SOÑAR CON LOS OJOS ABIERTOS - FERNANDO BIRRI Las treinta lecciones de Stanford

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                   SOÑAR CON LOS
                   OJOS ABIERTOS
                   Las treinta lecciones de Stanford

                   FERNANDO BIRRI
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                                         Graffiti en una pared de La Escuela de Tres Mundos,
                                                           en San Antonio de los Baños, Cuba.
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           Índice

           Welcome. Presentación a cargo del profesor Jorge Ruffinelli           11

           I. La semilla. Los filmes de Fernando Birri
              1.Tire dié (1956-1960)                                            17
              2.Los inundados (1961)                                            37
              3.La verdadera historia de la primera fundación
                de Buenos Aires (1959)                                           55
              4.La pampa gringa (1963) y Mal de América                          69
              5.Org (1967-1978)                                                  83
              6.Rafael Alberti, un retrato del poeta (1983)                      99
              7.Mi hijo el Che (1985)                                           111
              8.Un señor muy viejo con unas alas enormes (1988)                 123
              9.Che: ¿muerte de la utopía? (1997)                               133
            10. El siglo del viento (1999)                                      141

           II. El humus. El Nuevo Cine Latinoamericano
               1. Luis Buñuel: Los olvidados (1950)                             151
               2. Glauber Rocha: Dios y el Diablo en la Tierra del Sol (1964)   163
               3. Nelson Pereira dos Santos: Río 40 grados (1956)
                  y Vidas secas (1963)                                          173
               4. Tomás Gutiérrez Alea: Memorias del subdesarrollo
                  (1968)                                                        185
               5. Julio García Espinosa: Las aventuras de Juan Quinquín
                  (1968)                                                        195
               6. Jorge Sanjinés: Ukamau (1966)                                 205
               7. Miguel Littin: El Chacal de Nahuel Toro (1969)                219
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           10                    SOÑAR CON LOS OJOS ABIERTOS

             8. Paul Leduc: Frida, naturaleza viva (1983)                   229
             9. Fernando Solanas: Tangos, el exilio de Gardel (1985)        239
            10. La Escuela Internacional de Cine y TV
                de Tres Mundos: Ejercicios de tesis                         247

           III. La flor y el fruto. Cine y arte en la utopía
                de América Latina
                1. La pintura: del muralismo mexicano a
                   ¡Que Viva México! (1931-1979)                            261
                2. La novela: Gabriel García Márquez y Milagro
                   en Roma (1988)                                           273
                3. La arquitectura: Brasilia y Macunaíma (1969)             283
                4. La música: fusión tango-jazz y Último tango
                   en París (1972)                                          295
                5. El teatro: Discépolo, el sainete criollo y Prisioneros
                   de la tierra (1939)                                      307
                6. El ensayo: Eduardo Galeano y La perla (1945)             319
                7. La poesía: Neruda abraza a Whitman:
                   El ciudadano (1941)                                      331
                8. La poesía, raíz de todas las flores: Una vez la poesía   343
                9. La pintura, flores de todos los colores: fotoglifos
                   y glifotronics                                           365
              10. Renovar la tradición: Mundo grúa (1999)                   373

           Farewell. Cierre del curso por Fernando Birri                    383

           Las películas. Por Jorge Ruffinelli                              387
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           Welcome

               Me han solicitado que diga unas palabras de presentación de
           Fernando Birri, Tinker Fellow del Centro de Estudios Latinoame-
           ricanos este año. Como no confío en mi memoria ni en mi capacidad
           de improvisación (no es que carezca de ellas, simplemente no les
           tengo demasiada confianza), acabo de escribir estas líneas que son en
           todo sentido improvisadas y muy espontáneas.
               Fernando Birri, como ustedes saben o deberían saber, es un
           cineasta, un poeta y un artista plástico oriundo de la Argentina,
           vive tanto en Italia como en su país de origen. Es también un pio-
           nero de la enseñanza del cine, dado que fundó la primera Escuela
           de Cine en América Latina. Lo hizo en su ciudad, Santa Fe de la
           Vera Cruz (Argentina), y fue el modelo para subsiguientes escue-
           las, que permitieron la eclosión del buen cine latinoamericano
           posterior al período comercial de los años cincuenta.
               Ese cine posterior a la década de 1950, que se conoció como el
           Nuevo Cine Latinoamericano, tiene en Birri a su Padre Fundador,
           y no sólo por el impulso que dio a la enseñanza del cine sino por
           ser un creador él mismo, un cineasta y un director de cine. De
           1956 es la primera versión de Tire dié, una película fundacional,
           “Primera Encuesta Social”, es decir, primer ejemplo de un cine
           dedicado a registrar y a recrear la realidad social del continente.
           Una de las secuencias antológicas del cine —no diré latinoameri-
           cano sino mundial— es ésa imborrable de los niños que corren a
           lo largo de un puente sobre el río pidiendo limosna a los pasaje-
           ros del tren (“¡Tire dié, tire dié!”) mientras ponen en peligro sus
           propias vidas.
               La carrera de cineasta no acabó en esa ejemplaridad, sino que
           se inició entonces. Desde 1956 hasta el presente su obra fílmica
           incluye los siguientes títulos:
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           12                      SOÑAR CON LOS OJOS ABIERTOS

                Tire dié (1956-1960)
                La verdadera historia de la primera fundación de Buenos Aires (1959)
                Buenos días, Buenos Aires (1960)
                Los inundados (1961)
                La pampa gringa (1963)
                Castagnino, diario romano (1967)
                Org (1967-1978)
                Rafael Alberti, un retrato del poeta (1983)
                Remitente: Nicaragua (Carta al mundo) (1984)
                Mi hijo el Che (1985)
                Un señor muy viejo con unas alas enormes (1988)
                Che, ¿muerte de la utopía? (1997)
                El siglo del viento (1999)

               He querido hacerme esta pregunta —que tal vez sorprenda—:
           ¿Es Fernando Birri peligroso? Me pregunto si un anarco que vive
           en Italia y ha manifestado en sus calles, y en otras calles del
           mundo; que fundó diversas escuelas de cine —entre ellas, la
           Escuela de Tres Mundos, junto con Gabriel García Márquez y
           Fidel Castro—; que ha formado generaciones de cineastas que
           salen al mundo con su cámara al hombro; que ha recibido la
           Orden Félix Varela de manos de quien ya nombré, Fidel Castro;
           que ha escrito cinco manifiestos (en 1958, Por un cine nacional,
           realista y crítico; en 1962, Por un cine nacional, realista, crítico y popu-
           lar; en 1978, Por un cine cósmico, delirante y lumpen (Manifiesto del
           cosmunismo o comunismo cósmico); en 1985, Manifiesto de los 30 años
           del Nuevo Cine; y, por último, en 1986, el Manifiesto Por un cineas-
           ta de Tres Mundos, en el 2000: trabajadores de la luz); digo, me pre-
           gunto, si Birri, el autor de fotoglifos, que sigue trabajando deno-
           dadamente en su computadora (o en toda computadora que
           encuentre) y desarrollando su obra plástica, y que ha publicado
           varios libros de poesía; me pregunto si este hombre, artista,
           poeta, cineasta —con toda la barba—, es peligroso, y concluyo
           que sí.
               Es peligroso para el statu quo, es peligroso para los defenso-
           res del conformismo, es peligroso para quienes consideran que
           el mundo fue hecho de una vez y para siempre y que no puede
           ser modificado.
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                                           WELCOME                           13

                Para los demás, no, no es peligroso. Al contrario, es un maes-
           tro y un compañero —de ruta, de conversaciones, de salidas al
           cine, de polémicas, de la lucha constante por un cine mejor, por
           un mundo mejor, por el mejor futuro de niños que, como los de
           Tire dié, no merecen pedir limosna ni vivir en ninguna pobreza—.
                Dicho esto, parece una ironía histórica que su país natal, la
           Argentina, uno de los potencialmente más ricos, hoy padezca la cri-
           sis típica de los países más pobres. En todo caso, esos enormes
           problemas, lejos de derrotarlos, les dan a los creadores como Birri,
           y a Fernando Birri en lo personal, motivos de preocupación y de
           angustia que motivarán más cine, más análisis, más manifiestos, más
           militancia.
                El Centro de Estudios Latinoamericanos es el lugar ideal de
           encuentro de gente inquieta por el presente y el futuro de América
           Latina, un estupendo sitio para la enseñanza y el intercambio de
           ideas con los estudiantes y colegas, un lugar para reflexionar,
           investigar y recargar baterías.
                Por eso, Fernando Birri, desde este lugar te damos la más amis-
           tosa bienvenida.

                                        PROFESOR JORGE RUFFINELLI
                                        Departamento de Español y Portugués
                                        Stanford University
                                        Stanford, California,
                                        Estados Unidos
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                   I. LA SEMILLA
                   Los filmes de Fernando Birri
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              1. Tire dié (1956-1960)

              Off limits, no limits

                   El Nuevo Cine Latinoamericano tiene, entre sus característi-
              cas, la de haber desconocido los géneros tradicionales; nunca esta-
              bleció un divortio aquarum, una separación de aguas entre ficción y
              documental, como suele hacerse tradicional o académicamente.
              Y este no limits, off limits entre ficción y documental se puede ejem-
              plificar de manera perfecta en dos películas determinantes del
              Cinema Novo brasileño, una de ficción y otra documental. Son
              dos películas de los años de 1960, la década de oro del cine brasi-
              leño, donde se da el fenómeno de que el documental no es usado
              como una especie de vestíbulo o tarjeta de presentación del filme
              ficcional, sino al revés (dentro de la mente del realizador, con fre-
              cuencia el documental se hacía para después llegar al largometraje,
              a la ficción, un concepto en el que yo no creo).
                   Esas películas son Vidas secas y Viramundo. La primera es una
              obra maestra de ficción, una película de Nelson Pereira dos Santos
              que trata la problemática del sertón del nordeste brasileño: las fami-
              lias campesinas que emigran. La película termina con una de estas
              familias perdiéndose en el horizonte sureño, un horizonte árido, de
              tierra resquebrajada y arbustos espinosos, hacia donde han emigra-
              do. La otra película, Viramundo, un documental de Geraldo Sarno,
              emplaza en cambio su cámara en la Estación Ferroviaria de San
              Pablo, en el momento en que los campesinos del Nordeste bajan
              en busca de un nuevo trabajo en esa metrópoli babilónica. Es
              necesario aclarar que estos dos filmes no fueron realizados de
              común acuerdo por sus autores, pero vistos uno junto al otro
              crean un magnífico ejemplo que contradice la forma tradicional
              en la cual documentales y ficción son concebidos, porque el filme
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              de ficción precede temáticamente al filme documental, que des-
              pués da un cierre a la historia. Se trata de una misma historia con-
              tada con dos estilos, dos lenguajes, dos estructuras, dos visiones del
              mundo distintas aunque convergentes (y solidarias).
                  Me interesa subrayar, sin embargo, que esta especie de off limits,
              de ausencia de límites entre lo ficcional y lo documental, no consti-
              tuye una característica específica del Nuevo Cine Latinoamericano.
              Yo creo que es algo que está profundamente enraizado en nuestro
              ser cultural, en nuestras vivencias culturales en cuanto latinoameri-
              canos. La no-discriminación, o mejor, la contaminatio —como la lla-
              maría Pasolini— o contaminación entre lo ficcional y lo documen-
              tal que se da en el cine no es sino una de las tantas expresiones, en
              este caso estética, de nuestro sincretismo cultural.
                  Como ustedes saben, nuestro continente se caracteriza por las
              grandes operaciones sincréticas —atención que digo sincréticas,
              no sintéticas— previas al análisis y a la síntesis; operaciones que
              ponen juntas cosas que en apariencia no lo están. Y en este semi-
              nario yo aspiro a colocar el fenómeno del cine dentro de un
              contexto cultural más amplio. En esa línea, no sólo plantearemos
              el tema de la polivalencia en la ficción y el documental a través de
              mi trabajo, de mi obra, sino que también consideraremos la inte-
              rrelación entre el cine y las demás propuestas culturales; no sola-
              mente cine y tecnología, cine y sociología, cine y cosmología, sino
              cine y todo lo que quieran.
                  Efectivamente, la “síncresis” de la que hablaba antes, este fenó-
              meno sincrético-cultural, también podemos encontrarla en América
              Latina en lo ideológico-político. Pensemos en algunos cotidianos
              ejemplos concretos: ¿quién no ha visto, en las fotos de las revolucio-
              nes Cubana y Nicaragüense, a los guerrilleros peludos y barbudos?,
              ¿quién no los ha visto, además, con rosarios, cruces y colmillos de cai-
              manes colgados en el cuerpo? Es una imagen totalmente inédita
              hasta entonces, que contradice la imagen estereotipada del militar
              prusiano con su cabello cortado “a hacha”, la imagen tradicional del
              militante revolucionario comunista. Una imagen que hasta ese
              momento no se había visto en el siglo XX: la de un revolucionario
              que tuviera, incluso, la revolucionaria imaginación para vestirse
              como le diera la gana, o como pudiera (sin el límite del rígido
              uniforme militar tradicional y autorrepresivo).
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                                            LA SEMILLA                            19

                   En el ánimo de este proceso hay un sincretismo filosófico (cuya
              causa es, a su vez, otro sincretismo histórico-antropológico) que yo
              intentaría definir como nuestro pensamiento “aluvional”. ¿Qué
              quiero decir con pensamiento aluvional? Quiero decir que en el lati-
              noamericano se conjuga una serie de dimensiones del pensamiento
              que son el resultado de nuestra propia historia. Por un lado, tene-
              mos las raíces que —aunque las hayan querido cortar y extirpar y
              quemar a fuego— corrieron por debajo de la tierra y han vuelto a
              brotar. Así, hoy América Latina es, por ejemplo, una constelación de
              movimientos de liberación indigenistas. Por el otro lado, tenemos el
              pensamiento inmigratorio, el que ha llegado de otro lado. Puede
              tratarse del pensamiento inmigratorio guerrero, con la cruz y la
              espada y la sífilis coloniales, o del pensamiento inmigratorio pacífi-
              co que, sobre todo a partir del siglo pasado, vino con arados pero
              también con una filosofía del hambre y una libido revolucionaria de
              justicia y, contradictoriamente, una libido conservadora de ahorros
              pequeño-burgueses. Todo eso se junta ante nosotros y, recordando
              a García Márquez, “nos pone a vivir en un continente donde todavía
              muchas cosas para nombrarlas se señalan con el dedo, porque no
              tienen nombre, porque todavía no tienen nombre propio” (cito
              par coeur). Es la aventura de un continente que después de qui-
              nientos años sigue siendo nuevo y se puede permitir de manera no
              casual, no gratuita, expresarse, entre otras cosas, con un nuevo cine.
                   Hay otra forma sincrética en nuestra cultura —quizás una de
              las más conocidas— a la cual quiero referirme: la religiosa. En el
              Caribe, pero también en el Brasil y en otras regiones de América
              Latina, las antiguas culturas africanas transmigraron. El tráfico de
              esclavos constituyó un tipo de inmigración a la que no me referí
              antes, que vino también con su religión. Cuando esa religión chocó
              contra la religión oficial —católica, apostólica y romana—, tuvo que
              disfrazarse para sobrevivir, camuflarse o fundirse a través de formas
              infinitamente ricas que corresponden también a esta “síncresis” de
              la que hablamos. En el Brasil, por ejemplo, detrás de la Stella Maris
              venerada oficialmente —la Virgen María en su representación de
              Virgen del Mar—, está Yemayá, la antigua diosa del culto africano del
              mar, flotando sobre la luna que flota sobre las aguas. Podemos dar
              infinitud de ejemplos como éste. Volviendo así a nuestro tema espe-
              cífico, lo que quiero señalar es que esta contaminación, este inter-
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              cambio, esta ósmosis, esta fusión, esta inter-excitación entre el géne-
              ro de ficción y el género documental, corresponde a una vivencia
              cultural mucho más profunda, que es la de sentirnos como lo que
              somos: latinoamericanos.

                  A lo largo de este seminario voy a trabajar con dos libros bási-
              cos que van a servirnos de brújula: Memoria del fuego, de Eduardo
              Galeano, y Canto general, de Pablo Neruda. Son brújulas que no
              marcan el Norte, sino que marcan el Sur. Quiero empezar leyendo
              un fragmento de Eduardo Galeano, que tiene mucho que ver, aun-
              que no lo parezca, con el tema que vamos a desarrollar: se llama “La
              creación” y es de su primer libro, Los nacimientos, de su trilogía
              Memoria del fuego:

                         La mujer y el hombre soñaban que Dios los estaba soñando.
                     Dios los soñaba mientras cantaba y agitaba sus maracas, envuelto
                     en humo de tabaco, y se sentía feliz y también estremecido por la
                     duda y el misterio. Los indios makiritare saben que si Dios sueña
                     con comida, fructifica y da de comer. Si Dios sueña con la vida,
                     nace y da nacimiento.
                         La mujer y el hombre soñaban que en el sueño de Dios apa-
                     recía un gran huevo brillante. Dentro del huevo, ellos cantaban
                     y bailaban y armaban mucho alboroto, porque estaban locos de
                     ganas de nacer. Soñaban que en el sueño de Dios la alegría era
                     más fuerte que la duda y el misterio; y Dios, soñando, los creaba,
                     y cantando decía:
                         —Rompo este huevo y nace la mujer y nace el hombre. Y jun-
                     tos vivirán y morirán. Pero nacerán nuevamente. Nacerán y vol-
                     verán a morir y otra vez nacerán. Y nunca dejarán de nacer, porque
                     la muerte es mentira.

              Un filme-escuela

                  Esta noche vamos a proyectar y a hablar de Tire dié, un docu-
              mental de treinta y tres minutos de duración, la primera encuesta
              social que se filma en América Latina. La filmación empieza en
              1956 y termina en 1958, dos años después.
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                   Tire dié está producido por una universidad argentina, la
              Universidad Nacional del Litoral, en la ciudad de Santa Fe, provin-
              cia de Santa Fe. Estamos a mediados de la década de 1950 y es la pri-
              mera vez que una universidad asume la producción de un filme.
              Hoy no hay universidad en América Latina que no tenga un
              departamento de cine o de televisión o, como mínimo, un depar-
              tamento audiovisual, pero entonces era toda una novedad. Como
              ven, en casi cuarenta años ha habido saltos de canguro dentro del
              proceso cinematográfico latinoamericano.
                   La manera en que se produce Tire dié corresponde a una de las
              honestas astucias con las que a veces tenemos que movernos para
              poder hacer nuestro trabajo: así fue como encontramos un res-
              quicio en el Instituto de Sociología de esa universidad. Porque,
              aunque en ese momento las universidades eran bastante progre-
              sistas —¿sabían que la reforma democrática universitaria de 1918
              nace en Córdoba, Argentina, y después se expande por toda
              América Latina?—, el cine era algo mal visto. ¡Todavía eran artes
              del diablo! Y a través de este Instituto de Sociología se consigue la
              producción del filme, obviamente con medios muy limitados.
                   La dirección de la película es muy sui generis. Porque Tire dié es
              un filme-escuela —está hecho por ciento veinte muchachos y
              muchachas que nunca habían hecho cine y que aprendieron a
              hacerlo con ese documental—, y es un filme colectivo, resultado
              de un trabajo de equipo. Fue un arduo trabajo comunitario de
              dirección colectiva, un trabajo que intentábamos por primera vez.
                   En cuanto a la fotografía, está hecha con una cámara Bolex a
              cuerda de 16 mm, prestada por un aficionado amigo, y con película
              italiana Ferrania vencida. Como yo había hecho mis estudios en
              Italia en el Centro Sperimentale di Cinematografia de Roma, y
              había trabajado allá con De Sica y Zavattini, a modo de generoso
              aporte a esta más que noble causa, los italianos nos regalaron unas
              latas de película Ferrania, que estaba vencida, y con esa película se
              hizo Tire dié (lo cual aumentó el dramatismo de la fotografía en
              blanco y negro).
                   El sonido fue peor que la imagen, porque se grabó con un gra-
              badorcito no profesional —era un Geloso, un aparato chiquito que
              parecía de juguete—. El resultado fue que no se entendía nada de
              lo que decían nuestros encuestados —recuerden que Tire dié era un
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              filme-encuesta—. Ahora lo contamos con humor y nos reímos, pero
              en aquel momento, cuando vimos y escuchamos esa primera copia,
              el suicidio fue una de las alternativas que más consideramos.
                  De modo que esa primera versión, que duraba una hora, fue
              sometida al mismo proceso de encuestas que había servido para
              acercarnos al tema. Exhibimos la película para gente de barrio,
              vecinos con los que nos reuníamos en canchas de fútbol, en parro-
              quias, en escuelas, en plazas, en manicomios, donde podíamos.
              Luego los estudiantes hacían dos preguntas: “¿Le gustó o no?,
              ¿por qué?”. Después de haber encuestado a centenares de espec-
              tadores, dejamos sólo aquellos fragmentos sobre los que había
              coincidencia de opiniones y volvimos a hacer un montaje del
              filme, quitándole media hora. Y para mejorar el sonido —de eso
              estábamos hablando— se introdujo un oversound. Pensamos en
              varias alternativas (subtitulado, doblaje) y al final decidimos que el
              oversound era lo mejor. Entonces, dos grandes actores del cine
              argentino —de Cine con mayúscula—, María Rosa Gallo y
              Francisco Petrone, más que doblar las voces originales se super-
              pusieron a ellas; las voces originales no se entendían, pero las deja-
              mos como fondo conformando una especie de textura sonora
              para que el público tuviera así la posibilidad, si no de entender, de
              escuchar por lo menos el carácter de esa voz.
                  En otro orden de cosas, me gustaría que prestaran atención a
              la cámara y al punto de vista. Y retomo entonces la cuestión del
              filme colectivo y el trabajo en equipo. Dónde poner la cámara fue
              una pregunta que nos formulamos durante la preparación de la
              película y que discutimos durante horas. Se llegó a la conclusión
              de que la película tenía que tener tres puntos de cámara: uno, con
              los chicos que miran al tren, de abajo hacia arriba; dos, el punto
              de vista de los pasajeros, de arriba hacia abajo; y tres, la mirada
              que se supone “objetiva” del espectador. Pero hubo un análisis
              más, que me parece que define estilísticamente la película.
              Cuando discutíamos acerca de la cámara “objetiva”, la de los pri-
              meros veintitantos minutos de la encuesta, consideramos que
              debía estar a la altura de los ojos de un hombre o de una mujer.
              Durante las entrevistas la cámara está allí, ni arriba ni abajo. Los cam-
              bios están en la carrera, en los diez minutos finales de la película. El
              resto del tiempo, tanto en primer plano como en plano general, la
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              La escena más recordada de Tire dié (Santa Fe, Argentina, 1956-1958).
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              cámara está a la altura de los ojos. Eso implicaba una filosofía y
              una ideología. En esa época del cine argentino, se enfatizaban
              mucho los puntos de cámara. Hasta la figura más importante del
              cine argentino en ese momento, Torre Nilsson, un autor de enor-
              me talento que venía en parte de la experiencia del expresionismo
              romántico y en parte del expresionismo sueco, usó como escudo
              una exasperación de la realidad. Los expresionistas trabajaban
              generalmente exasperando la realidad para expresar la realidad.
              Entonces, con los puntos de cámara se buscaban puntos de vista
              inéditos, que trataran de forzar la imagen para que expresara algo.
              En ese sentido, nuestra película es heredera del neorrealismo ita-
              liano. Tratamos de identificar la cámara con los ojos de un hom-
              bre o de una mujer de altura estándar (1,70 metros), que mirara
              la escena con una cierta objetividad.
                  Sobre esta cuestión se trabajó y se discutió muchísimo. Para
              entender esta polémica hay que entender la situación del cine en
              ese momento. El cine argentino tenía como precedente muy fuer-
              te en especial a la cinematografía norteamericana. Para mí, y
              asumo la responsabilidad de lo que digo, la película más dura de
              la historia del cine norteamericano es Citizen Kane, un filme here-
              dero sobre todo del expresionismo alemán. Picado, contrapicado,
              gran angular, etcétera. Y el cine latinoamericano le debe muchísi-
              mo a Citizen Kane. Uno de sus efectos típicos sería la contraposi-
              ción de la famosa chimenea del castillo en el filme y la figura de la
              persona haciendo abajo su rompecabezas, que parece una hormi-
              guita: la chimenea se ve inmensa pero es pequeña. Citizen Kane
              nos muestra un expresionismo de raíz fundamentalmente alema-
              na, que en ese momento formaba parte del background cultural del
              cine argentino.

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