artificiales, arbitrarias o superficiales ten-
drá un valor práctico limitado y puede convertirse en un obs-
táculo y en causa de distorsión de nuestra percepción de la
realidad.” (*)

        En la naturaleza vemos que las distintas formas van
evolucionando para expresar arquetipos más importantes que,
en sí mismos, son manifestaciones de las leyes universales.
Estas leyes también son aplicables a las formas en que nues-
tras personalidades están organizadas como aspectos integra-
les e interdependientes de la naturaleza.

       El contexto a partir del cual se desarrollan los modelos
de la psicosíntesis es que cada Yo Superior tiene un modelo
con ciertos atributos que sirve de guía para el desarrollo y la
realización de cada individuo. El Yo Superior es un punto de
enfoque coherente que cualifica y diferencia las energías uni-
versales a medida que se van individualizando. La personali-
dad es el campo en el que estas energías universales se hacen
objetivas. El modelo para cada individuo describe la totalidad,

* “El Acto de Voluntad” R. Assagioli -
  Apéndice 5, La Psicología Diferencial.
-6                                 Tipologia humana y psicosíntesis

es único, se desarrolla de forma adecuada (por ejemplo, en el
tiempo) y, cualitativamente, afecta a la integración de la per-
sonalidad.
       El esquema de los tipos de psicosíntesis proporciona
un contexto para comprender más específicamente la diferen-
cia entre estos arquetipos principales al manifestarse a través
de los distintos niveles de la personalidad: a través de la men-
te, dando forma al propio modelo de pensamiento; a través
de los sentimientos, afectando a la propia vida emocional; y a
través del cuerpo, dando origen a las diversas formas de
expresión física.

        Los tipos sirven para alinear estos niveles y para inte-
grar la personalidad como vehículo para la expresión del Yo.
Aunque todas las personalidades respondan a las mismas
leyes universales o arquetípicas, cada camino individual es
particular. Cada uno es un complejo único de atributos o
tipos altamente diferenciados que se entremezclan, se com-
pensan y se equilibran y, juntos, contribuyen a crear el mosai-
co de la propia vida. El valor que tiene la comprensión de los
tipos radica en ver que, objetivamente, son energías calificati-
vas en lugar de energías definitivas. Cada uno tiene una nota
o color distintivo que le da forma desde el interior. Son prin-
cipios de limitación así como de expansión, que dotan al
individuo de oportunidades a lo largo del camino de la Auto-
rrealización.

       Creo que la clave no se encuentra en determinar cuá-
les son los tipos, sino más bien en cómo responde cada indi-
viduo frente a los tipos que le afectan. Un estudiante, cuya
mente era de tipo Creativo-Artístico, dijo: “Es un gran alivio
comprender el modelo de mi pensamiento. Siempre experi-
meté grandes conflictos al poder ver las dos caras de cada
cuestión, teniendo que escoger entre una u otra. Ahora me
Tipologia humana y psicosíntesis                            7-

doy cuenta de que, incluyendo ambos lados, en mi pensa-
miento hay armonía y belleza en lugar de caos y confusión.”
Y otro que vio que sus sentimientos eran de tipo Devoto afir-
mó: “Siempre he sido intensamente leal y me he visto empu-
jado a atarme a las ideas de otras personas, lo que ha altera-
do mi discernimiento. Resulta muy útil ver que esa energía
emocional unidireccional me puede servir para retener las
ideas intuitivas que entreveo, mientras construyo o determino
las formas apropiadas para su expresión. Noto que tengo un
mayor grado de elección en lo referente a cómo respondo
ante la estructura de mi vida.”

                                         Joan I. Evans Editora
-8                                 Tipologia humana y psicosíntesis

                       Introducción

        La importancia práctica de la ciencia de los tipos
humanos radica en su aplicación sobre nosotros mismos: el
intento de clasificarnos a nosotros y a los otros es un ejercicio
muy útil e interesante que debería capacitarnos para mejorar
nuestra percepción psicológica. No obstante, al intentar lle-
varlo a cabo descubrimos que es fácil identificar a algunos
individuos, pero que otros nos crean dudas y confusiones, o
bien -incluso una vez clasificados- nos encontramos más ade-
lante con la necesidad de reconsiderar nuestra opinión. Son
varias las causas de este problema y es útil examinarlas con el
fin de mejorar nuestra comprensión sobre el tema.

       En primer lugar, hay individuos que parecen resistirse
a todo intento de clasificación. Estos se subdividen en dos
grupos: el primero está compuesto por aquellas personas no
tan bien integradas a las que podría llamarse apáticas en
cuanto a la expresión de sus cualidades latentes, y el segundo
grupo está compuesto por individuos con un mayor desarro-
llo que son polifacéticos y versátiles y que han alcanzado un
estadio más avanzado en los diversos aspectos de sus perso-
nalidades.

        En segundo lugar, una etapa de la vida o una expe-
riencia especial puede encubrir el tipo fundamental de una
persona durante un cierto tiempo y puede dar la impresión
de que pertenece a otro tipo. Por ejemplo: una persona de
tipo mental puede enamorarse (¡ni el científico más adusto es
insensible al amor!) y, durante un tiempo, este hecho puede
dar la impresión de que pertenece al tipo amoroso, causando
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por ello un error en nuestra clasificación.

       Finalmente, hay otra causa de error que es más intere-
sante porque surge de un principio fundamental de nuestra
vida psicológica y, a su vez, este principio es la manifestación
de una ley natural. Está en relación con la existencia de la
compensación y la hipercompensación.

        La ciencia médica ha descubierto la existencia de una
maravillosa fuerza corporal de autorregulación y de reacción
compensatoria que siempre tiende a mantener o a restablecer
la armonía y el equilibrio en las funciones y estados físicos.
Un ejemplo de ello puede observarse en el ingenioso modo
en que el cuerpo, mediante la dilatación y contracción de los
vasos sanguíneos y gracias al proceso de respiración, mantie-
ne una temperatura constante a pesar de las grandes variacio-
nes entre frío y calor del entorno exterior. Otro ejemplo es el
de la complicada influencia recíproca de las glándulas endo-
crinas, cuyas bien reguladas polaridades dan como resultado
un equilibrio dinámico que hace posible la vida física.

       El mismo principio actúa en nuestra vida psicológica,
donde tiende a corregir excesos e irregularidades estimulando
los elementos que son contrarios o complementarios respecto
a los dominantes. Sin embargo, por algunas razones, esta
fuerza de autorregulación y compensación no siempre funcio-
na correctamente, ya sea en nuestra vida física o psicológica.
A veces resulta inadecuada; otras veces opera en exceso, pro-
duciendo reacciones exageradas o lo que llamamos hiper-
compensación. De hecho, a menudo tenemos la tendencia de
sobrestimar precisamente la cualidad que nos falta.

      Dos ejemplos famosos de hipercompensación son los
de Nietzsche y Tolstoi. Originalmente, Nietzsche poseía una
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naturaleza sensible, apasionada pero bastante débil y, en sus
esfuerzos desesperados por vencer sus limitaciones, dio
demasiado valor al poder y a una voluntad rigurosa e inflexi-
ble, llegando al extremo de justificar la crueldad misma.

       El caso de Tolstoi se encuentra en el extremo opuesto.
Siendo por naturaleza un hombre de gran vitalidad, Tolstoi
era impulsivo y violento, con unos instintos muy fuertes y
con un gran amor por la belleza y el bienestar físico. Intentó
dominarse y en la lucha contra su exuberante naturaleza, que
podemos leer en su diario (un documento psicológico y
humano de gran valor), llegó a glorificar la no resistencia
frente al mal y el celibato y, con el tiempo, llegó a sentir un
desprecio excesivo por el arte y a condenar totalmente la civi-
lización moderna.

       Aparte de estos conocidos ejemplos, tenemos muchos
casos, entre divertidos y patéticos, de hombres débiles, tími-
dos y fracasados que fingen poseer cualidades napoleónicas.

       Estas hipercompensaciones pueden observarse a
menudo en el comportamiento que tienen de cara al exterior,
por lo que nos resultan familiares las personas tímidas que se
comportan con arrogancia y agresividad como reacción ante
su naturaleza interna. Quizás menos conocidas sean las per-
sonas del tipo opuesto, que parecen tímidas e irresolutas pero
que, en esencia, son individuos violentos. Temiendo no
poder controlar su carácter explosivo, se contienen y se
esconden bajo unas formas de sumisión y aquiescencia. Un
caso similar es el de los tipos hiperemotivos, que reprimen
violentamente sus sentimientos y asumen un aire frío e insen-
sible.

      Después de descubrir el tipo al que pertenecemos,
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debemos enfrentarnos al problema, a la vez práctico y espiri-
tual, de cómo utilizar los conocimientos adquiridos para efe-
cutar nuestra autorrealización.

       Las tareas a las que cada tipo psicológico debe enfren-
tarse pueden indicarse sintéticamente del siguiente modo:

1. Expresión           2. Control           3. Armonización

Expresión
La primera cosa que debemos hacer es aceptar en nuestro
interior el tipo al que pertenecemos. Ello no significa que
aceptemos pasiva e inconscientemente nuestro propio carác-
ter, sin un conocimiento de nosotros mismos o sin ningún
tipo de intento por desarrollarnos, tal y como vemos que
hacen la gran mayoría de las personas, que se dejan llevar
ciegamente por todo lo que les sucede. Se trata más bien de
reconocer -de forma consciente y voluntariosa- las potencia-
lidades de nuestro tipo, así como lo que nos puede enseñar,
sus oportunidades y peligros y, finalmente, el tipo de servicio
que puede llevar a cabo en el mundo. Se trata de una acepta-
ción abierta y bien informada, que se basa en el reconoci-
miento del hecho de que sólo mediante una sabia utilización
de nuestras cualidades actuales podremos liberarnos de nues-
tras limitaciones. Esto es algo que no podremos lograr si
seguimos ignorando nuestro tipo, desdeñándolo o intentando
evitarlo, tal y como muchos hacen, imitando a otros tipos de
forma consciente o inconsciente o corrigiendo a la fuerza las
limitaciones mediante hipercompensaciones. Por todo ello,
nuestra tarea principal debe ser la expresión y perfección de
nuestro tipo de la forma más pura y más desarrollada posible.

Control
La segunda tarea a la que debemos enfrentarnos es la de con-
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trolar y corregir los excesos del tipo psicológico al que perte-
necemos. Todos tenemos la tendencia de seguir la línea de
menor resistencia y seguir así expresando y desarrollando la
cualidad que ya es activa en nosotros. Esto es algo agradable
y útil y, aparentemente, es una forma positiva de vivir. No
obstante, si nos complacemos demasiado de este modo, se
producirá una falta de armonía creciente y un desarrollo dis-
torsionado. De hecho, esto es algo que frustra el objetivo pri-
mordial de nuestra evolución, que es el de producir personas
íntegras con todas las facultades desarrolladas a todos los
niveles.

        Incluso podemos decir más. Si un aspecto de nuestro
ser se desarrolla en exceso, llega un momento en que la
expresión de sus propias cualidades se detendrá. Por ejem-
plo: si una persona científica desarrolla su tipo y la actividad
mental monopoliza su vida, dejando su naturaleza emocional
estéril y su cuerpo físico exhausto, el resultado es que incluso
su actividad mental disminuirá. Un principio similar se
encuentra en todos los otros tipos psicológicos. Por ello, es
necesario controlar la cualidad predominante y mantenerla
dentro de ciertos límites. No es una tarea fácil, sino que es
más bien desagradable y a veces provoca una rebelión en la
personalidad.

        Pero la vida misma, con sus límites y exigencias infle-
xibles, a menudo nos lleva hacia un control más o menos
constante y completo de nuestro tipo psicológico. Cuando
esto ocurre, no debemos preocuparnos, ni angustiarnos, ni
luchar contra las circunstancias, que es lo que muchos tien-
den a hacer. La actitud correcta es una sabia aceptación basa-
da en el conocimiento de la vida y en la comprensión de su
justicia y de su propósito benigno. Así podemos someternos a
una disciplina de forma más moderada y razonable.
Introducción                                                13-

Armonización
Esta tercera tarea, que a menudo va de la mano de la prece-
dente, consiste en cultivar las facultades todavía sin desarro-
llar de nuestro actual carácter psicológico. Esto también pue-
de resultar desagradable para nuestras personalidades y pue-
de provocar reacciones conflictivas. Es algo que ocurre en
individuos del tipo artístico que son obligados a realizar un
trabajo práctico, o también en tipos sensibles confinados a un
entorno desagradable, etc. Aquí hay también que aprender
una lección vital, y es que cuanto más pronto asumamos la
tarea con gusto y conscientemente, más pronto conseguire-
mos liberarnos de las dificultades de la situación. De hecho,
cuando hayamos conseguido nuestro objetivo, éste ya no ten-
drá razón de existir.

        Hay muchas formas de llevar a cabo estas tareas de
control de nuestros excesos y desarrollo de los elementos que
nos faltan. Básicamente, es una cuestión de voluntad en su
diversidad de aspectos como: decisión, unidireccionalidad,
persistencia y dominio.

        Estas tareas pueden hacerse más fáciles relacionándose
de forma activa y provechosa con individuos de tipo distinto.
A veces, esto lo organiza la misma vida y, más precisamente,
la ley de la polaridad, que crea una atracción entre contrarios
(un claro ejemplo de este hecho es la atracción entre los
sexos, que tiene su ejemplo más obvio a nivel físico pero que
también opera a otros niveles). Por esta razón, la amistad y el
contacto entre personas de distintos tipos es beneficioso y
fructífero. Todos deberíamos buscar la compañía de personas
que pertenecieran a otro tipo durante nuestro tiempo libre.
Por ejemplo, una persona de tipo científico debería cultivar la
amistad de artistas e interesarse por su trabajo; un hombre
práctico debería asociarse con personas de tipo intelectual o
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artístico en su tiempo libre, etc. Esta es una forma fácil y agra-
dable de desarrollar nuestras facultades latentes y de corregir
la parcialidad y las limitaciones de nuestro propio tipo.

        El conocimiento, la comprensión y la sabia utilización
de elementos contrastivos son principios fundamentales no
sólo en la pintura y en la música, sino también en el arte de
vivir. Cada uno de nosotros puede y debe dar forma -a partir
del material vivo de su personalidad- a un objeto de belleza
a través del que pueda manifestar adecuadamente su Yo
transpersonal y que tanto puede ser de plata, de mármol o de
oro.
El Tipo
Voluntarioso
-16                                          Tipologia humana y psicosíntesis

       Antes de describir y de hablar sobre este tipo, quizá
sea positivo examinar brevemente la esencia específica de su
cualidad con el fin de comprenderlo claramente. Esto es espe-
cialmente importante para el tipo que ahora vamos a conside-
rar.

        Es bastante sorprendente, y muy significativo en algu-
nos aspectos, el hecho de que el estudio y la consideración
de la voluntad haya sido generalmente olvidado en la psico-
logía contemporánea. Los behavioristas, naturalmente, nunca
podrían atribuirle importancia alguna a esta fuerza interna, ya
que una revelación de este tipo destruiría por completo su
mito de que el hombre es simplemente el efecto de sus refle-
jos. Incluso el psicoanálisis, con la importancia que da a la
interacción de los instintos y la fantasía y al rol central del
inconsciente, ha dejado poco campo de acción para la volun-
tad.1 Incluso Jung y Schmitz, representantes de una tendencia
más sensata y progresista, prestaron poca atención a la volun-
tad.

       A decir verdad, sí que ha habido cierta tendencia
voluntarista en psicología. Wilhelm Wundt, fundador de la
psicología experimental, creía en la doctrina voluntarista, pero
su concepción de la voluntad no estaba bien definida y no

1. No obstante, deberíamos recordar la notable excepción del psicoanalista disi-
dente Otto Rank. En su libro Technik der Psychoanalyse (Leipzig y Viena, F. Den-
ticke 1926-31), sacó a la luz la importancia capital de la voluntad, aunque de for-
ma algo parcial.
El Tipo Voluntarioso                                        17-

distinguía claramente entre la voluntad y otras cualidades y
funciones psicológicas tales como la percepción y la emoción.
También ha habido un número limitado de estudios en torno
a la investigación experimental de la voluntad que han dado
resultados muy interesantes y dignos de consideración. Los
pioneros en este campo fueron Ach y Michotte, cuyos méto-
dos han sido seguidos y mejorados en los últimos años espe-
cialmente por Aveling.

       Las conclusiones de Aveling, a las que llegó mediante
métodos válidos y fiables, son de gran importancia. El resul-
tado principal de sus investigaciones sobre el acto de volun-
tad es la confirmación científica de la experiencia directa y
positiva de la existencia del Yo como una realidad viva. Este
hecho tiene unas consecuencias trascendentales. Proporciona
un nuevo apoyo a las afirmaciones de aquéllos que, a través
del despertar de su conciencia interior, han tenido una expe-
riencia directa del Yo. La realidad del Yo, una vez admitida su
existencia y su lugar fundamental en la vida de la psique,
constituye un punto central alrededor del cual podemos reu-
nir y coordinar todos los otros factores psicológicos.

        Un segundo resultado importante de esta investigación
es que la voluntad es la expresión más directa del Yo. Por
ello, si comparamos la famosa afirmación de Descartes de
“Pienso, luego existo”, con la del filósofo polaco Ciezkowsky,
“Quiero, luego pienso y existo”, la segunda parece tener
mayor valor.

       El tercer resultado de esta investigación es que la
voluntad no es un esfuerzo: es un objetivo, una elección y
una decisión. En otras palabras, es una fuerza que dirige, ini-
cia y orienta. Recordando estas características de la voluntad,
no es difícil identificar y comprender las cualidades expuestas
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en el correspondiente tipo humano.
       A nivel físico, el tipo voluntarioso se caracteriza por
una acción rápida y decisiva, valor, fuerza para conquistar,
mandar y dominar tanto el entorno físico como a otras per-
sonas, con una tendencia hacia la competitividad e incluso
hacia la violencia y la destructividad.

       En la esfera emocional, el tipo voluntarioso es decidi-
damente introvertido. Inhibe toda demostración de emociones
y sentimientos, puesto que los considera como obstáculos y
peligros para la eficiencia de sus acciones y para la unidirec-
cionalidad de sus objetivos. Pero no se detiene al inhibir sim-
plemente la expresión de sus emociones, sino que a menudo
tiende a suprimirlas por completo. Tiene poca consideración
ante los sentimientos de los demás y ante los suyos propios.
Este hábito, que puede llevar a actos heroicos y a acciones de
autosacrificio, puede producir con facilidad insensibilidad,
rudeza y crueldad en personas que no estén bien integradas.
En todo caso, esto tiende a limitar el desarrollo de la sensibili-
dad psíquica, tanto la de tipo positivo como negativo. Cuando
están en juego sus emociones, el tipo voluntarioso tiende a
ser impaciente, agresivo y fácilmente irritable.

        A nivel mental, el tipo voluntarioso a menudo presenta
una clarividencia, que no se ve influenciada ni distorsionada
por las emociones. En la madurez, tiene una mente abierta y
una visión sintética, y tiene más en cuenta la visión general
que los detalles. Tiene un gran poder de concentración y una
unidireccionalidad dinámica. En el plano mental, expresa su
combatividad en el amor mediante la discusión y la crítica, y
éste es uno de sus defectos principales. Tiene una gran capa-
cidad de herir, y esto puede ser tan destructivo como la vio-
lencia física.
El Tipo Voluntarioso                                         19-

        Esta propensión a la crítica está muy desarrollada -a
menudo en extremo- en aquellas personas cuyo modo de
vida no les da la oportunidad de una actividad externa vigo-
rosa, lo que les ayudaría a descargar sus energías combativas
y dinámicas. Estas personas utilizan sus energías para la críti-
ca mental y las batallas verbales, para las que siempre se pre-
senta una oportunidad! La tendencia a criticar se ve incre-
mentada por la seguridad en sí mismo y por el orgullo mental
de este tipo, que nunca duda en tener la razón.

       El tipo voluntarioso tiene un agudo sentido de la justi-
cia y una buena mentalidad legal. Puede ser un buen legisla-
dor y es capaz de interpretar las leyes existentes equitativa-
mente y aplicarlas de forma imparcial. No obstante, al hacer-
lo es probable que sea demasiado rígido y formal, que no
sepa apreciar el elemento humano del caso y que juzgue el
“crimen” dentro de lo abstracto. A menudo se olvida de tener
en cuenta la psicología del infractor y las circunstancias en
que ha vivido y actuado.

       En cuanto a la intuición, nos encontramos con una
aparente contradicción. La primera impresión es que al tipo
voluntarioso le falta intuición. De hecho, a menudo no com-
prende a las otras personas. Su egocentrismo, aislamiento
emocional y falta de sensibilidad psíquica le confieren una
mala comprensión psicológica. No se interesa por los demás
como seres psíquicos.

       Sin embargo, en el terreno de la realidad abstracta,
este tipo puede mostrar una comprensión intuitiva veloz y
segura de los principios, leyes generales y conexiones univer-
sales.

        Antes de considerar las caracterísitcas de la personali-
-20                               Tipologia humana y psicosíntesis

dad y las del Yo, quisiera explicar cómo distingo entre las
dos, tanto en este caso como en el de los otros seis tipos.
Considero que son características de la personalidad aquéllas
que pueden ser juzgadas como cualidades egocéntricas y
separadoras que la personalidad humana posee antes de
entrar en contacto consciente con el Yo y sentir su influencia.
Por otra parte, las características del Yo son aquéllas que
poseen una verdadera cualidad transpersonal y que se expre-
san cuando el Yo penetra en la personalidad con su luz, bri-
llando a través de ella y trabajando en ella hasta un punto
determinado.

       La característica personal más importante del tipo
voluntarioso es el ansia de poder. Esto se manifiesta en forma
de ambición, autoafirmación, deseo de dominar a otros y de
ser la figura central del escenario. Fácilmente degenera en
egoísmo, testarudez y obstinación. Con el fin de alcanzar sus
metas, la persona de este tipo puede convertirse fácilmente
en arrogante y sin escrúpulos. Otra característica básica debi-
da a la supresión de las emociones es el aislamiento. No tie-
ne necesidad de otras personas y desconfía de ellas, por lo
que las mantiene a distancia. Esto se debe también a que de
este modo puede ejercer mayor poder sobre ellas.

        Este tipo de persona es simple, bien definido y fácil-
mente reconocible. No obstante, hay personas dominadas por
el ansia de poder que son más complicadas y presentan un
comportamiento desconcertante. Pueden ocurrir muchas
cosas cuando las ansias de poder se reprimen debido a una
inferioridad física de alguún tipo, debido a la oposición
de una persona más fuerte (especialmente durante la niñez
o la adolescencia), o debido a una gran sensibilidad emocio-
nal o necesidad de afecto. Lo más común es el agravamiento
de las ansias de poder, que luego utilizan en exceso, sin pie-
El Tipo Voluntarioso                                          21-

dad y cruelmente. Esto desemboca en muchos actos crimi-
nales. Otra consecuencia es el intento consciente -o, más
a menudo, inconsciente- de dominar con unos medios indi-
rectos, engañosos y sutiles, como por ejemplo a través de sín-
tomas físicos y comportamiento neurótico. Este tipo en parti-
cular lo describe Alfred Adler con gran habilidad.

       Las cualidades transpersonales de este tipo son admira-
bles y dan muestras de gran belleza y bondad; las personales
son agresivas y, a menudo, dañinas. La voluntad transperso-
nal se manifiesta principalmente como un valor moral y
como una buena disposición y capacidad para asumir respon-
sabilidades, enfrentarse a peligros de todos tipos y arriesgar el
propio bienestar, reputación e incluso la vida por una causa
noble.

        Otras cualidades del tipo voluntarioso son: verdadera
confianza en sí mismo e independencia interior; equilibrio;
simplicidad de objetivos; persistencia; generosidad, basada en
la falta de deseo por las cosas materiales; amplitud de miras e
imparcialidad. La más alta expresión del tipo voluntarioso es
la sumisión total de la voluntad individual a la Voluntad Cós-
mica, en una identificación con el ritmo del Universo.

        No es difícil reconocer los ejemplos más famosos de
este tipo. Varios místicos y personalidades históricas lo ilus-
tran. Zeus/Júpiter es una proyección gigante de seres de este
tipo. Su heroico antagonista, Prometeo, es otro modelo ideal,
al igual que Hércules. Los grandes gobernantes y conquista-
dores de la historia demuestran sus rasgos más o menos
admirables en diversas proporciones; podríamos citar a Ale-
jandro Magno, Julio César y Napoleón.

        El estudio de los tipos psicológicos es útil no sólo para
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comprender la naturaleza y el comportamiento de los indivi-
duos, sino también para comprender a grupos mayores como
pueblos, naciones, civilizaciones y culturas. Los esparta-
nos y los antiguos romanos caracterizaron a este tipo por ser
conquistadores, gobernantes y legisladores. Del mismo modo
lo hicieron los ingleses, con su voluntad y su capacidad para
gobernar, su “insularidad”, autocontrol y supresión de emo-
ciones. También se hace evidente tanto en los alemanes
como en los judíos en algunos puntos concretos. 2

       Se pueden encontrar evidencias de este tipo en filoso-
fías y religiones: en el Antiguo Testamento, en la filosofía
Vedanta (especialmente en la Escuela Advaita) y en el Budis-
mo Zen. Entre los filósofos modernos podemos mencionar a
Nietzsche, Max Stirner y Julius Evola.

       En arquitectura y escultura podemos citar la simplici-
dad, sobriedad y austeridad del estilo dórico en Grecia, que
da una impresión de poder reprimido.

       En música, el genio de Wagner inspiró y evocó fuerte-
mente la vibración de la voluntad y el poder mediante ciertos
temas como Sigfrido, las Walkirias y la entrada heroica de los
dioses en Walhalla.

       Si hacemos una lista de las funciones principales de
este tipo, podemos descubrir las ocupaciones y actividades
adecuadas para él y en las que tendrá éxito. Las funciones

2. Los antiguos judíos (y aquéllos que siguen fieles al tipo original) eran belicosos,
separatistas, llenos de orgullo y se consideraban a sí mismos elegidos; tenían un
culto verdadero y un agudo sentido de la ley; cultivaban la autodisciplina y la aus-
teridad. Algunas características de los judíos modernos que parecen diferentes y
contrarias a aquéllas pueden considerarse como sobrecompensaciones, desviacio-
nes o derivaciones debidas a circunstancias particulares y a presiones externas.
El Tipo Voluntarioso                                          23-

principales son: dominar, guiar, gobernar, castigar, juzgar,
destruir y conquistar. Esto ya indica las correspondientes
vocaciones de líder, rey, emperador o presidente de un esta-
do; de legislador, militar y, en general, luchador de todo tipo
hasta llegar a boxeador profesional; y, finalmente, explorador.
También quisiera añadir la vocación de cirujano, porque
requiere la voluntad en términos de valor para asumir respon-
sabilidades, para tomar decisiones con rapidez y también
porque el cirujano a menudo actúa como destructor benéfico
de miembros y órganos enfermos. También es sabido que,
generalmente, los cirujanos siguen sus impulsos y tienen de
forma instintiva una buena coordinación, lo que constituye
otra característica del tipo voluntarioso.

      Las tareas psicosintéticas de este tipo se dividen en dos
grupos:

1 Alineación, armonización, integración, unificación.
2 Transmutación y sublimación.

1. Puesto que este tipo es marcadamente independiente y de-
   bido a que su gran capacidad para alcanzar posiciones de
   influencia y de mando le hacen realmente peligroso, tanto
   la alineación como la integración son absolutamente esen-
   ciales para él. El equilibrio fundamental le resulta indispen-
   sable y se le hace accesible mediante la evocación del
   amor. De hecho necesita desarrollar el amor, la compren-
   sión, la empatía y la compasión de forma tal que pueda ser
   capaz de expresar buena voluntad. Otras cualidades que el
   individuo voluntarioso debe cultivar son la sensibilidad, la
   intuición y la capacidad de cooperar antes que simplemen-
   te dominar, imponer y dirigir a los otros. Debe abandonar
   la soledad a la que está tan atado y descender de su torre
   de marfil de forma que aprenda a vivir con sus semejantes.
-24                              Tipologia humana y psicosíntesis

2. La tarea de sublimación -a la que todo hombre dotado de
   una fuerte voluntad debe hacer frente- es la de transfor-
   mar su voluntad personal, egoísta y separatista, en una
   voluntad transpersonal dirigida al servicio de los demás.
   También hay una sublimación mayor, que consiste en la
   sumisión de la voluntad transpersonal a la voluntad cósmi-
   ca. En realidad, esta rendición absoluta que se presenta
   como la “muerte” de la voluntad personal determina la
   liberación espiritual verdadera del hombre.
El Tipo
Amoroso
-26                               Tipologia humana y psicosíntesis

        Todo el mundo está interesado en el Amor. Es una de
las palabras más utilizadas en el idioma, probablemente la uti-
lizada con mayor frecuencia después de “yo” y “dinero”. Casi
todo el mundo ha estado o estará enamorado. El aire está lle-
no de canciones de amor y miles de autores escriben historias
de amor que leen millones de personas. La gente ama cosas
muy distintas: los caramelos y los niños, el sexo opuesto y la
patria, las flores y los cuadros, los libros y Dios.

        Parece evidente que deberíamos saber lo que es el
amor. Pero si nos detenemos y realmente intentamos pensar
en su significado, pronto descubriremos, para nuestro descon-
cierto y humillación (si somos honestos con nosotros mis-
mos), que el amor nos resulta incomprensible, contradictorio
y misterioso. Y si nos proponemos dar una definición com-
pleta y exacta del mismo, estamos perdidos.
        Este descubrimiento, sorprendente y desconcertante,
nos ayuda a comprender la importante verdad psicológica de
que la experiencia y el conocimiento real son dos cosas muy
distintas. Normalmente, para conocer debemos experimentar.
Por ejemplo, podemos observar un árbol y, al hacerlo, no
sólo lo vemos sino que también percibimos su belleza. Pero
ignoramos su estructura interna, las leyes naturales que lo
hacen crecer y las cualidades de su madera.

      Para obtener un conocimiento verdadero necesitamos
hacer una investigación profunda y sistemática y, posterior-
mente, una valoración inteligente de los hechos. En Ciencias
El Tipo Amoroso                                            27-

Naturales, el conocimiento puede adquirise de segunda
mano, sin una experiencia personal directa, observando los
resultados del trabajo de investigación llevado a cabo por
otros. Por ejemplo: al estudiar un tratado de astronomía,
podemos obtener un conocimiento preciso de la composición
química, del tamaño, del peso y de la distancia de estrellas
que nunca hemos visto.

        En psicología, en cambio, el conocimiento sólo puede
obtenerse mediante la experiencia directa y personal. Esto se
debe a que sólo la información sobre cantidades y
hechos objetivos puede transmitirse mediante palabras y
datos; la información sobre la calidad y las impresiones sub-
jetivas no puede transmitirse de este modo. No obstante, aun-
que la experiencia directa es necesaria, no proporciona por sí
misma una sensación suficiente de significación. Sólo nos da
sensaciones y sentimientos; si éstos deben ser realmente
“conocidos”, deben asimilarse con la ayuda del intelecto. Más
allá de este proceso de simple asimilación, el conocimiento
sintético, que aporta la comprensión verdadera, necesita ade-
más de la intuición.

       Por todo ello, no debería sorprendernos que la expe-
riencia de estar o de haber estado apasionadamente enamora-
do no nos proporcione una comprensión adecuada de la ver-
dadera naturaleza del amor. Esta comprensión es muy difícil
de obtener puesto que en las diversas experiencias del amor
hay elementos variados y contradictorios. Por una parte nos
encontramos con una mezcla de lujuria, codicia y posesividad
y, por otra, nos encontramos con generosidad, altruismo y
entrega. Hay instinto e intuición, impulsos activos y senti-
mientos pasivos, cuerpo y alma, materia y espíritu.

       De todos modos, hay otra característica o cualidad fun-
-28                                Tipologia humana y psicosíntesis

damental que constituye la naturaleza esencial del amor, a tra-
vés de la cual pueden entenderse sus diversos elementos en
contraste y, hasta cierto punto, reconciliarlos.

        Si examinamos la gran variedad de manifestaciones del
amor, invariablemente nos encontraremos con que expresan
la ley de la atracción, de la tendencia al acercamiento, al con-
tacto, a la unificación y a la fusión. Pero esta tendencia gene-
ral -y posiblemente universal- opera de diversas formas que,
a veces, son contrapuestas.

1. La unificación puede alcanzarse atrayendo activamente ha-
   cia nosotros el objeto o persona que “amamos” y tomando
   posesión de ello. Esto es algo que hacemos especialmente
   con la comida que nos gusta que, literalmente, tragamos y
   asimilamos. Pero hacemos lo mismo con el dinero y con
   todo tipo de bienes materiales e intentamos hacer lo mis-
   mo con nuestros maridos y esposas, con nuestros hijos y
   amigos. Afortunadamente para los objetos de este amor tan
   voraz y absorbente, a menudo no conseguimos poseerlos
   tal y como quisiéramos. Sin embargo, en demasiados casos
   logramos poseerlos y convertirlos en esclavos más o
   menos consentidos y, en el caso de los niños, en auténti-
   cos inválidos psíquicos.
2. La unificación puede ser el resultado de un proceso opues-
   to: el de rendirse y abandonarse a algo que amamos y
   dejar que nos posea y absorba.
3. La unificación puede ser también el resultado de una atrac-
   ción recíproca que lleva a un acercamiento y a un contac-
   to. Esta atracción puede comportar la fusión de dos o más
   seres que así forman un todo mayor.

        Este análisis nos da cierta idea de los aspectos estruc-
turales y funcionales del amor desde un punto de vista objeti-
El Tipo Amoroso                                             29-

vo y también puede ser útil para disponer sus distintos aspec-
tos de una forma coherente que revele su relación en los
diversos niveles de la vida humana. Tengamos esto en mente
durante la descripción del “tipo amoroso”, es decir, del hom-
bre o mujer en los que el amor es una cualidad predominante
y determinante.

        A nivel físico, el tipo amoroso puede presentar fuertes
impulsos sexuales. Y digo “puede” porque sería un gran error
presumir de que siempre es así. En muchos casos, el elemen-
to del amor se dirige hacia objetos físicos como dinero o pro-
piedades de todos tipos, pero también puede expresarse a
través de la mente o de las emociones en lugar de con el
cuerpo. Por esta razón, hay muchas personas de tipo amoro-
so que están muy poco desarrolladas sexualmente. Al estudiar
las cualidades de diferentes tipos, es importante recordar que
puede haber personas que no muestren ninguna de las carac-
terísticas aparentemente más naturales y obvias de un tipo
determinado. En estos casos, una conclusión precipitada
podría hacernos cometer muchos errores de juicio.

       El impulso sexual del tipo amoroso -y, hasta cierto
punto, de cada individuo- muestra claramente dos caracterís-
ticas opuestas que el “amor” puede tener. Muchos individuos
desean y consiguen la unión sexual por su propio placer físi-
co, teniendo poca o ninguna consideración respecto a su
pareja. Este es el mayor extremo de “amor” egoísta. Por otra
parte, hay un número creciente de gente que -ya sea porque
han desarrollado su sentimiento del amor hasta el nivel más
alto, o bien porque les han inculcado una buena educación
sexual- dan suma importancia al placer de su pareja en la
unión física, sacando así tanta o incluso más satisfacción que
sólo pensando en ellos mismos.
-30                                Tipologia humana y psicosíntesis

        Debemos añadir que existe una minoría creciente de
parejas que, en mayor o menor grado, se inclinan hacia la
unión sexual por un sentido de responsabilidad social y espi-
ritual. Estas parejas dan la oportunidad a nuevos seres huma-
nos de que vengan al mundo, vivan y hagan su contribución
a la sociedad. En estos casos tenemos el ejemplo de un amor
noble y desinteresado que tiene sus orígenes en unos niveles
emocionales espirituales y elevados, y que se expresa
mediante el acto de la unión física.

       Una característica señalada del tipo amoroso normal es
su apego a las posesiones materiales. Este apego puede adop-
tar forma de deseo por las buenas cosas de la vida, como un
buen coche, una nevera nueva, etc., o bien, cuando es más
pronunciado, puede tener forma de un intenso anhelo por el
lujo y por las cosas mejores y más caras. En otros casos, el
deseo de posesiones se hace específico y se dirige hacia cla-
ses de objetos determinados, como en el caso de los bibliófi-
los, los coleccionistas de porcelana, de conchas, de sellos,
etc. Estos casos revelan otra característica de este tipo que
demuestra un interés por cosas pequeñas y una capacidad
por tratar el detalle.

       A nivel físico, el tipo amoroso es a menudo poco
moderado y le encanta el confort. No es muy activo sino
incluso bastante perezoso y tiende a seguir a la multitud.

       Tal como es de esperar, las emociones se convierten
en el centro de atención y poseen una energía vital para
aquéllos que pertenecen al tipo amoroso. El amor apasionado
y romántico, a menudo mezclado en proporciones varia-
bles, tiende a ser su interés principal en la vida. Este tipo de
amor es tan conocido y ha sido descrito con tanto detalle y
analizado con tanta habilidad en tantas novelas psicológicas y
El Tipo Amoroso                                             31-

otros libros (como por ejemplo De l’Amour, de Stendhal) que
se hace inncesario extendernos en el tema. Aquí vemos dos
actitudes opuestas sobre las que ya hablamos anteriormente.
En un extremo nos encontramos a aquéllos cuya necesidad
interna es, básicamente, la de estar enamorados, dirigiendo la
abundancia de sus sentimientos hacia otra persona, aunque el
objeto de su amor sea en realidad un problema secundario.
Esto se deduce de la relativa facilidad con que estos indivi-
duos (podemos considerarlos como un subtipo específico)
cambian el objeto de su amor sin dificultad. En cierto sentido,
las personas de este tipo pueden considerarse como introver-
tidas porque su vida interior es más importante que el objeto
de su amor. Esto queda confirmado por el hecho de que se
interesan en gran manera por sus propios sentimientos, que
observan, examinan y analizan con una percepción sorpren-
dente. Muchas novelas francesas y rusas contienen descripcio-
nes muy buenas de este tipo de individuo.

       En el extremo opuesto se encuentran aquéllos que
dicen, y honestamente creen, que “aman” a sus maridos,
esposas, hijos o amigos, pero que en realidad quieren ser
amados por ellos. Este egoísmo inconsciente -porque esto es
lo que es en realidad- se esconde bajo una fachada impresio-
nante de sentimiento y de afecto, y es la causa de un gran
número de conflictos que llevan a la separación y al divorcio.
Por esta razón, es muy importante para todos nosotros que
seamos claros en este punto y que nos sometamos a un análi-
sis honesto y valiente. Debemos formularnos la siguiente pre-
gunta: “Cuando digo o creo que amo a mi familia o amigos,
¿cuáles son mis verdaderos sentimientos, vínculos o motiva-
ciones? ¿Los amo por lo que son, independientemente de mí
mismo, o exijo e insisto en su amor por mí? ¿Quiero darme a
ellos o quiero recibir amor de ellos sin considerar sus necesi-
dades vitales, sus sentimientos ni sus derechos legítimos?”
-32                               Tipologia humana y psicosíntesis

       Este tipo de análisis puede llevar a unas revelaciones
desagradables e incluso molestas, pero si somos lo suficiente-
mente valientes y honestos como para enfrentarnos a ellas,
nos permitirán aclarar y realizar una mejora armoniosa en
nuestras relaciones, basadas en la firme base de la verdad.

       Excepto para una pequeña minoría que ama desintere-
sadamente, el amor emocional implica o lleva a un vínculo.
Esta es una característica común del amor personal y es la
causa de una cantidad enorme de sufrimiento y de dolor, que
es el alto precio que la humanidad paga por amar de este
modo. Esto es algo que no debería sorprendernos, puesto
que los vínculos llevan a la posesión y los dos son causantes
de miedo. El miedo en sí mismo es la mayor causa de sufri-
miento humano, tanto directamente a través del temor a per-
der lo que poseemos y a lo que estamos atados, como indi-
rectamente mediante acciones estúpidas y a menudo crueles,
surgidas de un intento desesperado por evitar el peligro real
o imaginario de perder a la persona “amada”.

       Otra causa de miedo que atormenta a aquéllos que
pertenecen al tipo amoroso es su extrema sensibilidad psíqui-
ca, que les permite resonar e identificarse con los sentimien-
tos de otros y con los estados colectivos del ser y fluctuacio-
nes emocionales experimentadas por toda la humanidad. Esta
tendencia a la identificación emocional también muestra una
fuerte compasión por todos aquéllos que sufren, incluyendo
los animales. Según el grado de desarrollo transpersonal, esta
compasión varía desde una lástima inefectiva y sentimental
hasta una gran y sabia compasión que ve la causa verdadera
del sufrimiento y ayuda a eliminarla. Por otra parte, en aqué-
llos que son egocéntricos la compasión degenera en lástima
de sí mismos. Esta forma emocional de egoísmo está muy
El Tipo Amoroso                                             33-

extendida y no se limita a las personas que pertenecen al tipo
amoroso, aunque éstos sean más propensos.

       A nivel mental, el tipo amoroso presenta rasgos que
resultan sorprendentes y contrarios a lo que pudiéramos
esperar. Esto confirma la necesidad de considerar todas las
características de un tipo determinado en todos sus aspectos y
formas de expresión, y no sólo las que parecen ser (y que
hasta cierto punto realmente son) la parte más natural de este
tipo.

        Por ello, aunque el “amor” se exprese principalmente y
de forma más natural a través de las emociones, también pue-
de considerarse a nivel mental y, naturalmente, éste es sobre
todo el caso de las personas mentalmente polarizadas. A este
nivel, el impulso del “amor” se considera como un deseo de
tener conocimientos e información. Esto lleva a un interés por
los detalles, por aprender y por reunir hechos.

       Un individuo de este tipo puede parecer frío e insensi-
ble. En realidad es amable, pero de una forma bastante nega-
tiva, ya que sus intereses principales son temas y asuntos
mentales.

       Las tendencias identificativas de este tipo se manifies-
tan generalmente en sus mentalidades inclusivas o en su
capacidad para ver todos los aspectos de una cuestión, lo que
produce amplitud de miras y ecuanimidad, pero a menudo
acompañadas de falta de firmeza o resolución.

       Los representantes más evolucionados del tipo amoro-
so son con frecuencia intuitivos y presentan una comprensión
cariñosa, un interés por la psicología y una comunión con el
Yo de otras personas. En este último caso encontramos una
-34                                Tipologia humana y psicosíntesis

visión beatífica y un amor universal al que el místico verdade-
ro aspira con pasión y que a veces alcanza con una unión en
éxtasis.

      Cuando la mente está lo suficientemente desarrollada
como para ser capaz de interpretar ráfagas de intuición,
entonces aparece un amor sabio. Cuando esta capacidad
mental falta, es probable que la intuición quede distorsionada
y que se mezcle con imágenes e ideas que tengan muy poco
o ningún significado.

       Resumiendo las diversas características, vemos clara-
mente las siguientes ideas referentes al tipo amoroso: sus
individuos son amables y receptivos y, cuando no son dema-
siado sensibles, también son sociables. De hecho, son enemi-
gos de la soledad y a menudo tienen miedo de ella, por lo
que con frecuencia van en busca de conocimiento, compañía
y contacto social. Cuando se vean obligados a permanecer
solos, es probable que caigan en un estado de desánimo e
inercia. Para expresarse necesitan el estímulo de la interac-
ción con otros: se realizan a sí mismos a través de las relacio-
nes. Por esta razón, son fácilmente influenciables por otras
personas. A menudo son variables y cambian de estado inte-
rior y de puntos de vista como un camaleón, lo que puede
ser una fuente perpetua de sorpresa, confusión e incluso
desesperación para el tipo más simple, concreto o rígido (por
ejemplo, aquéllos en los que predomina la voluntad, la inteli-
gencia práctica o la capacidad científica y organizativa).

       Aquéllos que pertenecen al tipo amoroso pueden ser
considerados como extrovertidos porque su interés principal
radica en sus relaciones vitales con los demás. Pero algunos
son en parte introvertidos, de forma que a menudo se intere-
san en gran manera por sus propios sentimientos que obser-
El Tipo Amoroso                                              35-

van, describen y analizan con gran habilidad. En algunos
casos, este egoísmo y egocentrismo se hace tan grande que el
objeto de sus sentimientos pasa a un segundo plano para
ellos, como una mera ocasión de preocuparse por sus propias
emociones.

       Ahora debemos distinguir entre los subtipos activo y
pasivo, que son muy distintos entre sí y, en ciertos casos, son
incluso contrarios.

      El subtipo activo se caracteriza por un “amor” apasio-
nado, por el deseo y por los lazos que le hacen ardiente y
expansivo en relación al objeto deseado -tanto si es una per-
sona como una cosa-, objeto al que se aferra celosa y posesi-
vamente.

       El subtipo pasivo, en cambio, es servicial, maleable,
sugestionable y crédulo. Es sumiso y condescendiente y tien-
de a estar de acuerdo con la última persona con quien ha
hablado. Da la impresión de ser muy débil, lo que a veces es
real pero en muchos casos no se trata de una verdadera falta
de fuerza. La ineficacia de este tipo de personas es el resulta-
do de la indecisión, de la falta de concentración y de una ten-
dencia a la verborrea que le conducen hacia la falta de efecti-
vidad y pérdida de energía y capacidades valiosas.

        El tipo amoroso (y especialmente el tipo amoroso pasi-
vo) es a menudo inofensivo, bondadoso y encantador. Sus
limitaciones resultan agradables y útiles para otras personas
que, fácilmente, pueden sacar provecho de las mismas. De
este modo, no sólo no provoca ningún tipo de oposición sino
que a menudo tiene el apoyo y la aprobación de los demás.
Las características del tipo voluntarioso producen efectos muy
distintos, ya que los defectos y, con frecuencia, las cualidades
-36                                Tipologia humana y psicosíntesis

positivas son desagradables y molestas y pueden ocasionar
antagonismos.

        Las cualidades supraconscientes del tipo amoroso son,
principalmente, las que expresan los diversos aspectos del
amor espiritual. Estas son, en primer lugar, el amor por el Yo
universal, o Realidad Suprema, y por su manifestación cósmi-
ca, por su revelación progresiva en Naturaleza y Hombre; de
ello se deriva la búsqueda del Yo, el elemento transpersonal
que se esconde en todos los seres. A continuación se encuen-
tra la compasión y la conciencia de grupo, desarrollada a tra-
vés de las relaciones amorosas y la identificación con otros.
Pero hay un segundo grupo de cualidades supraconscientes
que, aunque están sutilmente relacionadas con las primeras,
difieren de ellas. Se trata de las cualidades asociadas al deseo
de saber. La combinación de la sensibilidad psíquica, la intui-
ción, las relaciones amorosas y la identificación con el Yo
produce una comprensión plena de los demás, de su natura-
leza esencial, de sus necesidades, sus aspiraciones y también,
generalmente, una comprensión de la vida. Se trata de la
sabiduría en su sentido más amplio.

       En algunos de los mejores representantes de este tipo,
la cualidad más notable es la del “amor”, mientras que en
otros parece prevalecer la sabiduría. Pero, en realidad, a
nivel del Yo, estos dos aspectos no pueden separarse: el uno
implica necesariamente el otro. Podemos ver ejemplos supre-
mos de esto en la vida y enseñanzas de los dos mayores
representantes de este tipo que el hombre conoce: Cristo y
Buda.

       En la vida de Buda, el incentivo principal era el deseo
de saber, de descubrir la causa del sufrimiento y de alcanzar
la verdad, que culminaba en su iluminación. Pero fue el
El Tipo Amoroso                                                37-

amor por sus semejantes y la compasión por su sufrimiento lo
que le hizo recorrer toda la India durante medio siglo, ense-
ñando incansablemente el “Noble Camino de la Liberación”.
En sus enseñanzas, el amor y la comprensión tuvieron un
gran papel que la mayoría de la gente reconoce.

       En la vida de Cristo, su amor por Dios y sus discípulos
y su compasión por el sufrimiento de las masas son las cuali-
dades espirituales más importantes. No obstante, a partir de
los documentos del Evangelio (probablemente incompletos)
queda claro cuánta sabiduría impregnaba su amor. Sus pala-
bras y parábolas revelan la más profunda comprensión de la
naturaleza humana y enseñan de forma simple y clara las
leyes de la vida espiritual.

        La cualidad espiritual del amor ha sido revelada con
mayor intensidad a través de las vidas de los grandes líderes
religiosos y los filósofos. La palabra “religión” en sí misma sig-
nifica etimológicamente “conectar” o “unificar”, que son fun-
ciones esenciales del tipo que estamos tratando. Naturalmen-
te, en las instituciones y religiones históricas podemos encon-
trar también diversas características de otros tipos porque per-
sonas de todos tipos pertenecieron a ellas y contribuyeron a
su crecimiento. Por esta razón, ahora podemos ver cómo los
místicos, que fueron de gran importancia en la Cristiandad
medieval, pertenecían probablemente en su mayoría al tipo
devocional, mientras que la complicada estructura y los ritua-
les minuciosamente organizados de la Iglesia Católica y de
otras iglesias serían consecuencia de la cualidad organizativa
de algunos de sus exponentes.

      En los grandes filósofos, especialmente en aquéllos
que tuvieron una cualidad espiritual, encontramos un alto
grado de sabiduría como resultado de su sed de saber. Sin
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