Milicias independentistas antioqueñas. Herencia hispana y transformación republicana: reglamento, financiación y fuero

Página creada Rodrigo Gorrochategui
 
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Revista Universitaria de Historia Militar
                                   Volumen 10, número 20, Año 2021, pp. 149-171
                                                                 ISSN: 2254-6111

      Milicias independentistas antioqueñas.
  Herencia hispana y transformación republicana:
         reglamento, financiación y fuero

          Antioquia’s Independence Militias.
   Hispanic Heritage and Republican Transformation:
   Regulations, Financing and Regional Jurisdiction

                                                       Sebastián Amaya Palacios
                                Universidad Pontificia Bolivariana, Sede Medellín
                                                     samayapalacios@gmail.com

Resumen: Paralelo a la Guerra de Independencia Española (1808-1814) se
desarrollaron las emancipaciones políticas hispanoamericanas, donde diversas
unidades jurídico administrativas tendieron a proyectar fuerzas armadas
independientes. En el virreinato de Nueva Granada durante el periodo colonial
eran escasos los cuerpos militares, normalmente guarniciones fijas y batallones
traídos directamente de España o conformados mayoritariamente por
peninsulares, los que se concentraban en los litorales caribeños, configurando un
reducido pie de fuerza en las jurisdicciones del interior. En el caso de la provincia
de Antioquia, que no había poseído una verdadera tropa, con la conformación de
juntas de gobierno y posterior declaración de independencia en 1813, se crearon
milicias que fueron perfiladas como el ejército del nuevo Estado que pretendían
consolidar.
       Este texto propone un acercamiento a tres elementos fundamentales para
el análisis miliciano, y que permiten reconocer y valorar una serie de variaciones
y adaptaciones al modelo militar español en las Indias: el fuero judicial, por el
que se atraía a los milicianos a prestar servicio sin destinarles un pago fijo; los
reglamentos y entrenamiento militar, que constituían la base misma de la
capacidad táctica de las unidades; y la financiación, avituallamiento y
abastecimiento, que terminaba por condicionar la operatividad de las tropas.
Para ello, se consultó el fondo Independencia del Archivo Histórico de Antioquia,
logrando identificar las medidas tomadas por las autoridades del Estado Libre
Independiente de Antioquia para conformar unas fuerzas armadas propias, así
como los estímulos otorgados a sus integrantes, y la red de aprovisionamiento
logística que se estructuró. Las fechas extremas corresponden al inicio de la
ocupación francesa de la península, hasta 1816, cuando la vanguardia de Pablo
Morillo, dirigida por Francisco Warletta sometió rápidamente Antioquia. Con
esto se pretende contribuir al análisis de la conformación del Estado Fiscal
Militar en Antioquia tras la fragmentación del Imperio Español, señalando
aspectos claves como el abastecimiento, avituallamiento y entrenamiento de los
militares, y cómo estas tendencias evolucionaron en función del desempeño del
sistema fiscal que lo financiaba.

Palabras clave: Antioquia, Guerra de Independencia, Milicias, Nueva Granada,
Primera República.

Abstract: As Spain fought its Peninsular War, its American colonies sought
political emancipation and tended to create new independent armed forces
similar to those funded during the Spanish rule. In the viceroyalty of New
Granada, the number of military forces was scarce, usually comprised of fixed
garrisons and battalions brought directly from Spain or made up mostly of
Peninsular troops, which were concentrated along the Caribbean coasts,
configuring a reduced force in the inland jurisdictions. In the province of
Antioquia, which had formerly possessed no army as such, a series of militias
were formed and later designated as the army of the to-be-consolidated State.
       The present text proposes an approach to three fundamental elements for
the militia analysis, which allow us to recognize and evaluate a series of
variations and adaptations with respect to the Spanish colonial military model in
the Indies: the judicial jurisdiction or fuero, which attracted militiamen without
assigning them a fixed payment; the regulations and military training, which
constituted the very basis of the units' tactical capacity; and the financing,
provisioning and supply, which ended up conditioning the operability of the
troops. To this end, this research was conducted with resort to the
"Independencia" bibliographic collection of the Antioquia Historical Archive,
managing to identify the measures taken by the authorities of the Independent
Free State of Antioquia to form its own armed forces, as well as the incentives
granted to their members, and the logistical supply network that was structured.

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The marked dates correspond to the beginning of the French occupation of the
peninsula until 1816, when Pablo Morillo's vanguard, led by Francisco Warletta,
quickly subdued Antioquia. The aim of this work is to contribute to the analysis
of the conformation of the Military Fiscal State in Antioquia after the
fragmentation of the Spanish Empire, pointing out key aspects such as the
supply, provisioning and training of the military, and how these trends evolved
according to the performance of the fiscal system that supported it.

Keywords: Antioquia, Peninsular War, Militias, New Granada, First Republic.

Para citar este artículo: Sebastián AMAYA PALACIOS: “Milicias
independentistas antioqueñas. Herencia hispana y transformación republicana:
reglamento, financiación y fuero”, Revista Universitaria de Historia Militar,
Vol. 10, Nº 20 (2021), pp. 149-171.

           Recibido 09/07/2020                  Aceptado 04/03/2021

                                                                            151
Milicias independentistas antioqueñas                                           Sebastián Amaya Palacios

      Milicias independentistas antioqueñas. Herencia hispana y
    transformación republicana: reglamento, financiación y fuero

                                                                   Sebastián Amaya Palacios
                                            Universidad Pontificia Bolivariana, Sede Medellín
                                                                 samayapalacios@gmail.com

Introducción

L
          a acefalía real tras las abdicaciones de Bayona en 1808 permitió a Napoleón
          disponer del trono de España, y nombrar a su hermano como rey: José Bona-
          parte –también denominado “Pepe Botellas”. La impuesta dinastía no logró
          apoyo popular, que se resistió contra ocupación francesa. 1 Como resultado, se
conformó una nueva estructura política con la aparición de la Junta Suprema de Go-
bierno, reemplazada en 1810 por el Consejo de Regencia en Cádiz. 2
         En América sucedió un fenómeno paralelo y similar, pues los neogranadinos
imitaron a los peninsulares reconociendo la soberanía –aunque trasvasada al pueblo– 3
y la subordinación al cautivo Fernando VII, llamado “el deseado”, así como la acepta-
ción del Consejo como su representante legítimo. Pero, gradualmente se consolidó una
autonomía fragmentada y local mediante la constitución de Juntas americanas, pri-
mero en Quito y luego en Caracas, que desembocaron en declaraciones de independen-
cias, 4 fraccionando el virreinato de Nueva Granada entre patriotas y realistas. 5 Estas
escisiones coincidieron con el debate sobre la representación criolla dentro del proyecto
de monarquía constitucional española y la constitución gaditana de 1812. 6

1 Josep FONTANA y Ramón GARRABOU: Guerra y Hacienda. La Hacienda del gobierno central en los años
de la Guerra de la Independencia (1808-1814), Alicante, Instituto Juan Gil-Albert-Diputación Provincial de
Alicante, 1986.
2 Mario JARAMILLO et al.: 1810. Antecedentes, desarrollo y consecuencias, Bogotá, Taurus, 2010, pp. 13-52.
3 María Teresa CALDERÓN y Clément THIBAUD: “De la majestad a la soberanía en la Nueva Granada en

tiempos de la Patria Boba (1810-1816)”, en María Teresa CALDERÓN y Clément THIBAUD (coord..), Las
revoluciones en el mundo Atlántico, Bogotá, Taurus, 2006, pp. 365-431; María Teresa CALDERÓN y Clément
THIBAUD: La majestad de los pueblos en la granada y Venezuela. 1780-1832, Bogotá, Taurus - Universidad
Externado de Colombia – IFEA - Cooperación Regional para los Países Andinos, 2010, p. 314.
4 Durante 1811 y 1815 se proclamaron en el virreinato de la Nueva Granada 17 constituciones. Ver: Rodrigo

LLANO: centralismo y federalismo, Bogotá, Banco de la República, 1999, p. 35; Francisco A. ORTEGA: El
hilo de Ariadna: el concepto de constitución durante la primera república neogranadina, en Bernardo TOVAR
ZAMBRANO (ed.), Independencia: historia diversa, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 2012,
pp.109-149.
5 Los núcleos fidelistas en Nueva Granada fueron Panamá, Popayán, Santa Marta y Pasto.
6 Jorge GIRALDO RAMÍREZ (ed.): Cádiz y los procesos políticos iberoamericanos, Medellín, EAFIT, 2013, p.

275.

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        La Junta Suprema de Santa Fe de Bogotá, conformada en julio de 1810, inten-
tó tomar las riendas cuando las autoridades virreinales dirigidas por Antonio Amar y
Borbón fueron neutralizadas, y ocupar el vacío de poder. Sin embargo, no todas las
provincias pretendían conservar la jerarquía jurídico-administrativa española. Así, el
Estado de Cundinamarca, centralista y liderado por Antonio Nariño, encontró en las
Provincias Unidas y Camilo Torres, un proyecto político opuesto, caracterizado por
una organización federal. Esto atomizó aún más los diversos intereses de los neograna-
dinos, pues además de los realistas, dentro de los patriotas se perfilaron estas dos líneas
antagónicas.
        El proyecto federalista que aspiraban implementar en la Nueva Granada tomó
como paradigma el sistema ideado por los colonos angloamericanos con una organiza-
ción de estados igualitarios que permitía operar a sus integrantes de manera virtual-
mente autónoma, y que en palabras de Anthony McFarlane correspondía a la realidad
virreinal: «La Nueva Granada era, en suma, más un cúmulo de ciudades estado que
una nación Estado unificada». 7 Esta propuesta se fortaleció al replicarse el cuestiona-
miento a las antiguas jerarquías locales y regionales, generando profundas tensiones
incluso a escala provincial. Tal fue el caso entre Cartagena y Mompox, que pretendía
independizarse; 8 Popayán contra las ciudades confederadas del Valle del Cauca, o la
pugna entre Rionegro y Antioquia por la preponderancia política de la provincia bajo
el gobierno de Dionisio de Tejada, y que forzó la intervención de las Provincias Unidas
entre 1814 y 1815.
        De esta manera, los criollos asumieron el gobierno territorial en función de sus
propios intereses, y una de las necesidades más urgentes fue organizar una estructura
militar. En un primer momento, para defenderse de una posible incursión francesa,
luego de sus propios vecinos, y por último de las tropas españolas al finalizar las gue-
rras napoleónicas. Para ello, se basaron entonces en el modelo militar que había evolu-
cionado durante los siglos de dominio español, que adaptaron y aplicaron según sus
propias necesidades e ideales.
        Dentro de este contexto general de múltiples guerras de independencia, penin-
sular y americana, Antioquia se sumó al bloque federalista, por lo que hasta 1816 que
finalizó la Primera República o “Patria Boba”, pretendió conformar un cuerpo militar
que le permitiera proteger sus fronteras, mantener el orden interno, y expandir su in-
fluencia política mediante el modelo miliciano. Estos cuerpos en principio se formaban
a partir de ciertos vecindarios, donde normalmente los gremios que aportaban la ofi-
cialidad, generando una marcada naturaleza urbana y local. Por estas mismas caracte-

7 Anthony MCFARLANE: “La construcción del orden político: la “Primera República” en la Nueva Grana-
da”, Historia y Sociedad, 8 (2002), p. 73.
8 Adelaida SOURDIS DE LA VEGA: Cartagena de Indias durante la Primera República, 1810-1815, Bogotá,

Banco de la República, 1988, pp. 27-75.

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rísticas se establecía un sistema de inclusión social –o exclusión–, con los subsecuentes
vínculos políticos que generaba, y al mismo tiempo también proyectaba el poder polí-
tico de las ciudades como capacidad bélica. 9 Con la Revolución Militar, 10 los monarcas
pretendieron encargarse de la guerra y establecer ejércitos permanentes bajo su control
directo, 11 que sólo en casos puntuales serían respaldados por milicianos, como brazo
armado de las ciudades o localidades respaldando al Rey. En América, sin embargo,
era complejo mantener importantes contingentes, por lo que entre 1560-1630 se debió
recurrir a este tipo de estructuras militares 12 como respaldo a los soldados profesiona-
les de los que pudiera disponer la Corona, y también a la élite encomendera, que tenía
deberes defensivos sobre el territorio en representación del monarca.
        Este texto se ocupará de analizar la creación de este cuerpo miliciano, y abordar
cómo prolongó el modelo militar español en las Indias o se apartó de este, configuran-
do una esencia o sistema propio teniendo tres líneas de interpretación: los privilegios
estamentales de los militares y su fuero, sus variaciones con la aparición del ciudadano
en contraposición al vecino –con sus cargas políticas y de protección a su patria; los
reglamentos españoles y el sistema de alistamiento e instrucción patriota; y, la estruc-
tura estatal que aseguraba los canales de financiación y aprovisionamiento de las tro-
pas.

Milicias coloniales en la Nueva Granada y cívicas antioqueñas

A lo largo del siglo XVIII los borbones reformaron el sistema bélico, 13 pero tras su
desastrosa y tardía actuación en la Guerra de los Siete Años (1756-1763), su aplicación
debió acelerarse en América. Esta reorganización se inauguró con la creación de cuer-
pos de milicias disciplinadas Cuba, 14 que se extendieron a las Antillas y Caribe hasta
proyectarse a la totalidad de Hispanoamérica. Tales tropas auxiliares, integradas por

9 Federica MORELLI: “¿Disciplinadas o republicanas? El modelo ilustrado de milicias”, en José Javier
RUIZ IBÁÑEZ (ed.), Las milicias del rey de España: sociedad, política e identidad en las monarquías ibéricas,
México, FCE, 2009, p. 419.
10 Geoffrey PARKER: La revolución militar: innovación militar y apogeo de Occidente (1500-1800), Barcelo-

na, Crítica, 1990.
11 I.A.A. THOMPSON: Guerra y decadencia. Gobierno y administración en la España de los Austrias, 1560-

1620, Barcelona, Crítica, 1981.
12 Sebastián AMAYA PALACIOS: “Adecuación militar de Tierra Firme: el caso de Santa Marta (1572-

1644)”, Temas Americanistas, 41 (2018), pp. 209-232; Íd.: “Vecinos en armas: servicio militar en Santa Mar-
ta (1525-1655)”, en Edgar REY SINNING (comp.), Santa Marta en el siglo XVI, Santa Marta, Cajamag, en
prensa.
13 José Manuel SERRANO ÁLVAREZ: “Administración militar, recursos y movilización en Indias durante

la época de Felipe V”, Tiempos Modernos, 10:40 (2020), pp. 356-378; María Carmen CORONA MARZOL,
“Las milicias urbanas del siglo XVIII: Compañías de reserva y paisanaje”, en José Javier RUIZ IBÁÑEZ
(ed.), op. cit., pp.437-459.
14 Allan J. KUETHE: Cuba, 1753-1815. Crown, Military, and Society, Knoxville, The University of Tennesse

Press, 1986.

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vecinos tenían un excelente conocimiento del territorio que habrían de defender y es-
tarían aclimatadas, además, no eran remuneradas a menos que fuesen movilizadas. 15
Este fue el gran punto a favor que aportaron esas unidades de reserva estratégica.
       Pero, aunque es cierto que la capacidad militar hispánica en América superó
todo nivel previo al finalizar la colonia, su potencial bélico estaba focalizado en espa-
cios de alta importancia geoestratégica o económica, en tanto los epicentros políticos
rara vez se ubicaron en los litorales. Puntualizando el caso de la Nueva Granada, no se
desarrolló un verdadero entramado militar ni siquiera con la aplicación de la Reforma
Militar durante la segunda mitad del siglo XVIII: las únicas tropas profesionales se
acantonaron en la costa Caribe, y la pequeña unidad desplegada en Santa Fe de Bogo-
tá estaba, aun así ligada al fijo de Cartagena. 16 Como respaldo a esas tropas profesio-
nales se proyectaron unidades milicianas, que serían conformadas por los vecinos de
cada localidad.
        Las milicias disciplinadas en la Nueva Granada se crearon en 1772 bajo super-
visión del virrey Guirior (1772-1776) según el proyecto de O’Reilly. Sin embargo, el
avituallamiento fue mucho más lento que el alistamiento, por lo que existían en el pa-
pel cuerpos milicianos, pero no contaban con material bélico, es decir, carecían de ca-
pacidades bélicas reales, pero continuaron aumentando cuantitativamente hasta la
Guerra de Independencia Norteamericana (1776-1783). La intervención española en
apoyo a los colonos angloamericanos implicó el aumento de presión fiscal para amorti-
zar el costo militar, que generó un profundo descontento, dando pie a la revuelta co-
munera del Socorro en 1781. 17 Pero, en tanto la estructura miliciana fue implementada
por los rebeldes neogranadinos para movilizarse, las autoridades españolas decidieron
limitar las milicias, y así disminuir las posibilidades de nuevos levantamientos de tal
magnitud. 18 Por ello, a pesar de la solicitud de Francisco Silvestre de crear un cuerpo
miliciano o una tropa fija en Antioquia, 19 y los esfuerzos del gobernador Cayetano

15 Allan J. KUETHE: “Las milicias disciplinadas en América”, en Íd. y Juan MARCHENA (eds.), Soldados
del Rey. El ejército borbónico en América colonial en vísperas de la independencia, Castelló de la Plana, Publi-
caciones de la Universitat Jaume I, 2005, p. 103.
16 Juan MARCHENA: La institución militar en Cartagena de Indias en el siglo XVIII, Sevilla, EEHA, 1982,

pp. 34-36; Mauricio PUENTES CALÁ: “Milicianos y milicias en la provincia de Santa Fe: una vista desde el
sector subordinado (1781-1788)”, Cambios y permanencias, 3 (2012), pp. 420-464.
17 Manuel LUCENA SALMORAL: “Los movimientos antirreformistas en Suramérica, 1777-1781. De Tupac

Amaru a los Comuneros”, Revista de la Universidad Complutense, 107 (1977), pp. 79-116.
18 Se ordenó la desarticulación de las milicias disciplinadas al interior del virreinato, y reducción de las mili-

cias urbanas. Juan MARCHENA: Ejército y milicias en el mundo colonial americano, Madrid, MAPFRE,
1992, p.192; Allan J. KUETHE: “Las milicias disciplinadas…”, p. 123.
19 Francisco SILVESTRE: Relación de la Provincia de Antioquia, Medellín, Secretaría de Educación y Cultu-

ra de Antioquia, 1988, pp. 175-176.

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Buelta Lorenzana por movilizar milicias, para finales de la década de 1780, Mon y Ve-
larde describía la carencia de pie de fuerza. 20
        Aun así, los apresurados preparativos defensivos realizados en coyunturas béli-
cas posteriores, como la guerra Anglo-española (1796-1802), debieron movilizarse sig-
nificativos contingentes milicianos, aunque solo cumplían tareas de apoyo a los bata-
llones fijos. Además, nunca, ni el ejército ni milicias neogranadinas, recibieron su bau-
tismo de fuego frente a una invasión extranjera, por lo que las milicias urbanas o mu-
nicipales se implicaron más en los rituales y pompas de índole religiosa que en su
adiestramiento militar. Es decir, que aunque existía un entramado militar miliciano,
este fue más ceremonial que operativo. 21
        Ahora, teniendo esbozado este breve contexto de las milicias virreinales, es ne-
cesario recordar que las tierras altas no contaron con un sistema militar. Es por ello
que el caso de la organización tardía de milicias antioqueñas es particular, pues solo se
empezaron a conformar algunos batallones y compañías a finales de 1808 en Santa Fe
de Antioquia, Rionegro y Medellín. Un par de años más tarde se proyectaba también
una compañía urbana de caballería para la capital provincial, que fue aprobada por el
Ministro de Guerra de Sevilla en enero de 1810 por solicitud del virrey, 22 al tiempo que
el gobernador Francisco de Ayala proponía un plan rectificado del pie y formación de
milicias. 23
        Sin embargo tan pronto el antiguo gobernador de apartó de su cargo, la Junta
redactó una Constitución Provisional, y para finales de 1811 se suscribió al Acta de Fe-
deración, por lo que pasó a apoyar a las Provincias Unidas. 24 Dicho documento impul-
só «la creación y arreglo de Milicias Provinciales, su armamento y disciplina, para su
propia defensa y la de las Provincias Unidas». 25 Para 1813 la política provincial se ra-
dicalizó con la declaración de independencia y promulgación de la Constitución de
Rionegro con la figura del momposino Juan del Corral como presidente-dictador. 26
        El avance de los realistas quiteños comandados por Juan de Sámano tras su re-
greso de España, luego de su expulsión del virreinato por la Junta de Santa Fe en
1810, sobre la cuenca del río Cauca, supuso el debilitamiento de los patriotas payane-
20 Juan Carlos JURADO JURADO: “Ejércitos y milicias en la provincia de Antioquia, 1808-1816”, en Ro-
drigo CAMPUZANO CUARTAS (dir.), Política, guerra y cultura en la independencia de Antioquia, Medellín,
Academia Antioqueña de Historia, 2013, pp. 181-183.
21 Juan MARCHENA: op cit.
22 Juan Camilo LEÓN: “Milicias en la provincia de Antioquia en tiempos de la independencia, 1808-1816”,

Monografía de grado inédita, Universidad de Antioquia, 2012, p. 31.
23 Juan Carlos JURADO JURADO: op. cit., pp. 186-190.
24 Daniel GUTIÉRREZ ARDILA (comp.): Las asambleas constituyentes de la independencia. Actas de Cundi-

namarca y Antioquia (1811-1812), Bogotá, Corte Constitucional de Colombia – Universidad Externado de
Colombia, 2010, pp. 169-356.
25 Acta de Federación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, Artículo 7.
26 Roberto M. TISNES JIMÉNEZ: Don Juan del Corral. Libertador de los esclavos, Cali, Banco Popular,

1980.

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ses, en especial de las ciudades confederadas del Valle del Cauca (Caloto, Toro, Cali,
Buga y Cartago). En un primer momento existió un movimiento poblacional en el que
Antioquia captó algunos refugiados, entre ellos Francisco José de Caldas, quien tuvo
un rol de vital importancia en la última fase de organización militar de la provincia.
        En líneas generales, Antioquia entró en los conflictos de la ‘Patria Boba’ ofi-
cialmente reforzando la ofensiva denominada Campaña del Sur en 1813, participando
en los triunfos de Calibío y Alto Palacé. 27 Pero, dentro de las líneas virreinales e impe-
riales, la situación se agravó para los independentistas: la expedición de Nariño a Pas-
to terminó con su captura y desbandada de la tropa, mientras la línea de expansión a
Venezuela dirigida por Bolívar también fue anulada; una serie de victorias españolas
en la península permitieron el derrocamiento de José Bonaparte y el retorno de Fer-
nando VII, quien impuso nuevamente el absolutismo monárquico, y proyectó recupe-
rar sus posesiones americanas. A pesar del bautismo de fuego a las tropas antioqueñas
durante la fugaz Campaña del Sur, estas no lograron consolidarse como unidades mili-
tares eficaces, y la prueba fue la rápida captura de la provincia ante una avanzadilla
del Ejército Expedicionario bajo el mando del coronel Francisco Warletta en 1816.
        Las milicias antioqueñas fueron particulares al desarrollarse según el modelo
militar indiano, pero adaptadas a los interesas patriotas, lo que en la práctica significó
la pérdida de algunos elementos clásicos como lo fue el estatuto privilegiado, sistema
de financiación y reglamentos, y que, al incluir las variaciones políticas como la ciuda-
danía, generaron un modelo híbrido como nueva forma de comunidad política enmar-
cada en las milicias cívicas.

Fuero y ciudadanía

En tanto la milicia era una ocupación bastante peligrosa, y sólo remunerada cuando
había una movilización, se optó por buscar alicientes para vincular a los vecinos. Para
ello se aplicó un estatuto privilegiado, es decir, una jurisdicción particular con exen-
ciones tanto fiscales como personales. Este fuero militar 28 constituía un sistema judi-
cial propio diseñado y aplicado para un grupo particular con funciones predetermina-
das con un código legal separado. 29 El fuero de guerra comprendía una división políti-
ca para el personal civil del ejército o la armada, mientras que el militar cobijaba a los
oficiales, soldados y milicianos. A su vez el fuero de guerra militar podía ser completo

27 Alberto LOZANO CLEVES: Así se hizo la independencia, Bogotá, Banco Popular, 1980, pp. 197-207.
28 En España se reguló desde 1728. Francisco ANDÚJAR CASTILLO: “El fuero militar en el siglo XVIII.
Un estatuto de privilegio”, Chronica Nova, 23 (1996), pp. 11-31; Íd.: Los militares en la España del siglo
XVIII: un estudio social, Granada, Universidad de Granada, 1991.
29 Óscar Fabián MUNÉVAR: “El irrespeto a la real justicia. El estamento militar en Cartagena de Indias”,

en C. TORRES DEL RÍO y S. RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ (ed.), De milicias reales a militares contra
insurgentes, Bogotá, Ed. Pontificia Universidad Javeriana, 2008, p. 203.

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(civil y penal) o sólo criminal (causas penales) y se dividía a su vez en ordinario, para
el global de los militares, o privilegiado, que incluía los cuerpos especiales (ingenieros,
artilleros y milicias provinciales). 30 El conocimiento de los tipos de fuero y sus diversas
atribuciones creó muchísimas confusiones, que eventualmente generaron roces entre la
justicia ordinaria y militar, siendo algunos de ellos voluntarios. 31 Quizá debido a las
dificultades para atraer a la población americana y asegurar la defensa, se otorgaron
mayores privilegios allí que en la península, pues desde el reglamento para milicias
cubanas se extendió el fuero completo, tanto civil como criminal. 32 En el caso neogra-
nadino, este se aprobó a las milicias provinciales involucradas en las operaciones con-
tra los chimilas. 33 Para el caso antioqueño, las milicias creadas por la Junta bajo el
gobierno de Ayala aplicaron el fuero, pero muy curiosamente estipuló la obediencia a
la autoridad civil, 34 sin duda un intento de evitar tensiones entre militares y la justicia
ordinaria.
        Aun así, aunque todo este sistema de milicias pretendía mantener la unidad
como estamento militar, existían profundas diferencias internas respecto a los orígenes
de sus integrantes. 35 Así, era común que las diversas unidades fueran denominadas
batallón o compañía de blancos, morenos, pardos, zambos, etc. una clara alusión a
ciertos grupos que prestaban el servicio militar al rey. Todo se modificó con las decla-
raciones de independencia y la nueva interpretación política del sujeto: los vasallos o
vecinos pasaron a ciudadanos, 36 que debían armarse y defender su comunidad, todo
bajo los ideales neoclásicos de activa participación en la “Res Pública”, el patriotismo
y la virtud. 37
        Esta interpretación de los ciudadanos como protectores, en lugar de “mercena-
rios” (por obtener una paga por su servicio en armas) se consolidó en Antioquia a par-

30 Ángel Luis GUERRERO DOMÍNGUEZ: “Lex et bellum. Fuero militar y milicias en el norte del Perú a
finales del siglo XVIII”, en Manuel CHUST y Juan MARCHENA: Las armas de la nación, Independencia y
ciudadanía en Hispanoamérica (1750-1850), Madrid, Iberoamericana-Vevuert, 2007, pp. 18-20.
31 El Consejo de Guerra como máximo tribunal jurídico-militar atendía los procesos de los militares y emitía

sentencia. La justicia ordinaria no tenía autoridad sobre los militares, por lo que estos abusaron de su fuero
contribuyendo a la escala de tensiones entre los representantes de la facción militar y administración regia.
32 Lyle N MCALISTER: The “Fuero Militar” in New Spain, 1764-1800, Gainesville, University of Florida

Press, 1957, pp. 7-8.
33 Óscar Fabián MUNÉVAR: op. cit., pp. 209-213.
34 Juan Carlos JURADO JURADO: op. cit., pp. 186-187.
35 Sebastián AMAYA PALACIOS: “El honor conquistado por las armas: prerrogativa y ascenso social a

través del fuero militar en Tierra Firme (1773-1808)”, en Marcia AMANTINO y Enrique Normando CRUZ
(comp.), Sociedades em movimentos nos impérios ibéricos durante as reformas das últimas décadas do século
XVIII, San Salvador de Jujuy, Editorial de la Universidad Nacional de Jujuy, en prensa.
36 Este término pretendía estimular el patriotismo y conciencia nacional de la población, generando empatía

entre los miembros del nuevo cuerpo estatal. Hans-Joachim KÖNIG: En el camino hacia la nación. Naciona-
lismo en el proceso de formación del Estado y de la Nación de la Nueva Granada, 1750-1856, Bogotá, Banco de
la República, 1988, pp. 274-275.
37 Clément THIBAUD: “Definiendo el sujeto de la soberanía: Repúblicas y guerras en la Nueva Granada y

Venezuela, 1808-1812”, en Manuel CHUST y Juan MARCHENA: op. cit., pp. 185-219.

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tir de 1812 con el Reglamento General de Milicias redactado por Juan del Corral. 38 En
ese sentido, el origen del individuo que caracterizaba el anterior sistema dio paso a la
implicación –teórica– de un mayor número de personas, pues la categoría de ciuda-
dano fue ampliamente impuesta y difundida durante la Primera República. El ejem-
plo más elocuente de esta nueva percepción política, y sus consecuencias sobre el nue-
vo cuerpo militar que se proyectaba, fue el indígena, pues no prestaban servicio mili-
tar, pero que durante la coyuntura fueron, a grandes rasgos, defensores monárquicos. 39
        En el caso puntual de la Provincia de Antioquia, desde diciembre de 1811, el
Supremo Poder Legislativo los declaró ciudadanos, 40 lo que otorgaba la posibilidad de
transportarse libremente, ejercer cualquier arte liberal, y contraer matrimonio con
cualquier otra clase. Pero también significaba el fin de sus privilegios corporativos, 41 y
posibilitaba la supresión de los resguardos y abolición del tributo. 42 Además, se declaró
a todos los varones entre los 18 y 45 años como aptos para la milicia, excepto aquellos
que tuvieran hijos –a menos que quisieran proteger la patria y sus derechos individua-
les como buenos ciudadanos. 43 Así, se tendía a cierta “igualación” en la participación
social y política, 44 aunque esta no fue efectiva por el mismo sistema de democracia
representativa implantado. 45
        Incluso los mismos indígenas antioqueños consideraron que era una pérdida
significativa para sus intereses el paso de vasallos a ciudadanos, por lo que en comuni-

38 “Reglamento General de Milicias de Juan del Corral”, 1812. Archivo Histórico de Antioquía (AHA), To-
mo 656.
39 Javier OCAMPO: “El proceso político, militar y social de la independencia”, en Jaime JARAMILLO

URIBE (Coord.), Manual de historia de Colombia, Bogotá, Círculo de lectores. 2ª edición, 1980, pp. 56-57.
40 AHA, Tomo 824, Documento 13004. F. 77 R-79V.
41 «…fueron relevados de pagar toda contribución eclesiástica por […] veinte años. Desaparecieron las figu-

ras del corregidor, el cura doctrinero, y el cabildo indígena, aunque continuaron […] el protector fiscal y los
tenientes (por un periodo de 10 años). Sin embargo, estos derechos no se otorgaron gratuitamente. […] de-
bían cancelar los tributos atrasados, pagar por su propia cuenta los servicios del cura, y renunciar a la parte
de los resguardos que no se encontraba cultivada, que quedaban vacantes, y supuestamente destinadas para
la construcción de escuelas de primeras letras. De esta manera, desapareció la propiedad comunal, y cada
familia debió concentrarse con un lote de terreno…» Ver Yoer Javier CASTAÑO PAREJA: “De menores de
edad a ciudadanos: los indígenas de Antioquia y otras zonas neogranadinas frente a los postulados liberta-
rios de la primera república, 1810-1816”, Historia regional y de las fronteras, 13:1 (2008), pp. 49-50.
42 Esta fue una política general para la Nueva Granada. Margarita GARRIDO: Reclamos y representaciones.

Variaciones sobre la política en el Nuevo Reino de Granada. 170-1815, Bogotá, Banco de la República, 1993,
p. 304.
43 AHA, Tomo 824, Documento 13004. F. 79 R.
44 Hans-Joachim KÖNIG (ed.): El indio como sujeto y objeto de la historia latinoamericana. Pasado y presente,

Madrid, Iberoamericana, 1998, p. 27.
45 Aunque se les reconocieron sus derechos políticos, y participaron en los ejercicios democráticos, estos sig-

nificaron una integración individual y no colectiva, al anular toda posibilidad de organización o autogo-
bierno, por lo que finalmente, terminaron representados por élites blancas. Ver Marta Cecilia OSPINA
ECHEVERRI: “La ciudadanía en Antioquia durante el primer decenio republicano”, en Rodrigo CAMPU-
ZANO: op. cit., pp. 164-167; Óscar Andrés MORENO MONTOYA: “La independencia de Antioquia y sus
jurisdicciones electorales”, en Rodrigo CAMPUZANO: op. cit., pp. 107-132.

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caciones dirigidas por los habitantes de Buriticá, Cañasgordas y el Peñol 46 suplicaron
conservar su antiguo estatus, incluyendo el pago de tributos, aunque no rehusaban el
servicio militar, por lo que solicitaban que se remitiese a un cabo que los instruyera. 47
Para 1812 se localizaba en Cañasgordas el batallón Sagitario, integrado por indígenas
a cuya responsabilidad quedaba la defensa de la frontera noroccidental de Antioquia. 48
        Al contrario del caso indígena, los blancos y las diversas vertientes de mulataje
–es decir, descendientes de africanos– ya se habían integrado a los cuerpos milicianos
coloniales, por lo que en Medellín existían milicias urbanas organizadas en tres com-
pañías de pardos. 49 Sin embargo, no se le prestará mayor atención esta forma de orga-
nización, en tanto la implicación de diversos estamentos sociales en unidades sin lógi-
cas socioeconómicas fue una de las mayores rupturas del sistema de milicias coloniales
con respecto al republicano, pues no eran más que ciudadanos (sin prestar mayor rele-
vancia a su origen) 50 que se movilizaban para defender su patria. En ese sentido, puede
interpretarse la anulación del fuero en Antioquia mediante la constitución de 1812,
contraviniendo la Constitución Provisional de 1811, 51 como la eliminación un meca-
nismo de distinción que privilegiaba a los altos estamentos característicos de la ante-
rior denominación de vecino, y la desigualdad inherente a la comunidad política y so-
cial del Antiguo Régimen.
        Sin embargo, además de esta legislación especial, desde el periodo colonial los
milicianos obtenían prestigio social, pues adquirían privilegios personales, como el
porte de armas, y lugares de honor en los cultos religiosos o ceremonias públicas. Este
factor atrajo a la población virreinal, y para algunos estratos tradicionalmente apar-
tados posibilitó una forma de ascenso social, que en algunos casos dio paso a una con-
ciencia de raza y estamento político. 52 Curiosamente estas formas de visibilidad y re-
presentación social no se suprimieron durante la Primera República en Antioquia.
Muy al contrario, estaba normalizada, como ilustra la distinción aprobada por la Jun-
ta Superior Gubernativa en 1812, en que se ordenaba a los militares llevar como dis-

46  Sebastián AMAYA PALACIOS: “Derechos que condenan. Ciudadanía indígena (1812)”, Tempus, 1
(2015), pp. 136-153.
47 AHA. Tomo 822. Documento 12965. F. 30 R.
48 Juan Carlos JURADO JURADO: op. cit., p. 202.
49 Rodrigo de J. GARCÍA ESTRADA: op. cit., p. 32.
50 Aunque existían preferencias para las guarniciones fijas o cuerpos milicianos, no sería acertado considerar

el ejercicio de las armas era una tarea privativa de ciertos grupos socioeconómicos, pues durante las coyun-
turas bélicas, se obviaban todo tipo de consideraciones sobre castas o estratos sociales. José Antonio CAL-
DERÓN QUIJANO: Las defensas indianas en la Recopilación de 1680, Sevilla, EEHA, 1984, pp. 16-18.
51 Juan Carlos JURADO JURADO: op. cit., p. 216.
52 Sergio Paolo LOSANO y Roicer FLÓREZ: “Artilleros pardos y morenos artistas: artesanos, raza, milicias

y reconocimiento social en el Nuevo Reino de Granada, 1770-1812”, Historia crítica, 48 (2012), pp. 11-37.

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tintivo «sobre un óvalo de fondo encarnado que tenga por remate un lazo verde, el
siguiente mote: Yndependencia o muerte». 53
        1813 fue un año bisagra para el gobierno provincial, y su administración mili-
tar. Respecto a la jurisdicción militar privilegiada, se conserva en las actas del cabildo
de Medellín, se conserva una Real Cédula fechada en octubre 16, en la que se declara
nuevamente instaurado el fuero de guerra a las milicias patrióticas. Esto implica que
solo se anuló durante el año de 1812, y que debió implementarse de nuevo para atraer
a milicianos de manera voluntaria, pues se reconocieron las imposibilidades financieras
para mantener una tropa fija. 54 Esta idea se retomará en detalle en el último apartado
del texto.

Reglamento y disciplina militar

Toda esta tendencia observada durante la década de 1780 para la desarticulación de la
movilización miliciana se materializó en el proyecto de reforma en 1793, aprobado en
1794 como reglamento que emulaba el cubano de 1764, la real declaración de las mili-
cias provinciales de España y ordenanzas de 1768. 55
        Anterior a las Reformas Borbónicas y al Reglamento de Cuba (1769), las mili-
cias se clasificaban en urbanas y provinciales, según el entorno en que se constituyeran
y movilizaran. Las urbanas, solían estar integradas por los más altos estratos de la
sociedad quienes buscaban vincularse a la oficialidad, pero con escazas capacidades
operativas reales, mientras que las provinciales en manos de encomenderos y hacenda-
dos, nutridas con sus dependientes, esclavos y peones tenían, a pesar de su poca ins-
trucción solían tener mejores resultados. Por supuesto, estos personajes ajenos al
mundo castrense sólo tenían un control nominal sobre los milicianos, ya que en reali-
dad se instituyó una doble plana mayor, en la que paralelo a los oficiales milicianos se
situaron militares veteranos, encargados del adiestramiento y dirección real. Estos
fueron los encargados de crear el nuevo modelo de milicias disciplinadas, que reempla-
zó las provinciales y normalizó los regimientos y batallones, cuadros de oficialidad y
tropa, dotación de armas y uniforme, entrenamientos recurrentes y sistemáticos, y así
como el aumento del valor táctico de estos cuerpos de reserva.
        En la primera fase de desarrollo de milicias antioqueñas, la instrucción militar
tuvo varias escalas de adaptación, iniciando con el modelo tradicional español donde

53 Actas secundarias de la Honorable Junta Superior Gubernativa de la Provincia de Antioquia, 1812. AHA,
tomo 821, documento 12939, F. 6V – 7V.
54 Real Cédula que declara el fuero de guerra a las Milicias Patrióticas, 16 de octubre de 1813. Archivo His-

tórico de Medellín (AHM), Actas del Cabildo (1810-1813), tomo 80, F. 1-3.
55 Mauricio PUENTES CALÁ: “El Reajuste del Ejercito Neogranadino y la Promulgación del Código de

Milicia de 1794”, Memorias Revista Digital de Historia y Arqueología desde el Caribe, 18 (2012),
http://rcientificas.uninorte.edu.co/index.php/memorias (consultado por última vez el 08-11-2020)

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correspondía a la oficialidad miliciana formar a sus cadetes en virtud a los expresado
en los reglamentos, por lo que correspondió desde 1811 a la Asamblea Veterana, pro-
puesta por el entonces sargento mayor Dionisio de Tejada, y compuesta por un sar-
gento, cabo y tambor adiestrar los batallones que se conformaban en la desembocadu-
ra del río Cauca, Santa Rosa, Medellín, Rionegro y Marinilla. 56 Curiosamente para la
tropa de Urrao, probablemente debido a su reducido número y poco valor estratégico
inmediato se destinó sólo un cabo, mismo rango y cantidad solicitado por los indígenas
de Cañasgordas para su disciplinamiento militar. Bajo la Constitución provisional de
1811, y a su vez por el también provisional reglamento para milicias de infantería, caba-
llería, artillería y zapadores se presupuestaba la movilización de 6 batallones de tropas
ligeras de infantería, además de 16 compañías con mil ciudadanos que serían adiestra-
dos por la Asamblea. 57
        Si tenemos en cuenta que un batallón se componía de 4 compañías, de 100
hombres cada una, y estas a su vez se integraban por 12 escuadras de 8 soldados, el
batallón equivalía a 48 escuadras, es decir, 400 individuos (ver cuadro I). Si aplicamos
el cálculo a los 6 batallones, además de 16 compañías sueltas, esto nos arroja que se
requerían 2.400 hombres para nutrir los 6 batallones, y otros 1.600 para las compañías
adicionales, 4.000 militares en total.

                             Soldados              Oficiales                  Total
     Escuadra                     7                    1                        8
     Compañía                    96                    4                       100
      Batallón                  384                   16                       400
        Cuadro I. Composición de las unidades y tropa en la estructura miliciana.
      Fuente: Elaboración propia basada en Juan Camilo LEÓN: op. cit., pp. 57-58

       Esta proyección del pie de fuerza fue completamente ficticia si se tiene en cuen-
ta que Cartagena de Indias, la ciudad más importante en términos militares del virrei-
nato, y con apoyo fiscal mediante los situados –las formas de financiación se desarro-
llan en el siguiente apartado- en sus momentos de máximo alistamiento miliciano con-
taba sólo con 1.710 hombres, 58 cifra similar a las plazas teóricas que ocuparían 16
compañías antioqueñas propuestas varias décadas después, e incluso serían tropas po-
56 Juan Camilo LEÓN: op. cit., p.44.
57 Frankly Alberto SUÁREZ TANGARIFE: Representación y defensa en la Primera República antioqueña,
1808-1816, Medellín, Academia Antioqueña de Historia, 2014, pp. 39-40.
58 Juan MARCHENA: op. cit., pp. 179 y ss.

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co numerosas si se comparan con otras desplegadas en la Nueva Granada durante su
mismo periodo, como en el caso de Venezuela: el marqués de Toro movilizó contra Co-
ro 3.000 hombres, o las milicias regladas de Caracas, compuestas con 5 compañías de
160 plazas, 59 sin entrar en consideraciones sobre su capacidad real en combate.
         Tal sistema de reclutamiento se proyectaba a partir de Juntas de Alistamiento
jerarquizadas (Antioquia, Sopetrán con Miranda, Medellín, Envigado, Rionegro, Ma-
rinilla, Santa Rosa y Zaragoza), agregadas (contornos de Antioquia, Rionegro, Mede-
llín y Marinilla, Sacaojal, San Jerónimo, San Cristóbal, Copacabana, Hato Viejo, San
Pedro, San Luis de Zaragoza y Carolina del Príncipe), e independientes (Cáceres, Re-
medios, Yolombó, Barbosa, Amagá, Sonsón, San Vicente y Urrao). 60 Allí se controla-
ría el alistamiento mediante jueces ordinarios y de partidos, un ciudadano intachable
y sacerdotes. El proceso de inscripción se realizaba luego de la misa mayor en la casa
de los citados jueces. 61 De no ser completada la cuota de voluntarios requeridos para la
proyección de poder militar propuesta por el Estado, se implementaría el sistema de
quintas, mecanismo tradicional del sistema peninsular. 62
         De forma simultánea, desde finales del gobierno de Francisco de Ayala, corres-
pondió a José Antonio Gómez la estructuración de las fuerzas de defensa, quien creó
las Juntas de Seguridad y Vigilancia, que se encargaban de la administración del ramo
de guerra bajo la dirección de una comisión militar compuesta por Juan del Corral,
Dionisio de Tejada y José María Ortiz. Esta Junta impulsó la creación de un cuerpo de
milicias que se vio reforzado con el Reglamento General de Milicias redactado por Juan
del Corral en 1812, en donde se estipulaba cómo debía conformarse el cuerpo de infan-
tería. 63 Dicho documento marcó un salto cualitativo en la percepción del cuerpo ar-
mado, pues se proyectó como un ejército regular con completa claridad jerárquica,
normativa, organizativa y disciplinaria que sería consolidada durante la presidencia-
dictadura en 1813, y de los cuales se conformó la tropa que participó en la Campaña
del Sur.
         Durante el primer tercio del plan de alistamiento consideró que sería factible
desplegar las siguientes unidades:

59 Clément THIBAUD: Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de independencia de Colom-
bia y Venezuela, Bogotá, Planeta – IFEA, 2003, pp. 58-59.
60 Reglamento General de Milicias de Juan del Corral, 1812. AHA, Tomo 656, f. 36.
61 Frankly Alberto SUÁREZ TANGARIFE: op. cit., p. 63.
62 Cristina BORREGUERO BELTRÁN: El reclutamiento militar por quintas en la España del siglo XVIII:

orígenes del servicio militar obligatorio, Valladolid, Secretariado de Publicaciones, 1989.
63 Juan Carlos JURADO JURADO: op. cit., p. 174.

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                              Población                    %                Especificación
                                              fuerza
     Depto de Antioquia y                                                   2 batallones y 5
                                32196         1400        4,35
      Valle de los Osos                                                        compañías
                                                                            2 batallones y 1
      Depto de Medellín         21554          900        4,17
                                                                               compañía

                                                                     1 batallón y 3 compañías,
      Dpto de Rionegro          24128          800        3,31
                                                                      1 compañía de Marinilla
     Depto de Marinilla          6710          300        4,47               3 compañías*
                                                                            6 batallones y 9
            Total               84588         3400     4,019482669
                                                                               compañías
                Cuadro II. Proyección del pie de fuerza miliciano (1812).
         Fuente: Elaboración propia basada en Juan Camilo LEÓN: op. cit., p. 59

        Por supuesto, reclutar la tropa no era el mayor problema, debía mantenerse
vinculada y que cada individuo asistiera a los entrenamientos que solían realizarse dos
veces a la semana, lo que era una tarea compleja. La solución se proyectó mediante la
coacción: quien reincidiera al ausentarse de las jornadas de adiestramiento sin excusa
válida, sería directamente expulsado de la provincia; por el contrario, si podía justifi-
car su falta, simplemente repondría el tiempo de instrucción en práctica. Si el sujeto en
cuestión tenía rango de oficial, sería arrestado y depuesto de su cargo. 64 Posteriormen-
te esta responsabilidad recayó sobre la Academia o Escuela Militar de Medellín
(1814), 65 que tenía como objetivo la formación de la oficialidad, y que por tanto recaía
en sus encargados, Francisco José de Caldas y Manuel de Serviez, la consolidación de
la estructura defensiva, que incluía el esquema miliciano. 66
        Al parecer los ideales de abnegada defensa a la patria no fueron tan difundidos
como los patriotas esperaban, pues era reducido número de efectivos que lograron en-
rolar. Del Corral proyectaba involucrar una décima parte de la población en la defensa
del Estado, sin embargo, en el momento cúspide de la movilización militar no se contó
con los 12.000 militares 67 que se esperaba, cifra muy lejana de los 4.000 hombres pro-
yectados en primera instancia, y que ya era un número difícil de alcanzar. Por tanto,
en vísperas de la participación antioqueña en la Campaña del Sur en apoyo de los pa-
yaneses debió ofrecerse una serie de propuestas para incentivar a la población: acceso a
baldíos de primera calidad, ascenso a la oficialidad por acciones de heroísmo, pensiones
64 Frankly Alberto SUÁREZ TANGARIFE: op. cit., pp. 61-62.
65 Andrés LÓPEZ BERMÚDEZ: “La Academia de Ingenieros Militares”, en María Teresa URIBE, Univer-
sidad de Antioquia: Historia y presencia, Medellín, Universidad de Antioquia, 1998, pp. 24-27.
66 Juan Carlos JURADO JURADO: op. cit., pp. 194-195.
67 Reglamento General de Milicias de Juan del Corral, 1812. AHA, tomo 656, F 1 V.

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Milicias independentistas antioqueñas                                               Sebastián Amaya Palacios

vitalicias en caso de incapacidad, que sería redirigidas a sus familias si el soldado falle-
cía, 68 así como la ya mencionada restitución del fuero en 1813 (suspensión del artículo
8, tratado 12 de la constitución de 1812). 69
         El ejército mismo fue renombrado como “patriotas de la defensa”, y las mismas
unidades de las que se componía, conformadas desde las estructuras milicianas, tam-
bién respondieron a esta lógica. Como ya se planeó en el apartado anterior, se buscaba
romper en la concepción del vasallaje y vecindad, así como los estratos raciales carac-
terísticos del Antiguo Régimen. En ese sentido, en lugar de ser llamadas compañías de
blancos, morenos, pardos, etc., se optó por denominarlos simplemente como batallón
de patriotas 1 y 2 de Medellín, Antioquia o el lugar donde se acantonaran. 70
         Adicional a este estímulo, debieron también implementar otro tipo de estrate-
gias para aumentar el pie de fuerza. Algunas medidas impositivas también fueron apli-
cadas retomando la tradición colonial: además de las quintas, se recurrió al servicio de
armas por parte de los delincuentes penalizados, 71 que fueron entrenados bajo la tute-
la de Manuel Serviez. Por otro lado, también se buscó integrar mediante acuerdos polí-
ticos apoyos militares, como el conseguido durante el gobierno de José Antonio Gó-
mez, al lograr sumar tropas auxiliares del Chocó dirigidas por Tomás de Santacruz y
ubicarlas en Anserma Viejo. 72

Financiación, avituallamiento y bastimentos

Como ya se propuso, para atraer a la población al servicio de armas se ofrecieron bene-
ficios para los milicianos como el fuero militar, aunque también entraba en juego la
exención de algunos impuestos municipales, pago de celaje, alojamiento de tropas o
repartimientos. Esto posibilitó la creación de gran número de compañías, de las cuales
sólo la plana mayor tendría honorarios (oficiales veteranos encargados al adiestra-
miento). Tenemos en este caso una serie de variaciones profundas entre el sistema co-
lonial español y el patriota antiqueño, siendo el primero en orden de importancia para
la financiación, el origen del canal que soportaba el gasto militar, es decir, los situa-
dos. 73 Como las zonas de proyección militar estaban muy bien focalizadas dentro de la
política imperial española en América, recibían apoyo financiero de otras regiones con

68 Rodrigo de J. GARCÍA ESTRADA: op. cit., p. 35;
69 Del Corral reestableció el fuero militar, 1813. AHA, tomo 828, documento, 13089, F. 193.
70 Frankly ALBERTO SUÁREZ Tangarife: op. cit., pp. 58-59.
71 Juan Carlos JURADO JURADO: op. cit., p. 178.
72 Frankly Alberto SUÁREZ TANGARIFE: op. cit., p. 48.
73 Transacción fiscal previamente estipulada para librarse en cajas reales con excedente y que se dirigirían a

otras cajas deficitarias con un alto valor estratégico. Carlos MARICHAL y Johanna von GRAFENSTEIN
(coords.): El secreto del Imperio Español: los situados coloniales en el siglo XVIII, México, Colegio de México
– Instituto Mora, 2012.

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