VISTA DEL AMANECER EN EL TRÓPICO COMO FICCIÓN HISTORIOGRÁFICA

Página creada Sara Barreres
 
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Franklin B. García-Sánchez
                                                                          Trent University

                                            VISTA DEL AMANECER EN EL TRÓPICO
                                               COMO FICCIÓN HISTORIOGRÁFICA

                En la cultura intelectual de fin de siglo se ha afirmado una poderosa
            orientación epistemológica, de evidente raíz nietzschiana, articulada en
            torno a la idea rectora de la imposibilidad de alcanzar de modo central
            y definitivo a la realidad en su inacabable y laberíntica complejidad.1 En
            una época filosóficamente escéptica como la posmoderna, el positivismo
            se fisura, retrocede y pierde su primacía en tanto que modelo discursivo
            viable para la interpretación de la cultura. El texto de ficción ha tendido
            a convertirse en un artefacto que apunta con lucidez metaficcional a la
            manera imaginaria cómo se construye la realidad (Waugh 48-61), aunque
            sin que ello deba interpretarse como nihilismo respecto al mundo
            histórico (Hutcheon 87-101). Por su parte, la historiografía, terreno
            privilegiado del positivismo, ha sido testigo de una subversión
            epistemológica que ha puesto al descubierto su carácter eminentemente
            discursivo y, por ende, subjetivo2, y reducido su potencial cognoscitivo
            a lo que se ha denominado objetividad débil o intersubjetividad
            (Santerres-Sarkany 109-10). Resulta obvio que la posmodernidad ha
            engendrado un movimiento de mutua atracción entre la ficción y la
            historiografía en torno a los conceptos de discurso, narración y
            referencia. La historiografía ha revelado su intimidad narrativo-
            discursiva, aunque reivindicando, por supuesto, una referencia inscrita
            en el mundo empírico. La ficción, en una metamorfosis todavía más
            compleja, ha ahondado, por un lado, en su condición de discurso
            imaginario y, por otro, se ha abierto al mundo de lo social e histórico,
            implicando así, ya sea de modo problemático, al referente empírico. En
            el fondo, lo que parece estar manifestándose con particular intensidad en
            la narración posmoderna es la idea de Paul Ricoeur de la referencia
            cruzada entre la historiografía y el relato de ficción. Para el teórico
            francés, en efecto, los dos tipos de discurso se hallan en una cierta
            relación de simbiosis: así, la ficción debería parte de su dinamismo
            referencial a la referencia por indicios propia de la historiografía, en
            tanto que ésta última se apoyaría en la referencia metafórica común a
            toda obra poética (Ricoeur 154).

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               La obra que me ocupará en esta comunicación, Vista del amanecer en
           el Trópico (1974), de Guillermo Cabrera Infante, constituye en mi opinión
           un texto sugestivo para discutir dicha problemática del acercamiento
           entre los discursos ficticio e histórico. Tan equidistante es su posición
           entre ellos, que ha de ser considerada como una ficción mediana (o sea,
           que no se manifiesta plenamente como ficción) de tendencia historio-
           gráfica, pues combina con excepcional equilibrio estrategias textuales
           propias de la historiografía y de la narración ficticia. Y, en esta voluntad
           de ruptura de las fronteras entre la ficción y la práctica historiográfica,
           Vista del amanecer3 manifiesta una perceptible sensibilidad neohistoricista
           y posmoderna. Como se trata de una producción literaria que brota de
           la íntima tensión entre lo historiográfico y lo ficticio, la analizaré desde
           esa doble perspectiva, tratando de establecer sus respectivos coeficientes
           de historización y de ficcionalización. Siguen, pues, dos secciones a las
           que denomino "operaciones historizantes" y "operaciones ficcionales."

           Operaciones Historizantes

               Estas operaciones implican la construcción de buena parte de la
           diégesis de la obra con unidades preconstituidas provenientes de la
           realidad aliteraria.4 Unidades que incluyen a prácticamente todos los
           personajes que desfilan por sus páginas, a los acontecimientos en ella
           relatados, al universo espacial, explícito o implícito, de su diégesis,5 así
           como a una serie de tekmeria6 o restos textualizados de carácter
           documental. Semejantes opciones hacen de Vista del amanecer un texto
           indisolublemente ligado al referente "Cuba y su historia." En este nivel,
           pues, la obra se apoya sólidamente en la referencia por indicios
           característica de la historiografía. Veamos ahora de manera más
           específica cada uno de los elementos que informan dicha modalidad
           referencial.
               Vista del amanecer recupera sin desviaciones para su diégesis el
           referente espacial "Cuba histórica," al cual le están consagrados todos y
           cada uno de los enunciados de la obra. En este aspecto, el libro de
           Cabrera Infante no se distingue de discursos no ficticios como el
           periodismo de reportaje o la historiografía, en los cuales el referente
           interno y el empírico se hallan superpuestos. Ello crea una innegable
           ilusión de historicidad, acentuada por la inserción en dicho espacio de
           personajes y acontecimientos de la misma constitución ontológica:

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           históricos.
               El espacio de Vista del amanecer está poblado ya sea por personajes
           históricos en la acepción más ceñida del término (el indio Hatuey, Martí),
           ya sea por figuras inmersas en el anomimato del tejido histórico cubano
           (indios, negros, cimarrones, mambises). Se trata, en definitiva, de los
           mismos tipos de entes con que opera la historiografía: agentes humanos
           individualizados o colectivos. Una característica sobresaliente de Vista del
           amanecer es la de informalizar la historia, ubicando con frecuencia a sus
           actores en una zona privada o íntima. Es lo que ocurre, por ejemplo, con
           el motivo que podríamos llamar de las madres sufridas o estoicas, el cual
           presenta tres recurrencias (Cabrera Infante 65, 109, 227-31). El
           procedimiento, de hecho, logra acentuar la historicidad del relato al
           ubicar la historia en pliegues más recónditos de la realidad. O, dicho de
           otro modo, más allá del mero acontecimiento. Así, inconscientemente, sin
           duda, el texto de Cabrera Infante se acerca a determinadas opciones de
           la escuela neohistoricista francesa en su rechazo de la histoire événemen-
           tielle. Recordemos que Fernand Braudel, sin negar la realidad de los
           acontecimientos o el papel de los individuos, se pronuncia por "la
           historia profunda, silenciosa, anónima" (Braudel 21), tan íntimamente
           ligada a su historia de tiempo largo. El texto de Cabrera Infante muestra,
           por cierto, una indiscutible sensibilidad por esa cuenta larga de la
           historia al hacer comparecer al personaje de la madre sufrida en tres
           momentos clave de la historia cubana: en las luchas por la independen-
           cia, en el período republicano y en la época castrista.
                Imperceptiblemente nos hemos deslizado hacia los acontecimientos,
            de los cuales no es posible disociar a los personajes. Estos, en efecto,
            viven en Vista del amanecer como emanaciones de la cultura política
            cubana, atrapados en tanto víctimas o victimarios en procesos históricos
            que repiten como una pesadillesca letanía similares acontecimientos,
            gestos y comportamientos. Así, el eje temático del relato se desenvolverá
            como tensión entre la violencia (o la represión) y la resistencia (o la
            insurrección), polos en los cuales se irán insertando los personajes. En
            este sentido, es posible establecer las grandes articulaciones secuenciales
            del relato del modo siguiente:

                   I. Secuencia Colonia/Resistencia I
                   II. Secuencia República/Resistencia II
                   III. Secuencia Castrismo/Resistencia III

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           El acontecer en Vista del amanecer es, por consiguiente, eminentemente
           circular: los acontecimientos son otros, pero son los mismos, ya que
           responden a estructuras íntimas, profundas de la realidad histórica. La
           temporalidad propia de la obra es, evidentemente, el tiempo largo de la
           historia y en ello revela una filiación historiográfica al modo braudeliano.
               El uso de tekmeria —instrumentos idóneos de la práctica historiográ-
           fica— delata de la manera más concreta posible la voluntad historizante
           que ha presidido la creación de Vista del amanecer en el Trópico. Dichos
           restos textualizados incluyen los siguientes materiales: citas historiográ-
           ficas, cuatro grabados de la época colonial, un mapa del siglo XVIII, un
           bando gubernamental del siglo XIX, un graffito del propio siglo y ocho
           fotografías del período republicano. Todos estos documentos están
           tratados con una inconfundible sensibilidad semiótica que los interpreta
           y les da sentido desde un posicionamiento actual. Me limito, a modo de
           brevísima ilustración, a la puesta en perspectiva del graffito por parte del
           narrador: "Dice el graffito, todavía conmovedor después de ciento
           cincuenta años" (Cabrera Infante 37). A causa de la relación dinámica
           que establece entre el presente y el pasado, veo en este enunciado una
           suerte de abismación de la visión neohistoricista que anima a Vista del
           amanecer: el suyo, en efecto, es un pasado vibrante, de largo aliento,
           cuyas ondas llegan hasta el presente, su inesquivable foco actualizador.
           Esa emoción ciento cincuenta años después encierra una conciencia
           semiótica y, de hecho, subjetiva, según la cual los signos sólo cobran
           sentido en los infinitos presentes.7

           Operaciones Ficcionales

              Es evidente que, como obra histórica, Vista del amanecer adopta una
           forma altamente "estética." Incluso comparada con una de las
           producciones más osadas en cuanto a despliegue de la potencialidad
           narrativa de la historiografía, Montaillou, village occitain de 1294 a 1324 ,
           el libro de Cabrera Infante aparece como más literario, más ficcional. Sin
           embargo, buena parte de la ficcionalidad de Vista del amanecer no
           compromete, sino que simplemente acentúa potencialidades descubiertas
           por el neohistoricismo. Es de esta acentuación ficcional de lo que quisiera
           ocuparme en el resto de la ponencia. Se trata ahora de considerar las
           fuerzas dionisíacas que la obra pone en juego. El foco de ese dionisismo

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          creo poder ubicarlo en la figura del autor implícito, principio organiza-
          dor del relato. Dicha entidad es el lugar de origen de una serie de
          pulsiones que hacen derivar el texto hacia el ámbito de la referencialidad
          metafórica. Pulsiones que podrían repartirse tentativamente entre los
          campos siguientes: el montaje, la temporalidad, el estilo, la polifonía, la
          ironía y el ludismo.
              Recordemos con Paul Veyne que el historiador, de manera similar al
          novelista, organiza sus materiales en una operación claramente subjetiva
          (Veyne 14). En Vista del amanecer en el Trópico, la arquitectura del texto
          responde a un innegable impulso dionisíaco, pues implica un acto
          creativo de transvase de formas cinemáticas a la textura literaria, es decir
          una operación hipertextual de signo transestético. En efecto, como ya
          demostré en otro trabajo, la forma de Vista del amanecer es la del montaje,
          el cual enlaza con notable fluidez las ciento una viñetas o secuencias del
          libro (García-Sánchez 6-7). El gesto es dionisíaco y, sin embargo, el efecto
          es conciliador, puesto que esa rápida sucesión de "imágenes" configura
          de modo plausible una suerte de filme intrahistórico sobre la violencia
          política en Cuba. Así, mediante el estímulo provocado por la forma
          cinemática en el receptor, se acentúa la ilusión de historicidad de una
          diégesis construida según el principio de la referencia por indicios. En
          realidad, la estructura fílmica adoptada por este texto constituye una
          estrategia persuasiva de gran eficacia: la historia de Cuba encapsulada
          en ciento una secuencias, como si la verdad histórica sólo pudiera
          hallarse contenida dentro de esos encuadres. Lo cual no debe sorprender
          demasiado si se piensa, como Michel de Certeau, que no hay operación
          histórica inocente, es decir que no vaya dirigida a la consecución de
          determinados fines (de Certeau 21-37).
              El acto del autor implícito que me interesa considerar en segundo
          lugar es la inserción, al principio y al final del montaje, de secuencias
          sobre una Cuba ahistórica: la primera de ellas describe el nacimiento
          geológico de la isla en remotos tiempos prehistóricos, en tanto que la
          segunda la ubica en un período poshistórico. Como traté de demostrar
          en el otro trabajo sobre Vista del amanecer antes señalado, esta modalidad
          de disposición de la materia narrativa responde a una brillante estiliza-
          ción del procedimiento cinematográfico del "establishing / reestablishing
          shot" (García-Sánchez 7). Lo que deseo apuntar aquí, sin embargo, es el
          sentido del mismo, a saber la dilatación sufrida por el tiempo largo de
          la historia, al cual sabemos que se halla adscrita la obra. Ese marco

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          histórico queda ahora subvertido por acentuación, y asistimos a la
          desrealización del referente "Cuba histórica." No es por ello gratuito el
          que se superponga la forma discursiva lírica a la estrategia del montaje
          inicial y terminal de una Cuba intemporal. La Cuba que surge de
          semejante operación es una Cuba entrañable teñida de poesía. Pero,
          claro, nos hemos deslizado hacia la pulsión estilística.
               Si se atiende a la totalidad de la obra, es lícito afirmar que,
          cuantitativamente, Vista del amanecer opta por un lenguaje más bien llano
          y de limitada vibración estilística. Por momentos, sin embargo, el autor
          implícito se manifiesta anímicamente y el texto reverbera con notas
          líricas. La pieza antológica de Vista del amanecer desde la perspectiva del
          estilo es la descripción del músico mulato tocando la guitarra (Cabrera
          Infante 127-28), fragmento de treinta y cinco líneas sin punto, en el cual
          la frase amplia, sinuosa (hay una incisa de veinticuatro líneas) homologa
          con pertinencia estética la porción de diégesis correspondiente. En esta
          obra intrahistórica, la importancia otorgada a la música —tratada en este
          fragmento como forma y como contenido— no es casual: la música es el
          más seguro de los rasgos permanentes de la cultura cubana.
               El plurivocalismo a la Bajtín es una de las presencias más sugerentes
          en esta especie híbrida de discurso histórico sustentado por un
          refinadísimo andamiaje ficcional. Un examen atento del mapa polifónico
          de Vista del amanecer pondrá de manifiesto la existencia de unas ochenta
          voces. Con excepción del autor implícito —el cual, por definición, gozará
          siempre de un estatus de presencia o de latencia discursiva-, la pieza
          clave de la estrategia polifónica de la obra será el narrador heterodiegé-
          tico, el cual aparecerá en todas las viñetas salvo tres.8 Pero también
          prestarán sus voces al discurso alrededor de ochenta instancias de la
          institución historiográfica o del cuerpo histórico o cultural cubanos.
          Semejante heterogeneidad discursiva crea por momentos en el receptor
          la sensación de una enunciación colectiva, de un discurso coral.
               La ironía constituye el rasgo retórico decisivo del discurso de Vista
          del amanecer, lo cual parecería alejar notablemente la obra de las
          producciones historiográficas, incluso de las neohistoricistas. Sería un
          error, en efecto, considerar este libro como un mero desfile de imágenes
          neutras. Al contrario, a la manera del meganarrador cinematográfico,
          quien mediante determinados procedimientos revela la subjetividad de
          la imagen (Gaudreault y Jost 42-45), el autor implícito de Vista del
          amanecer perturba sistemáticamente el discurso del narrador con

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           inflexiones irónicas. Con ello, el autor ha puesto al desnudo uno de los
           rasgos nodales del discurso histórico identificados por los epistemólogos
           del neohistoricismo: la imposibilidad del non lieu, es decir de la
           enunciación ideológica neutra (de Certeau 36-37).
               El ludismo de Vista del amanecer es inmenso comparado con otras
           obras historiográficas, pero moderado si se le contrasta con el que
           ofrecen otras producciones del propio autor. Su carácter mesurado
           (aunque real) representa la actitud creadora del novelista al enfrentarse
           con la materia histórica. Aun así, se halla en una relación de extrema
           tensión con la marcada orientación historiográfica de la obra: esas formas
           dionisíacas se sirven a sí mismas —son autorreferenciales--, pero también
           le sirven al tipo de referencialidad propugnada por el discurso histórico.
           La condición bifronte de Vista del amanecer es indiscutible: como obra
           histórica se apoya abiertamente en la referencia por indicios; como obra
           ficcional crea su propio referente al poner al desnudo mediante
           acentuación el potencial ficticio latente en la operación historiográfica.
           Sin embargo, esas dos modalidades referenciales se hallan tan trabadas
           en el texto que son absolutamente indisociables. Esta doble referenciali-
           dad no encierra contradicción alguna. De hecho, toda obra es bipolar por
           cuanto propone al receptor un incansable viaje entre lo conocido y lo
           desconocido, entre la mimesis y la fantasía;9 también lo es a causa de su
           doble constitución ontológica: palabras y mundo (Waugh 100-101). Lo
           que ocurre es que Vista del amanecer en el Trópico ilustra esas dualidades
           con una inhabitual claridad. Y lo hace por su condición, probablemente
           paradigmática, de obra de frontera.

           Notas

           1 Cf., entre otros, Hutcheon 1988:57 sigs., Norris 1988:56-60, 77 y O'Neill
             1990:14-15.
           2 Cf. de Certeau 1974:19-68, White 1990:26-57 y Veyne 1979.
           3 En lo sucesivo, este título quedará así abreviado con frecuencia.
           4 Este último sintagma se halla en una relación de paralelismo con "realidad
             afílmica," acuñado por Etienne Souriau (Gaudreault et Jost 1990:34).
           5 O sea, a la forma del contenido según Seymour Chatman (Chatman 1988:26).
           6 Esta voz griega proviene de Paul Veyne, quien la utiliza como equivalente
             de "traces" (indicios, en español). Cf. Veyne 1979:14.
           7 Me parece oportuno apuntar unas recientes declaraciones de uno de los
             principales exponentes de la "Nouvelle Histoire" francesa, Georges Duby,

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            sobre la práctica historiográfica: "Le discours historique n'est ríen d'autre que
            l'émotion d'un homme d'aujourd'hui face á ce qu'il apercpit des hommes du
            passé." (Duby 1992:51).
          8 Son las viñetas noventa y seis, noventa y ocho y cien (Cabrera Infante
            1974:217-19, 223-24, 227-31).
          9 Obsérvese que ni siquiera la literatura histórica escapa a este planteamiento.
            Así, Hayden White, apoyándose en Ricoeur, ha podido señalar que la
            historicidad es una mezcla de realidad y de misterio (White 1990:53).

          Bibliografía

          Braudel, Fernand. Ecrits sur l'histoire. Paris: Flammarion, 1969.
          Cabrera Infante, Guillermo. Vista del amanecer en el Trópico. Barcelona: Seix
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